Tradiciones del 29

Con el paso de los años, ya se ha hecho costumbre para decenas de vendedores ambulantes llegar hasta las zonas aledañas al Desfile para tratar de hacer su “agosto” en julio, con la venta de potajes, sanguches, chalinas, gorros, silbatos, alquiler de sillas, entre otros.

| 30 julio 2011 12:07 AM | Fiestas Patrias | 1.8k Lecturas
Tradiciones del 29
(1) No desaprovecharon la ocasión. Ambulantes y vecinos de la zona vendieron de todo en los alrededores de la Parada Militar. (2) Todos encontraron su público, como esta señora que alquiló el caballo para fotografiarse junto a él. (3) También fue una fiesta para los paladares con platos tradicionales.
1810

A pesar de la llovizna y el frío del invierno limeño, miles de personas llegaron desde la madrugada a la avenida Brasil para espectar el paso de nuestras fuerzas armadas y la Policía. Portando banderitas y cámaras fotográficas, desde techos, trepados en árboles y apostados en las ventanas de los edificios, los espectadores tuvieron que esperar hasta las diez y treinta de la mañana para disfrutar del recorrido del Ejército, Fuerza Aérea, Marina y la Policía Nacional.

Mistura popular
Desde las cinco de la mañana, puestos de emoliente, café, quinua con membrillo, té, entre otras bebidas calientes eran despachados por los vendedores a los primeros asistentes, quienes sufrían las bajas temperaturas sumado a la interminable e intensa garúa. Los precios estaban, felizmente, al alcance del público: un vaso de una infusión a cincuenta céntimos y acompañado de un sánguche de jamón o de pollo, sumaban dos soles en promedio por cada persona. Muchos comerciantes dijeron a LA PRIMERA que no es la primera Parada Militar a la que asisten y de la que regresan a sus casas con ganancias, al término de la jornada festiva.

Mientras iban pasando las horas y el hambre tocaba las puertas de los asistentes, las carretillas aparecían numerosamente. Era una suerte de festival gastronómico “Mistura” pero con precios populares para las personas sin pagar una entrada de por medio.

Los comerciantes habían preparado sus potajes la noche del 28 para vender a los asistentes. Yuquitas de harina de trigo, humitas, “bombitas dulces” y turrones, pero si alguien quería un potaje criollo, podía encontrarse con un arroz con pollo con papa a la huancaína, ceviche, papa con huevo, cecina, tacacho, tamales, seco con frejoles, choclo con queso, arroz chaufa entre otros. Era todo un mosaico de manjares criollos a disposición del público, de todas las sangres.

Negocio de familia
El aniversario patrio sirvió para que un gran número de limeños aproveche para vender o alquilar algún producto. Un ejemplo es el caso de la señora Nelly Huallanca, quien ha asistido a desfiles desde el primer gobierno de Belaunde, junto a su madre.

“He llegado a las 8 de la noche de ayer (jueves) para ubicarme en buen lugar y a partir de las 11 de la noche empecé a traer las sillas para quedarme desde las 3 de la madrugada a esperar la llegada del público. Así hago en todas las paradas militares desde hace décadas. Mi mamá me trajo por primera vez en los sesentas y empezamos alquilando cajones de manzanas chilenas para que puedan ver”, afirma doña Nelly quien vive en la cuadra 13 del jirón Huiracocha en Jesús María a pocas cuadras de la avenida Brasil.


Alejandro Arteaga
Gabriel Mazzei
Redacción

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