Víctima del rating

A Ruth Sayas la mató el rating y los que viven de él; si bien algunos relativizan la influencia de la TV en la violencia, lo que falta es evidenciar los alcances de esa correspondencia. Si una joven participa en un programa exhibiendo su verdad, con la producción fabrica una trama y pone el ex como novio, recibe dinero por eso, luego ese exnovio exige parte del pago, secuestra a la mujer y termina matándola, es obvio que las cosas se desencadenaron por lo sucedido en el programa. Tratar esto solo como un caso más de feminicidio es hacerle el favor a los que han demostrado que el rating importa más que la vida.

| 26 setiembre 2012 12:09 AM | Espectáculos | 2.3k Lecturas
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Sostiene Ortiz que la verdad siempre ilumina y con esa afirmación pretende cerrar el debate sobre las consecuencias de sus actos. El asunto es el uso que se le puede dar a ciertas verdades. La verdad personal no es un producto para exhibir en una vidriera (la TV es la vidriera más grande y ubicua del planeta), sino una condición personalísima que puesta en venta hace responsable adjunto de las consecuencias al comprador de ésta. Es decir, si alguien paga 15 mil por esas revelaciones y la vendedora termina fondeada en un pozo, existe una responsabilidad compartida entre comprador y vendedor.

No nos vengan entonces con el cuento de los atributos de la verdad para obviar lo que la muerte de Ruth nos muestra: la TV peruana no tiene reparo en traficar con la vida misma. Eso lo vemos desde hace quince años con el tratamiento que se le da también a las demandas sociales, en las que el desenlace en vidas perdidas y malogradas también es responsabilidad de la TV. Ahora que la correspondencia entre el rating y la muerte se hace explícita, habría que impulsar al menos un punto de quiebre.

Si mañana un canal de TV anuncia que trasmitirá una violación en directo rompería el rating y ¿la violencia contra la mujer explicaría esa violación? No exagero, la semana pasada “Vidas extremas” de ATV logró que una mujer se “amiste” y reciba nuevamente en su casa al hombre (su esposo) que con un cuchillo le cortó la cara; en unos meses quizá tengamos que lamentar la muerte de esa mujer, pero Mariella Patriu y Álamo Pérez Luna seguirán haciendo “periodismo”.

La presentación de Ruth Sayas en “El valor de la verdad” no es parte de una labor periodística: no hay compromiso con visibilizar la realidad, prima el ánimo por el rating que se traduce en lucro para el canal y su conductor. No existe otro compromiso que el de lograr que más televisores sintonicen el programa al precio que sea: en este caso el precio fue la vida de una joven.

La potencia de la televisión es inmensa, sus ejecutivos lo hacen notar para vender sus espacios publicitarios, y genera dinero mientras más burda sea; pero paradójicamente ahora los principales interesados en relativizar esa influencia son los propios canales de TV y los que hablan por sus dueños. Ortiz está asustado y utiliza toda su capacidad discursiva para justificarse, pero estoy seguro que ya ni él mismo se cree sus argumentos.

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