Música y política

Julio Pérez Luyo, vocalista de “La Sarita”, acaba de ser padre y dice dormir solo tres o cuatro horas diarias. Al inicio le fue muy pesado, pero asegura que todo es mágico cuando una persona depende de él para poder vivir, y que su hija le hace recordar su propia infancia y lo completa como persona. Sin embargo, no estamos aquí para hablar de paternidad, sino de su carrera como músico, su ejercicio político y el mensaje que, junto con el resto de integrantes de “La Sarita”, intenta transmitir.

Por Diario La Primera | 07 octubre 2012 |  1.2k 
Música y política
-Creo que la izquierda se alejó mucho de la realidad nacional. Falta un partido realista que sepa interpretarla.
“La Sarita” es la banda peruana con mayor compromiso político.

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-¿Qué es “La Sarita”?
-La Sarita es producto de nuestra dinámica social. De fenómenos sociales como la migración. Se origina como un espejo donde tratamos de reflejar lo que es el país dentro de su diversidad. La música, en el fondo, es un pretexto, un medio, algo que nos permite llegar a un objetivo que es el hacer política pero desde una plataforma que dominamos. Con ello queremos aprender a ser peruanos, entender la realidad, tener conciencia de lo que ocurre a nuestro alrededor. Actitud y conciencia crítica, esa es nuestra posición.

-¿Cómo ha sido la evolución de la banda?
-Está relacionada con nuestro proceso de aprendizaje. Cuando empezamos digamos que éramos un grupo más de protesta, contra el gobierno y las autoridades, contras las injusticias para ser más precisos. Después hemos cambiado y nos volvimos más reflexivos, la mayoría de nosotros somos de la generación de la crisis económica y el terrorismo. En (el disco) “Más poder” teníamos gritos de desahogo, válvulas de escape, decíamos las cosas para evacuar nuestros demonios. En “Danza la raza”, el grito de reflexión, empezamos a darnos un significado nuevo a nosotros mismos. En “Mamacha Simona” integramos una cosmovisión andina, y ahora en “Identidad” hemos llegado a eso mismo, a encontrar un lenguaje propio. Así encontramos nuestro estilo. El arte es una herramienta para esculpir la realidad. Nosotros no solo queremos contar lo que en ella ocurre, sino también transformarla, aprovechar la energía que emitimos para ser de éste un lugar más feliz, más justo, con mayores oportunidades.

-Ustedes tocaron en el cierre de campaña de Ollanta Humala, y supongo que votaron por él. ¿Cómo ven el gobierno después de poco más de un año de ejercicio?
-En parte es una decepción que tenemos con Humala, pero lo que más nos decepciona es la realidad peruana. A lo largo de nuestra historia el Estado se ha encontrado capturado por intereses particulares, y ahora no es la excepción. No nos arrepentimos, o al menos yo, de haber votado por Humala ¿Imagínate si salía Keiko? Sin embargo, creo que a Humala le ha faltado fuerza, la gente estaba muy entusiasmada con una transformación real, pero esto no ha ocurrido.

-¿Su visión del Perú es tal cual la plasman en sus canciones?
-El Perú no ha dejado de ser un estado botín, donde el gobierno tiene una falta de poder increíble para equilibrar la situación entre unos y otros. Aquí el que tiene puede, y no hay un límite, no hay una igualdad de oportunidades. Tampoco hablemos de una igualdad total, porque eso no es natural. Lamentablemente los poderes tienen una mentalidad feudal, cavernaria, latifundista, donde el pueblo es el ganado y ellos mandan y si no te alineas, te callan o te aíslan y te dicen loco. El país es su chacra, su corralón, y nosotros estamos adentro. Veo un país desarticulado, si bien es cierto somos una nación de naciones, éstas nunca se han cohesionado para funcionar como una sola. Y esto es consecuencia de que hay separación de los ciudadanos, un abismo entre los hombres, pues al final la patria es eso, una construcción de los hombres. Somos una sociedad precaria en valores, en ética, que inclusive llega al punto de ser enfermiza.

La reflexión de todo esto es que la libertad no da el conocimiento de la verdad, de lo real, pero a nosotros nos quieren hacer creer que somos libres y para eso nos venden la idea del consumismo y que podemos ejercer la libertad al momento de “decidir”. Eso es una gran mentira. Yo creo que más allá de la historia, y los libros (que son importantes) está conocer a la personas, caminar mucho. En mis 45 años siempre he escuchado hablar de la reforma del Estado. Lo más falso del mundo, la gente con poder no quiere una reforma del Estado, pues a ellos les funcionan las cosas como están ahora, para qué cambiar. Esta mentalidad de personas que mandan y gente que obedece es algo que siempre ha existido, es un mal colonial, histórico. Nuestro país ha estado capturado desde siempre.

-¿Cúal podría ser una posible solución?
-Creo que la izquierda se alejó mucho de la realidad nacional. Falta un partido realista que sepa interpretarla. La izquierda se alejó de la gente y encima tuvo el problema de Sendero Luminoso. La derecha aprendió a entender al pueblo. Creo que siempre la vía debe ser democrática, sin regímenes dictatoriales ni violentos, sin embargo, cuando no hay solución, la gente piensa que la violencia puede serlo. Por eso tenías a Abimael y a la gente de Sendero que a través de un discurso violento y enfermo convencían personas, aprovechaban los resentimientos que hemos cosechado durante mucho tiempo, y el pueblo, como no tenía esperanza, se animaba a creer en eso. Terrible. En las épocas del terror yo hablaba con gente en la calle que llegó a comulgar con ideas violentistas, y que creía que se podía llegar a la justicia a través del derramamiento de sangre. Qué pena esa visión.

-¿Cómo ve el tema de la radio?
-Tengo una teoría respecto a la radio. Como bien dices, hay música para todo público y público para todo tipo de música, sin embargo, siempre nos damos cuenta que pasan lo mismo y lo mismo. No es solo porque les ayuda a vender, y porque les llena los bolsillos de plata, sino que es una forma de manipulación, hay propaganda, política, religiosa, de todo tipo. Hay cierta música que quiere escapar de eso, pero haría que las personas empiecen a pensar, a despertar, como en el Mito de la caverna, de Platón. Por eso, los grandes medios, las grandes corporaciones, no desean que el pueblo, que la mayoría de personas despierte y tome conciencia. El mundo sería muy diferente.


Leonardo Ledesma
Redacción

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