La carroza, un exceso

El féretro fue transportado con una carroza tirada por dos caballos, la misma que fue utilizada para llevar los ataúdes de ex mandatarios como Valentín Paniagua Corazao y Fernando Belaunde Terry y políticos de renombre como Alberto Andrade Carmona. “Demasiado aparatoso para un hombre del pueblo, que le huía a los oropeles”, dijo un viejo criollo amigo del “Zambo” Cavero

| 12 octubre 2009 12:10 AM | Espectáculos | 1.1k Lecturas
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Lo más curioso de todo fue que el cochero que se encargó de transportar los féretros de estos ex dignatarios, el sargento primero de tres periodos reenganchado EP Wilfredo Martín Donayre Antón, es el mismo que condujo ayer la caleza del “Zambo”.

Donayre, quien es un orgulloso zambo criollo al igual que el cantante, asegura que la multitud que acompaña al féretro de Cavero sólo es comparable a la que acompañó al del ex presidente Paniagua.

La procesión pudo convertirse en trampa mortal para los miles de admiradores y curiosos que abarrotaron el jirón Huancavelica para seguir el paso del féretro, pues la ansiedad por estar lo más cerca posible a la carroza funeraria provocó que muchas personas cayeran y más de uno resultara con golpes y pisotones.

Todas las bancadas del Congreso de la República se unieron para el homenaje póstumo. El presidente Luis Alva Castro condecoró con la Medalla de Honor del Congreso en la Orden de Gran Cruz por lograr que la música criolla tenga una presencia sólida en el mundo entero. El parlamentario aprista entregó la distinción a Zorca, su hija. En un discurso, Alva Castro destacó la labor y el aporte en la peruanidad del fallecido intérprete. En medio del repiquetear de los cajones y de un contagioso “Jipi Jay” en la voz de Pepe Vásquez, el féretro del destacado músico fue recibido en el Congreso de la República.

El encuentro entre el presidente Alan García y los integrantes del gabinete ministerial con el féretro casi provoca una tragedia que pudo ser evitada gracias a la intervención de la policía que debió controlar a una masa movida no sólo por el cariño al “Zambo” sino por la cobertura y despliegue de los últimos días en la prensa. También por esa especie de maratón musical que se armó en el Museo de la Nación y en la que desfilaron todo tipo de artistas y personajes con la afán –en algunos casos solidario y en otros movido por deseos de figuración- de decirle adiós al popular cantante. Con todo fue un domingo de masas y emotividad que se respiraba en el aire.


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