La actuación en las venas

Oriana Cicconi es hija de la actriz Claudia Dammert, tiene veintitrés años y lleva algunos de ellos actuando. En conversación con LA PRIMERA nos contó cómo ha sido su experiencia desde pequeña, el problema de anorexia y bulimia que padeció, cómo ha tenido que luchar para poder obtener lo que quería, sin utilizar la influencia de su mamá. Le gusta montar bicicleta, también hace monólogos esperando que causen risa. A su corta edad ya ha pasado por la radio y ahora tiene varios proyectos por realizar.

| 16 diciembre 2012 12:12 AM | Espectáculos | 4.9k Lecturas
La actuación en las venas
Tiene un papel en la obra “Nuestro pueblo”, dirigida por Chela de Ferrari
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—Usted nació en Caraz (Áncash), pero ninguno de sus padres es de allá, ¿cómo así ocurrió eso?
—Mi papá trabajaba en el hospital de Yungay, luego mi mamá se fue para allá y yo nací, vivimos allí dos años. He vivido en varios lugares: en Chaclacayo hasta los 11 años, luego volvimos a Lima. Mi vida familiar siempre me ha gustado, mis padres me han criado a mí y a mi hermano con bastante libertad, como para elegir lo que quisiéramos y para forjarnos el camino con nuestro propio esfuerzo. Por eso, nada ha sido fácil, aunque algunos podrían pensar que por ser hija de quien soy, las puertas se me abrieron rápido. Nada que ver.

—¿Siempre quiso ser actriz?
—Yo quería estudiar actuación en Buenos Aires y mi padre me dijo “adelante, anda”, pero yo tenía que trabajar para pagarme mis cosas. En algún momento llegué a tener dos trabajos,uno en una cafetería y el otro en la tienda de una tía.

—¿Cuál fue su experiencia en la actuación cuando era niña?
—Hice “La novicia rebelde” a los seis años, con Denisse Dibós, de ahí “Bienvenidos a los 60”, ahí empezó lo de Hairspray. Después fui la hija de Christian Meier y Angie Cepeda en “Luz María”.

—¿Por qué no siguió actuando?
—Mis papás no querían que desde chica estuviese en el mundo de la actuación ni en tantos comerciales, porque querían que disfrutase mi etapa de niñez, que me divirtiese, jugase, tuviese amigos y una vida más o menos normal, no querían exponerme al estrés ni a un montón de experiencias que pueden resultar traumáticas. Por ejemplo, en algunos castings hay gente que te dice que no comas porque vas a engordar. Cuando le dices eso a alguien con una personalidad aún no muy definida o en formación, como la de un niño, causas mucho daño. A mí me pasaba que me decían eso, llegaba a mi casa y me ponía a llorar.

—Se fue a estudiar a Argentina y luego volvió convertida en una actriz…
—Irme a Argentina fue toda una experiencia. Ahorré y me fui por tierra, hasta me hice amiga de los choferes. Cuando llegué estaba “cancherasa” (confiada) así que postule al Instituto Universitario Nacional de Arte (IUNA) y no ingresé. Fue un balde de agua helada. Luego de eso me quedé trabajando en un call center y tomé clases de actuación.

—Usted tuvo problemas de desórdenes alimenticios. Cuéntenos esa experiencia.
—Pensé que siendo flaca iba a tener éxito, pues cuando estás delgada todo el mundo te felicita. Llegué a pesar 70 kilos, y yo mido 1.57, y allá, en Argentina, iba al gimnasio muchísimo, así que bajé de peso tremendamente, me obsesioné con eso, y me dio anorexia. En tres meses pase de 70 a 47 kilos, algo increíble. Esa fue la época menos feliz de mi vida, pues andaba renegando siempre, era una amargada. En Lima todos se daban cuenta que estaba enferma, y yo también lo entendí, así que volví a tratar de ser feliz.

—¿Qué la hizo ya no seguir por ese camino?
—Para el 2010, casi en octubre, ya había llegado a un punto crítico, así que dije “o me acepto como soy o me muero”. Luego, en lo profesional, empecé a hacer monólogos. Carlos Palma y Guillermo Castañeda me ayudaron en ese tema y empecé con un monólogo de la abuela. Luego me pasaron la voz de un casting para radio y estuve en “Santas Pecadoras”, en Studio 92.

—Hairspray es el papel más importante hasta ahora, ¿cómo fue esa experiencia para usted?
—Trabajar en Hairspray fue la experiencia más grande de mi vida. Yo era fan de Juan Carlos Fisher, siempre me dije que alguna vez quería trabajar con él y hasta que pasó. Me llamaron para varias audiciones, bastantes, duró mucho tiempo, hasta que quedé. Luego, los ensayos, estar con gente muy profesional y todo lo que viví, fue algo que sentí como recompensa. Había trabajado mucho, la había pasado mal en varios momentos, pero siento que he tenido uno de mis primeros logros, algo que me va a marcar.

—¿Qué está haciendo ahora y qué hará después en la actuación?
—Ahora estoy en “Nuestro pueblo”, con Chela de Ferrari, en un papel no tan grande como el de Hairspray, pero es muy bueno, y como mi mamá dice “No hay papel chico, hay actor chico”. La obra volverá el 10 de enero, en el Teatro de la Plaza Isil. El 31 se va a estrenar “Botella borracha”.


Leonardo Ledesma W.
Redacción


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