En la cima del rock and roll

Cuando le preguntamos a Raúl Montñez qué significa el rock and roll para él, la respuesta es inmediata: “Es mi vida”, nos dice sin dudarlo. Símbolo como pocos del rock nacional, “Montaña” ha sido siempre un músico de perfil bajo, pero su influencia como guitarrista fue decisiva para el desarrollo de la escena subterránea a mitad de los años 80, en una época en que escaseaba la autenticidad. Transitó con la misma fluidez del rock and roll “achorado” de ‘Leusemia’ y ‘Zcuela Cerrada’, a la oscura angustia de ‘Voz Propia’ y la brutal rabia de ‘Ataque Frontal’ .

| 25 marzo 2012 12:03 AM | Espectáculos | 3.2k Lecturas
En la cima del rock and roll
Raúl Montañez lanza su primer disco solista

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El rock subterráneo refundó la escena. O la reinventó basándose en el arte. Lo que hacíamos en aquella época era música tan rudimentaria, con letras que salían del alma y eso es arte puro.
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Más de 30 años después de su debut como guitarrista en el Rímac junto al legendario rockero Edgar Barraza “Killowatt” en la banda Kola Rock, lanza su tan postergado primer disco como solista titulado simplemente “Montaña Rock and Roll”, donde cuenta con invitados como el mexicano Rubén Albarrán de Café Tacuba (quien canta la clásica “Astalculo”, conocida en el repertorio de Leusemia) y su camarada de siempre Daniel F.

–Este disco ha demorado tres años en grabarse pero muchos podrían decir que han sido más de 30 años lo que demoró en realidad
–Tal vez. No sé si 30, 40 ó 50 pero ha demorado el tiempo que me demoró. He tocando en bandas como ‘Zcuela Cerrada’, ‘Voz Propia’, o ‘Ataque Frontal’, donde ejercía a tiempo completa la función de guitarrista y arreglista de las bandas. Si tocaba en unas bandas tan buenas como esas no se me pasaba por la cabeza el ser solista. Pero en un momento lo decidí, ya casi por el año 2000. Vengo produciendo discos desde 1985 al ritmo de un disco por año. Pasaron los años y ahora dije: “lo hago”.

–¿Estaba en sus planes ser solista?
–La verdad que no. Era guitarrista a tiempo completo. Nunca dejé de componer, siempre grababa demos en una casetera y los guardaba pero cuando ya me involucré en estas bandas, mis propias canciones las descuartizaba y esos pedacitos los agregaba a sus composiciones.

–¿Cómo fue el proceso del disco?
–Comencé a hacer un trabajo de arqueología para recuperar algunos riffs que estaban por ahí dando vueltas. Quería que este disco sea un tributo de mi devoción al rock and roll. Las canciones tienen las influencias de los grupos que siempre he adorado.

–Nunca ha permanecido mucho tiempo en las bandas en las que ha estado, ¿por qué?
–La primera vez que nos separamos con ‘Leusemia’ porque éramos muy jóvenes e inexpertos. Las veces que me he ido de otras bandas fue porque quería alejarme para hacer algo propio. Pero me pasa algo que no sé si le sucede a otros músicos. Escribía canciones, las escuchaba y decía: “no pasa nada” y las botaba a la basura. Pasaron varios años con esa actitud.

–¿Se ha llegado a identificar con las bandas?
–Siempre las sentí mías. Era un músico hermano de José Eduardo Matute de ‘Ataque Frontal’, de Edwin Núñez de ‘Zcuela Cerrada’, de Daniel F. Las canciones las hacían ellos pero las quería como si fueran mías. Con todas las bandas le he entregado todo lo mío, no me he guardado nada.

Esta historia implica el renacer del rock nacional. A fines de los 70s todo se fue al diablo, habían mitos y nada más. Mi generación reactivó toda esta historia. Éramos un conjunto de patas de diferentes estratos sociales pero todos nos queríamos. Era algo que nunca más se repitió.

Apoyamos el principio de cantar en nuestro idioma, algo que no estaba consolidado hasta que aparecimos nosotros. No tocábamos canciones banales ni fáciles, y hablábamos de lo que pasaba en el país, algo que no había hecho nunca ninguna otra banda.

–¿Qué lo llevó a la música?
–Soy un muchacho de barrio que nació en el Rímac. Cuando fui adolescente o niño no manifesté nada hacia la música. Sabía dibujar y pintar muy bien, hasta ahora. Pero estudiar en Bellas Artes era algo incierto para un hogar de clase obrera. De pronto descubrí el rock and roll y, puta madre, ahí cambió mi vida. Toda la energía “pictórica” se fue al rock and roll. Fue con los Beatles y después descubrí a Bob Dylan, los Stones, el hard rock. Esa vena artística que no había desarrollado el rock and roll lo canalizó. Empecé y no paré hasta hoy.

–¿Cómo era la movida rockera en sus inicios?
–Para que te hagas una idea, ahora hay un montón de grupos que hacen tributos a otros. Imagínate que en esa época eran los únicos grupos que existían. Eran grupos que hacían covers y nosotros decíamos que eran grupos de “rockopia”. Durante los veranos de fines de los 70s había festivales en el Parque Salazar y Campo de Marte y todo era covers. Y si había un grupo que tocaba temas propios la gente los lapidaba con chatas de ron. Así era en esos tiempos. Hasta que un día mi generación dijo vamos a hacer temas en castellano y nos empezamos a mechar con todo el mundo.

–¿Cuál fue el mayor mérito del rock subterráneo?
–El rock subterráneo refundó la escena. O la reinventó basándose en el arte. Lo que hacíamos en aquella época era música tan rudimentaria, con letras que salían del alma y eso es arte puro. Cantar en castellano significó un vehículo de comunicación para entendernos con el público. No cantábamos cosas como “te quiero, te amo, estoy llorando porque me dejaste”. Estábamos cantando que Lima es un pobre mierda, como es hasta ahora.

–¿Cuales cree que son los años más intensos que ha vivido como músico?
–Creo que todos por igual pero conversando con Daniel F y rebobinando las cosas, creo que 1985. Fue el año que con ‘Leusemia’ tocamos a un ritmo de dos o tres conciertos por semana. Tal vez ha sido el más intenso. Fue cuando esta movida creció, estalló y se multiplicó. Fue una cosa muy romántica. Éramos todas las sangres.


Fernando Pinzás
Editor Espectáculos


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