Y usted... ¿qué sabe del choteo?

Decía mi extrañado amigo,”El Loco” Christian Vallejo, que: “los poetas construyen castillos en el aire, los enamorados, habitan en ellos. Y…los psiquiatras, cobran el alquiler”.- Y él, tenía cómo saberlo.

| 15 abril 2012 12:04 AM | Especial | 2.2k Lecturas
Y usted ¿qué sabe del choteo? 2237

Porque de todos los episodios que conforman la alucinante telenovela del amor de cada quién, el más estremecedor, contragolpeante y –a veces- inesperado, es el rochoso choteo, que de un momento a otro, puede desalojarnos del jardín de ensueño que supone el rico camote que solemos disfrutar con mujer, hombre o…cualquier género que nos vacile, conforme entienden Bayli, Beto y otros versos putinflay, o marchaatrás, según el gusto de cada quién.

Claro, que andando el tiempo, un “mataó placeao”, como quien esto escribe, se convierte en avizado zahorí capaz de olfatear el fantasma del choteo, en cuanto sus negras alas, se avizoran sobre la ilusión azul de un romance de entretiempo, guárdame esa flor.

Cuando por ejemplo, el repertorio de habituales insultos o críticas disparados por la percanta, empieza a subir de magnitud, inflexiones y tonalidades, ya es tiempo de irse, justito un cuarto de hora antes de ser choteado, a veces, con remate de zapatos voladores sobre tu cabeza alborotada.

Esto vale para el caso de féminas comunes y silvestres, pero con las actrices, intelectuales o poetisas, la cosa suele ser más peligrosa e impredecible, si se quiere y yo sé porqué lo digo. (Otrosí: con periodistas, no tengo experiencia directa.)

-Lo mismo pasa con las gilas de pelo largo, ojos grandes y devotas de las TN brasileñas, sobre todo, en noches de luna llena, y no me pregunten porqué “Desconozco mayormente”,-como dicen los guachimanes y ciertos tombos también.

Cierta vez, leí en una de esas revistachas propias de sala de espera en el dentista, una serie de consejos a seguir, cuando un varón vislumbra el gallinazo del choteo, o cuando decide él, por razones de tope en el aguante, mandarle el pare a su compañera de chilingui.

Recomendaba, el citado pasquín, elegir, -por ejemplo- un concurrido restaurante en horas de multitud, para plantear el choteo, siempre calculando que no haya bebidas calientes, ni botellas sobre la mesa y la cuenta haya sido previamente cancelada a fin de facilitar el escape rápido, ante una escena particularmente hindú, sollozos accidentados, objetos arrojadizos, o amenazas de suicidio, que quizás no falten en estos casos, mi estimado.

Naturalmente, este consejillo, no siempre funciona, sobre todo, porque hay hijas de Eva que han perdido en el camino, tanto el miedo como la vergüenza y no vacilarán-llegado el caso- en armar un escándalo de la Gran Seven, con solidaridad de los presentes y oportuna llegada de Serenazgo y patrullero vara en mano, todos dispuestos a proteger a “la desvalida” que sobre el poncho, inventará cualquier acusación infamante para propiciar el adecuado castigo al aprendiz de choteador.

Recuerdo que el inolvidable poeta Juan Gonzalo Rose, solía recitar en sus “Cantos y Adioses”, algo así como: “novias que se marcharon bajo un farol/diciendo eternidades…”- a lo cual, yo retrucaba: “muchas de las mías, se fueron diciendo barbaridades”.

-En fin. Yo creo que las sumas sacerdotisas del choteo, son las mujeres. Parece ser, que un día se desilusionan de nosotros, se cansan de nuestra escasez de fondos, se tiemplan de otro feligrés o llegan a ese nivel que los psiquiatras explican señalando: “Pretender que los sentimientos sean iguales por siempre, es como querer que los vientos soplen todos los días en la misma dirección”.

- Pero, una historia triste y al mismo tiempo pintoresca, que viene al pelo para este cuento, es la de mi compañero “Canito”, obrero gráfico, que a causa de sus horarios laborales, debía dejar en abandono a su amadísima esposa, digo, entre las peligrosas horas que van del atardecer a la madrugada, por lo cual –y sin saberlo- empezó a compartir eso que en mi barrio se llamaba “suerte de panadero”, o “destino de Gonzáles” (ese que entra cuando tú sales).

Y entonces pues, una mañana –frígida y opaca- la Teresita de sus amores, le anunció que había decidido marcharse con el más reconocido pachanguero y fumón del barrio, del cual se había enamorado “como una quinceañera”.

- Aun recuerdo a “Canito”, contándome su dramón, con los crisoles rojimios por el llanto, al cabo de la sexta chela bien “Eladio Reyes”.

Según evocó con un nudo de horca en la garganta, al escuchar tamaña confesión de la mujer idolatrada, sólo atinó a decir en su agonía:”Te deseo suerte, chinita, pero sólo te pido una cosa. Cuando te caiga la primera patada, acuérdate de cómo te he querido yo”.

-Otra cosa sucedió cuando mi extrañado colega Mortimer, irrumpió cierta tarde en mi oficina, para decirme en su habitual estilo grandilocuente: “hermano, quiero que me des un consejo”.- A lo cual respondí curioso pero sereno: “¿Yo, consejos?-… sólo después de la cuarta chela. Haz tu cola y espérame donde “Corcuera”.- Esto ultimo se refería a una truculenta cantina que quedaba a la esquina del periódico en el cual laborábamos.

Y allí coincidimos, una hora más tarde, para, seis chelas avanti, escuchar de mi querido amigo, la siguiente confesión: “he sabido que mi mujer me engaña. ¿Qué puedo hacer, hermano?-Y entonces, yo, sin pensarlo mucho, le disparé sabiamente: “lo más urgente en este caso, es que te hagas el judoko, porque estamos en invierno, está lloviendo y además, hace un frío de la jijunay press…Y la calle está muy dura para soluciones tipo tango, mi hermano”.

Escuchado lo cual, mi broker, que era todo un filósofo fecal, pues para él, la vida era una “M”, lanzó un grito estrepitoso, para luego exclamar: ¡Por la P.M…qué buen consejo me has dado!...-Y ahicito nomás, nos pedimos un par más.

-Pausa para comerciales y música de fondo, por cortesía del detergente de moda. To be continued, carretitas. Y ésta es sólo una de tantas variantes del choteo que palpitan en el archivo del viejo Diablo, que se las sabe todas y…una más, por si fuera poco. ¡Salud por ellas!


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