WikiLeaks y los emperadores de la libertad de expresión sin ropa

Para quienes creen que WikiLeaks es “chismografía frívola”, en este artículo pueden encontrar razones para entender que este es, más bien, un elemento más de la no perfecta, pero sí perfectible libertad de expresión.

Por Diario La Primera | 16 set 2012 |    
WikiLeaks y los emperadores de la libertad de expresión sin ropa
Asilado por la embajada ecuatoriana en Londres, el australiano Julian Assange lidera una nueva etapa en la lucha por la libertad.
ES MORAL DESVELAR CRÍMENES SECRETOS

Cualquier defensor del derecho a la libertad de expresión debe apoyar el trabajo de transparencia pública que ha realizado Julian Assange y WikiLeaks. Ellos nos han brindado documentación primaria de crímenes realizados por el Estado más poderoso del mundo. Julian Assange expuso verdades importantes para nuestra capacidad de ser personas autónomas y nuestra capacidad de hacer decisiones informadas en democracia. En este sentido, cumple con las funciones del derecho a la libertad de expresión en términos de las cuales este derecho es definido.

Estas funciones son vulneradas por la mentira en medios de masas, al igual que expresiones fraudulentas, de perjurio y de propagar propaganda comercial falsa. Dichas expresiones tienen algo en común: son actos de dominación contra los cuales los ciudadanos tenemos el derecho a ser protegidos.

Assange busca y recibe asilo de Ecuador al ser perseguido por el Estado que realizó los crímenes que reveló. Pero la prensa de masas, efectivamente grandes empresas dedicadas a la comercialización de información, no lo toma bien. En general, no ve más allá de la acusación —todavía no en el procedimiento de un juicio— de que Assange ha cometido crímenes sexuales. Y la narrativa dominante es que Ecuador se dedica a proteger a ofensores sexuales por dedicarse al arribismo para hacerle la contraria a Estados Unidos, sin tomar en cuenta el costo que justamente pagaremos. Con pocas excepciones, El Comercio, El Universo, y el Hoy, por ejemplo, repiten esta posición del Washington Post, El País, The Economist, The Wall Street Journal y otros poderosos medios internacionales.

Pero nunca se atreven a preguntarse si EE.UU. tiene motivos para gestionar la extradición de Assange, y si el vicepresidente Biden y la congresista Feinstein no lo han condenado ya. El vicepresidente de la compañía contratista de inteligencia Stratfor, la cual se pinta como una especie de extensión de la CIA, envió un mensaje diciendo que tienen una condena para Assange, probablemente bajo el Acta de Espionaje.

Curiosamente, tampoco insisten, si están preocupados por las acusaciones de faltas sexuales, de que Suecia lo interrogue en la embajada ecuatoriana. ¿Alguno de estos medios puede decir por qué Suecia no debe investigar las acusaciones por la vía disponible? Este debería ser su demanda, si realmente estuvieran preocupados por la justicia.



El video que catapultó a WikiLeaks
Uno de los videos famosos de WikiLeaks, “Collateral Murder”, o “Asesinato Colateral”, le quita el humo que cubre el término “políticamente correcto” de “daño colateral” que usan tanto los medios de comunicación, especialmente anglosajones, como los autores de las guerras lideradas por los Estados Unidos en el Medio Oriente. En el video se ve cómo desde un helicóptero Apache los militares estadounidenses calculadamente matan más de 12 personas que no muestran indicios de ser una amenaza, incluyendo dos reporteros de Reuters. Esto va de la mano con la intención que se revela al ver que cuando Estados Unidos y el Reino Unido entraron en Iraq, los primeros atacados fueron los reporteros que se encontraban en el Hotel Palestina.

Tenemos que recordar que la guerra en Iraq fue viabilizada por los grandes medios de comunicación que sirvieron como micrófonos para las mentiras que difundía el gobierno de George W. Bush, vinculando a Saddam Hussein con al Qaeda, el ataque a las torres gemelas y a armas de destrucción masiva. De esta manera, ya que esta guerra fue basada en mentiras, como argumenta el legendario abogado Vincent Bugliosi, hace que George W. Bush sea un asesino que se puede procesar por leyes internas de los Estados Unidos. Siendo más de un millón de muertos un resultado de una guerra ilegítima, propagada por las mentiras en uso de la libertad de expresión de George W. Bush, su gobierno, y los medios de comunicación, todos caben bajo el paraguas del término del video de WikiLeaks, “Asesinato colateral”. Este video nos ayuda a entender la ironía de la situación actual.


Fotografía del video “Collateral Murder”.

La verdad de las mentiras
Pero estas expresiones si bien se realizaron en uso de la libertad de expresión, no se realizaron en derecho. Decir mentiras que predeciblemente resultarán en el asesinato masivo no es derecho de nadie. Esto viola todos los derechos humanos y socava el derecho de los otros a la libertad de expresión, ya que los muertos no hablan.

Si los medios de comunicación velaran por el derecho a la libertad de expresión protegerían a las personas que ayudan a revelar las tiranías, especialmente de un Estado. Pero no es así. Los medios de comunicación, en gran medida, desprecian a Julian Assange. A veces emplean el argumento de que Assange es un hacker común que robó información que, como argumentó Hilary Clinton en su momento, aumentan el riesgo al Estado y por lo tanto es legítimo perseguirlo. A primera vista, podría parecer que esto se acoge a los códigos de derechos humanos en relación al derecho a la libertad de expresión, los cuales ponen como límite la seguridad del Estado, junto al límite de respetar el derecho al honor o reputación de las personas.

Como hemos visto, estos no pueden ser los dos únicos límites del derecho a la libertad de expresión. También existe el límite con el derecho a la vida a no recibir propaganda falsa, a no ser víctima de expresiones fraudulentas, el perjurio, etc. Pero, estos límites son distintos en diferentes circunstancias. Es distinto vulnerar la seguridad de un Estado por revelar la verdad sobre una mentira que se utilizó para propagar el crimen internacional más notorio de nuestra era, una guerra de agresión —es decir, revelar información que el Estado ha utilizado para dominar a su población y la población de otros países, y que no es legítimo esconder y proteger en este sentido— que vulnerar la seguridad de un Estado en sus acciones legítimas.



Watergate: antes de WikiLeaks
Esto fue justamente lo que hizo Daniel Ellsberg cuando, con el New York Times y el Washington Post, reveló la historia secreta de la Guerra contra Vietnam en los Papeles del Pentágono en 1969. El documento, que fue elaborado por orden de Robert McNamara, era catalogado como ultrasecreto y sensible —lo que quiere decir, vergonzoso. El Estado trató de suprimir la salida de la información, con demandas contra Ellsberg y los diarios, y el Ejecutivo se empeñó, en términos que se utilizan hoy en los medios para describir lo que hizo Assange, a perseguir a Ellsberg. En las palabras de Nixon:

“Solo porque algún tipo quiere ser un mártir… no podemos dejar que se salga con la suya en este robo generalizado, o pasará en todo el gobierno. Tenemos que mantener el ojo sobre el objetivo principal. El objetivo principal es Ellsberg. Tenemos que atrapar a este hijo de puta”.

De todas maneras la información salió. Recién hasta el año pasado el documento permaneció formalmente clasificado y fuera del alcance del público. Revelar estos documentos tan tarde no hubiera permitido que el público obligue al gobierno a terminar esa guerra, ya que el estudio reveló crímenes como los bombardeos de Laos y Camboya que no se conocían hasta entonces. Esto ayudó a parar la guerra y salvó miles de vidas.

Si Julian Assange es culpable, entonces todos los medios que utilizaron su información también son culpables, ya que, como él, meramente divulgaron la información que obtuvo Bradley Manning.

De la misma forma, el derecho al honor o reputación como límite al derecho a la libertad de expresión se aplica dependiendo del caso. Está mal y va en contra del derecho dañar el honor y reputación de una persona basado en mentiras. Pero no está mal, y no va en contra del derecho, dañar el honor y reputación de una persona como Saddam Hussein, George W. Bush o Augusto Pinochet basado en la verdad sobre los crímenes que cometieron.


Ricardo Restrepo
Rebelión

* Por motivos de espacio, reducimos algunas partes de este artículo tomado de rebelión.org


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