Violencia familiar y delincuencia juvenil

La violencia familiar que se vive en muchos hogares peruanos es la causa principal del incremento de la delincuencia juvenil y de que existan sicarios como Alexander Pérez Gutiérrez mas conocido como “Gringasho”, un muchacho convertido en una verdadera amenaza para la seguridad de la población.

| 17 enero 2013 12:01 AM | Especial | 10.7k Lecturas
Violencia familiar y delincuencia juvenil
A PROPÓSITO DEL CASO “GRINGASHO”
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Este adolescente que ocupó durante muchos días los principales espacios de los medios de comunicación es uno de los tantos jóvenes que eligió el camino del robo, del crimen. Inicio su accionar delictivo a los 13 años y a los 15 años ya era un homicida, por lo que fue internado en un centro de rehabilitación juvenil de Trujillo, de donde escapó. De ahí fue trasladado a Maranguita, protagonizando un “gran escape” siendo recapturado algunos días después.

Jorge Arévalo, presidente de la Organización No Gubernamental Asociación Desarrollo Juvenil y Prevención de la Violencia (ADJ), con 20 años de experiencia en prevención integral de jóvenes tanto en la Amazonía como en Lima y actualmente en Barranco, señala que jóvenes como “Gringasho” proceden en su mayoría de hogares que conviven con la violencia familiar.

“En el año que acaba de terminar solo hasta setiembre se dieron más de 97 mil casos de violencia familiar. Además, desde setiembre del 2009 hasta octubre del 2012, casi 500 mujeres han sido asesinadas, la mayoría por sus parejas o exparejas. Las pandillas juveniles, que actualmente suman 700, conformadas en la mayoría de los casos por jóvenes cuyas edades fluctúan entre los 13 y 24 años, juntándose en grupos de 20 a más, son otro de los graves problemas.”

DESDE EL HOGAR
La violencia familiar, según el especialista, causa gran impacto en el desarrollo del adolescente que percibe el maltrato como algo natural y aprende que la violencia es una forma válida de relacionarse con los demás y de resolver los problemas.

“El adolescente que convive con la violencia familiar va a ejercer luego la violencia en las calles porque ese ha sido el modelo de relacionarse que aprendió en su hogar.”

Precisa que la violencia familiar también es el factor determinante del maltrato escolar conocido como bullying que sufren hoy uno de cada dos estudiantes escolares por parte de estudiantes procedentes de hogares en conflicto.

“Los adolescentes expuestos repetidamente a incidentes de violencia familiar tienden a aislarse de sus familias y muchas veces abandonan el hogar y la escuela a temprana edad”.

Otro factor que menciona Arévalo sobre la delincuencia juvenil es el descuido de los padres hacia sus hijos “Hoy en día muchos adolescentes se quedan solos en casa porque sus padres trabajan, lo que no está mal, lo malo está cuando no los atienden con el amor, ni ejercen disciplina tan fundamentales en la formación de un niño y adolescente. Existe peligro allí donde hay ausencia de padres, pues los hijos sin control y que tienen completa libertad para manejarse empiezan a canalizarla mal y caen en la violencia, alcohol o drogas”.

El especialista sostiene que los adolescentes viven en una hiperactividad propia de su etapa, con un natural entusiasmo por conquistar el mundo y querer todo fácil, lo que origina que por su inexperiencia y facilidad para obtener drogas sean aceptados en un grupo que comparte sus propios gustos y que le da la atención que en su hogar no reciben quedando a merced de todo aquel que pueda influir en su aprendizaje y crecimiento que es lo sucedido con Gringasho. “Cualquiera, menos sus propios padres, se convierte en su guía con las consecuencias que ya todos conocemos.”

FAMILIA FUERTE
Arévalo anota que su institución a través de su programa Escuela para Padres insta a padres, madres y autoridades a trabajar por una familia fuerte y lograr hijos que sean ciudadanos de bien, líderes con influencia positiva en la sociedad.

Para la buena crianza de los hijos recomienda mucho amor y afecto “Los hijos necesitan sentirse amados, esto repercutirá en su autoestima y relaciones de paz y convivencia pacífica ante los demás”.

También establecer límites flexibles. “Amarlos no significa tener que consentirles todo, hay horas para levantarse de la cama así como para ir a dormir, un tiempo para la Internet, la TV o los videojuegos, una hora para salir a la calle y otra para retornar. Los límites ayudan a mantener emocionalmente seguros a los adolescentes y jóvenes.”

Otro consejo del estudioso es brindar apoyo y generar espacios de diálogo con los hijos, pues “los adolescentes necesitan apoyo mientras batallan con sus problemas que quizás los padres no piensen que son tan importantes. Ellos requieren la orientación para una correcta toma de decisiones así como necesitan el elogio cuando ponen su mejor esfuerzo”.

Sugiere, asimismo, que se trate con respeto y confianza al hijo “lo que requiere que se reconozca y aprecie sus diferencias y sea tratado como un individuo así como alentar las relaciones sociales enriquecedoras y positivas”.

“El hijo adolescente quizás se interese en algún deporte o arte, o quizás quiera tomar parte de actividades juveniles de su iglesia o asociación juvenil de su barrio, hay que apoyarlo en todas esas iniciativas que llenen su ser tanto emocional como físico y espiritual.”

Sobre el rol que debe cumplir la sociedad anota que “si cada uno hacemos nuestra parte, ejercemos debidamente nuestro rol, podemos hacer mucho para alejar a los jóvenes del delito, del pandillaje y de las barras bravas, principalmente la familia, igualmente la Iglesia en la afirmación de los principios cristianos y valores universales, la economía para la generación de riqueza de manera lícita a través de una sana competencia y el gobierno centrándose en su principal rol que es la seguridad de todos nosotros”.

HISTORIAS DE NIÑEZ
El sacerdote José Ignacio Mantecón, más conocido como Chiqui, quien trabaja mas de 15 años en El Agustino donde logró reducir la cantidad de pandillas y regenerar a jóvenes delincuentes, asegura que las historias de su niñez fueron decisivas para inducir a los jóvenes al mundo de la delincuencia y de las drogas.

“De mi experiencia en el trabajo con jóvenes inmersos en la violencia, saco la conclusión que lo vivido en su infancia fue decisivo en el rumbo que tomaron sus vidas. La mayoría viene de familias con graves problemas de violencia, abusos, drogas, alcohol, etc. La escuela no ha sido un lugar donde se ha podido trabajar los problemas y carencias que estos niños traían de la familia. Por eso la deserción escolar y la vida en la calle.”

Según el padre Chiqui, la calle ha sido el espacio familiar formativo y de relaciones de los jóvenes a lo que se añade el ambiente de violencia que presentan los adultos a través de algunos medios de comunicación social, video juegos, cine, oferta masiva de drogas y alcohol, “entonces nos daremos cuenta que las oportunidades para muchos niños y adolescentes de nuestro país son mínimas”.

Para el sacerdote existe responsabilidad del Estado, las municipalidades y las familias que no han sabido tratar en su momento los problemas de la niñez. “Sin embargo, toda la culpa se la cargamos a los jóvenes que no tuvieron ninguna oportunidad. Hay que precisar que el Estado y la sociedad tienen derecho a defenderse ante cualquier situación que agreda los derechos de sus ciudadanos, la cuestión es ¿cuáles deben ser esos medios para que realmente sean efectivos?”

Mantecón reflexiona: “A menudo se piensa únicamente en la represión como forma de defensa pero si esta no viene acompañada de un verdadero proceso de rehabilitación y reinserción social para aquellos que han cometido infracciones y delitos el problema seguirá estando presente”.

Seguidamente dice que pensar que un ser humano es irrecuperable es renunciar a la fe en la humanidad. “Se cree que la única manera de enfrentarlos es tratándolos como adultos sin haber puesto todos los medios para reformarlos cuando eran niños. Hay mucho que hacer a la hora de enfrentar el problema de la violencia y de la inseguridad ciudadana pero tenemos que ser serios a la hora de proponer medidas correctivas”.

SIN MACHISMO
Por su parte, la sicoanalista Carmen González recalca la importancia de criar a los hijos con afecto, valores y sin machismo. “Los padres deben reflexionar sobre su responsabilidad en la formación de sus hijos y la necesidad de expresarles sin reservas su cariño y respeto, sin dejar de lado su autoridad”, dice.

Explica que el 25 por ciento del cerebro humano es igual al de los reptiles, por lo que está dominado por el instinto animal que lleva a comportamientos violentos. “Cuando la rabia o el deseo se apoderan del cerebro este se comporta como un globo y solo existen dos vías de escape, una de ellas conlleva a que estos comportamientos primarios se apoderen del cuerpo y se llegue a conductas extremas como el asesinato. La salida adecuada es la que permite que el 20 por ciento del cerebro destinado a la reflexión y al conocimiento controle el instinto”.

De otro lado, Rita Caldas, psicóloga especialista en primera infancia, añade que muchas veces se castiga al hijo sin saber por qué. “Como padres no escuchamos y utilizamos el castigo como último recurso cuando no es la solución. Si queremos hijos saludables, debemos enseñarles con el ejemplo, explicándoles la diferencia de las cosas, utilizando un castigo que eduque y no maltrate”.

“Los castigos no deben ser ni violentos ni humillantes sino con palabras que enseñen, que motiven a ser mejores, resaltando lo positivo del niño, niña o adolescente. No los humillemos porque los vamos a convertir en personas inmaduras e inseguras. El castigo puede resaltar incluso la habilidad que el niño, niña o adolescente tiene. Es necesario aprender a tratarlos bien porque así también los niños aprenden a tratar bien a los demás.”



ESTILO DE VIDA IMPIDE DESARROLLO EMOCIONAL
Según investigadores de la Universidad Notre Dame de Indiana en Estados Unidos, país donde en los últimos años se ha incrementado en altos porcentajes la violencia y los crímenes contra menores, las actuales prácticas sociales y las creencias culturales modernas impiden el desarrollo emocional y mental de los niños. En el Perú se sigue mayormente estas prácticas importadas del país del norte.

“El estilo de vida de los jóvenes en Estados Unidos sigue empeorando, en especial comparado con el de hace cincuenta años”, indica Darcia Narváez, profesora de psicología y especialista en el desarrollo moral de los niños.

“Algunas prácticas y creencias equivocadas se han tornado comunes en nuestra cultura, como el uso de fórmulas infantiles para la alimentación de los bebés, el aislamiento de los infantes en sus propios dormitorios, o la creencia de que, si se responde demasiado rápido a las quejas del bebé, se le acostumbra mal.”

“El amamantamiento de los bebés, la respuesta cuando lloran, el contacto físico casi constante y el que haya varios adultos que se ocupan de la crianza son algunas de las prácticas de crianza ancestrales que han demostrado su impacto positivo en el desarrollo del cerebro, lo cual no solo moldea la personalidad sino que ayuda además en la salud física y el desarrollo moral para la edad adulta”, precisa.

Dice, igualmente, que actualmente los niños permanecen más tiempo en los asientos del automóvil u otros aparatos. “Solo alrededor del 15 por ciento de las madres amamanta a sus bebés y las que lo hacen no van más allá de unos 12 meses; las familias están fragmentadas y ha disminuido el tiempo que padres y madres permiten que sus hijos jueguen, no conocen el impacto benéfico que esto significa.”


Denis Merino
Redacción


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