Vigencia de Jorge Basadre

En el Día de la Patria, queremos recordar a nuestros lectores las reflexiones del gran historiador Jorge Basadre, contenidas en el texto “¿Y América Latina? ¿Y el Perú?” con notable vigencia en estos días, pese al tiempo transcurrido desde que fueron plasmadas, llenas de amor y angustia por el Perú y por el mañana de las nuevas generaciones.

Por Diario La Primera | 28 jul 2010 |    
Vigencia de Jorge Basadre
El historiador Jorge Basadre proyectaba hacia el futuro el estudio de la historia. La deuda social con los campesinos pobres sigue vigente. El desarrollo sólo vale si es acompañado de la justicia.

Más datos

Es preciso que la brecha entre ricos y pobres no se siga ensanchando. En general, hasta ahora, el desarrollo ha sido bastante asistemático y ha redundado más de una vez en una continua expansión del círculo vicioso de la pobreza.

Identificadas por algunos de manera total con el Tercer Mundo -lo cual es un error- las repúblicas latinoamericanas coinciden con él en su situación como exportadores de materias primas. Hállanse, unas más y otras mucho menos, en vías de penoso desarrollo. Con aquellas zonas lejanas tienen o pueden tener comunes o similares intereses. Pero su ligamen con la cultura occidental que se remonta hasta el siglo XVI les otorga una situación especial y no necesitan identificarse de un modo absoluto con ellas que, además, oscilan entre influencias que les son propias.

Los esfuerzos de integración de nuestras repúblicas apenas si están en sus inicios y se hacen de arriba para abajo y no de abajo para arriba, es decir no de la raíz a la cúpula. El Pacto Andino ha realizado el milagro de perdurar y de afirmarse aunque en su marcha en zigzag haya cometido errores y omisiones, aparte de que está teñido de burocratismo y no se haya identificado con la emoción popular. Otros acuerdos análogos pueden y deben complementarlo, a lo largo y a lo ancho del continente aprovechando la experiencia obtenida, incluso un Pacto Amazónico exento de connotaciones hegemónicas. Convendría trazar pronto el esquema de un pacto de auténtica integración del Cono Sur del Pacífico dentro del que tenga cabida la justísima aspiración portuaria de Bolivia sin los peligros que el corredor al norte de Arica entraña.

No debe ser olvidado el agorero anuncio hecho por Helio Jaguaribe de que al futuro latinoamericano asechan el pe1igro de caer en la condición satelizante de alguna superpotencia que no nos daría sino lo que a ella conviniera; o el de convulsionarse en una sangrienta revolución social que sería larga con resultados imprevisibles. Esperamos que haya un margen de tiempo para abordar o comenzar a abordar a fondo nuestros problemas y nuestras posibilidades en estas tierras donde se desaprovecharon tantas ocasiones propicias y donde se han perdido tantos años.

Quizás ocurra que asuman el mando de este país algunos políticos ante cuyo criterio lo importante sea volver las cosas tal como estuvieron en el pasado; o tratar de vivir como en los tiempos de Serapio Calderón; o embriagarse con el toma y daca alucinante y estéril de a vieja política. Cuanto se dice aquí enseguida intenta afirmar que, en el caso de que procedieran así, estarán muy equivocados. Las presentes reflexiones se haIlan muy “lejos de llevar consigo el programa de un partido político; se limitan a sintetizar las observaciones que podría hacer alguna entidad como el Club de Roma, el Instituto Tecnológico de Massachussets o la Fundación Bariloche. Señalan metas, aunque aceptan que no todas podrán ser superadas de inmediato porque la política es el arte de lo posible.

No niegan, por cierto, la inminencia de los conflictos en cualquier proceso de cambio social y aceptan la imposibilidad de evitar que él ocurra en una forma irracional. Jamás olvidemos que Ralph Dahrendorf parece anunciar que el conflicto estará permanentemente entre nosotros y aún que constituye un elemento de progreso, si se le acepta o se le comprende con inteligencia y sin temor. Quienes para evitar el conflicto, optan beatíficamente por esperar, acaso con la esperanza de que se redondee primero el equilibrio financiero, a lo mejor descubrirán que cuando quieran, por fin, movilizarse, será ya demasiado tarde.

El desarrollo económico auténtico implica la ampliación de bienes y servicios pero no es sólo eso. Queda definido mejor en términos que eleven los niveles de subsistencia, dignidad y libertad humanas y combatan la pobreza, el desempleo y la desigualdad. Dicho desarrollo no podrá efectuarse a fondo sin que cambien por una parte la posición del mando que no debe ser entregado a mentes convencionales, y, de otro lado, sin que cambie asimismo la distribución del ingreso nacional. La lucha contra el subdesarrollo implica el planteamiento coordinado de una serie de problemas con miras a tratar de abordarlos gradual, coherente y sistemáticamente. Se trata de una brega que ha de implicar un proceso constante y cuidadoso de inversiones y el sano aumento de los ingresos en la formación de un capital no usurario; y una política económica y financiera al servicio de los más para sobrepasar la barrera limitativa del estancamiento, de la regresión y también del despilfarro. Se trata pues de llegar a una planificación auténtica de tipo democrático, gradualista y experimental en el avance hacia el futuro, con soluciones de corto, mediano y largo plazo que tiendan al aumento de la productividad y al alza del nivel de vida, defíendan al mismo tiempo derechos humanos esenciales y busquen, sin mengua de ellos, la justicia social.

No se trata de repetir ciegamente los errores que se haya podido cometer con buena fe o sin ella, en las décadas de los 60 y de los 70 ni negar tampoco sus aciertos. Pero las experiencias aleccionadoras de la historia tomadas en conjunto y las necesidades exigentes de la época que viene hacen perentorio tomar en cuenta con sentido lúcido los siguientes hechos:

- El crecimiento de la población continúa en cifras absolutas.

- Es preciso que la brecha entre ricos y pobres no se siga ensanchando. En general, hasta ahora, el desarrollo ha sido bastante asistemático y ha redundado más de una vez en una continua expansión del círculo vicioso de la pobreza.

- Hay zonas con progreso notable en la agricultura; pero, en otras, la reforma agraria, con todas sus ventajas, no ha borrado el atraso por falta de ayuda técnica o de orientación adecuada a los campesinos y a las entidades que los representan; o por limitación en las inversiones de capital; o por deficiencias en la investigación, experimentación o mecanización; o por errores y excesos burocráticos; o por ausencia o desorientación en la educación rural; o por primitivismo en el mercado; o por la inutilidad e inconveniencia de intermediarios parásitos entre productores y consumidores. Son numerosos los trabajadores rurales todavía desposeídos, hambrientos, ignorantes o manipulados.

Por eso es válida la reafirmación fundamental de que la reforma agraria debe beneficiar auténticamente al campesino pequeño y pobre y librarlo de la explotación, la discriminación y la servidumbre. En muchos casos el resultado debe ser el funcionamiento sano de sistemas cooperativos o colectivos o de parcelas familiares agrupadas en comités que organicen los cultivos, sin unilateralismos dogmáticos y sin opresión centralista, con una regulación cuidadosa a cargo del Estado y con estímulos para el florecimiento de periódicos mercados de nivel local o regional.

Jorge Basadre

Diario La Primera

Diario La Primera

La Primera Digital
Diario La Primera comparte 119376 artículos. Únete a nosotros y comparte el tuyo.