Venezuela en la recta final

Cuando todo parecía estar escrito para que el domingo Hugo Chávez gane una vez más la reelección, tres opositores muertos a manos de sus simpatizantes han removido el ambiente político de cierre de campaña. Los seguidores de Capriles ven en las muertes una oportunidad para intentar remontar lo que hasta el sábado era una diferencia difícil de remontar, y por el lado de Chávez están convencidos que la victoria es inminente y que sus adversarios solo buscan empañar la victoria del domingo.

Por Diario La Primera | 03 oct 2012 |    
Venezuela en la recta final
Finalmente el domingo 7 las urnas hablarán. Chávez confía que los tres muertos no le pasarán la factura.
TRAMOS DE INFARTO

La marcha segura a la reelección de Hugo Chávez se vio alterada el fin de semana por la muerte de tres opositores a manos de simpatizantes oficialistas, una acción cuyas consecuencias solo se develarán tras conocerse los resultados de las elecciones del 7 de octubre. Hasta horas antes de los sucesos, las principales encuestadoras presentaban al presidente como seguro ganador, pese a advertir del lento y pausado crecimiento del opositor, Henrique Capriles, ubicado a 10 puntos del mandatario.

Las muertes de Barinas marcaron un punto de inflexión en el rush final de la campaña electoral. Capriles demandó el esclarecimiento de las muertes de las que se responsabiliza a un trabajador del Ministerio Ambiental, que ya ha sido detenido. “El 7 de octubre la oposición derrotará a los violentos”, anunció. La reacción de Chávez no se dejó esperar, tras lamentar las muertes dijo que los planes de la oposición de extrema derecha van a fracasar. “...si se les ocurriera intentar desestabilizar el país les haríamos que se arrepientan, estamos listos para enfrentarlos, para neutralizarlos y para garantizar que se respete la decisión del pueblo el próximo 7 de octubre que será la gran victoria bolivariana”, aseguró.

DESEOS Y REALIDAD
Por ahora, los anuncios de algunos medios de comunicación ubicados a la derecha que anuncian una derrota de Chávez están más cerca de sus deseos que de la realidad. La más reciente encuesta de Datanalisis, una consultora de prestigio, le otorga una ventaja de 10 puntos sobre su rival, que con un discurso renovado promete continuar con los programas sociales que tanto rédito le han dado sobre su contrincante.

Pero es cierto también que la promesa de construir el Socialismo del Siglo XXI está lejos de ser una palpable realidad. Que a pesar de los esfuerzos de redistribución, la desigualdad y la presencia de la burguesía aliada de Estados Unidos, constituyen una piedra en el zapato. En el camino a la reelección se entrometen preocupaciones ciudadanas como la inseguridad que afecta a los venezolanos, independientemente de sus colores políticos o sociales. Un tema de campaña que el contendiente Henrique Capriles, se encargó de recordar al atribuir a Chávez la responsabilidad de llevar al país a liderar las estadísticas de criminalidad en América Latina.

No es para menos, la tasa de muertes violentas se acercó a los 10.500 en los seis primeros meses del año. El 2011 la tasa de asesinatos fue de 48 por cada 100.000 habitantes. “¿Cómo hablan de independencia si aquí matan a 50 venezolanos todos los días?”, dijo Capriles, repitiendo una crítica que planteó durante toda la campaña.

Eso le ha restado puntos al candidato a la reelección. Liliana Carias, votante del oficialismo en los últimos comicios afirmó que se cansó de esperar y votará por el opositor. “Yo creí que con Chávez venía el cambio pero estoy muy desilusionada. Nos prometía de todo pero nada ha cambiado. No tengo agua, desagüe, ni electricidad”.

Las encuestas revelan además la ansiedad de los votantes por la inflación que asciende a 18%. Es conocido que cerca del 80% de los alimentos que se consumen son importados: la leche en polvo, la carne, el azúcar, el pollo, el café que se ofrece a precios subsidiados en la red de mercados populares que administra el Estado. Estas importaciones son controladas por el gobierno.

A pesar del enorme gasto en programas sociales, persisten problemas como la escasez de viviendas, la falta de infraestructura, servicios de electricidad y agua potable. Otros critican el manejo de la riqueza petrolera, especialmente su generoso acuerdo con países como Cuba, que reciben petróleo en condiciones preferenciales. “Ahora se la pasa regalando nuestro petróleo”, afirma una jubilada. Este es un tema sensible porque la principal fuente de divisas de Venezuela son las exportaciones petroleras, que además financian el 60% del presupuesto nacional. Otros dicen que el presidente ha concentrado demasiado poder, que ha dividido al país.



A LA IZQUIERDA
Ahora Capriles se define a sí mismo como “de centro-izquierda” y alude a los programas sociales que echó a andar en el populoso Estado de Miranda del que es gobernador desde 2008. El entusiasmo opositor reside en la reducción del voto duro del oficialismo que responde a programas sociales como los mercados populares, las clínicas administradas por médicos cubanos y los subsidios para las familias pobres. Eso lo recordó Chávez durante la campaña: “La inversión social en Venezuela llega a 500 mil millones de dólares y eso se ha transformado en salud, empleo, cultura, trabajo, vivienda y desarrollo nacional, nunca antes en cien años ningún gobierno había hecho tanto por el pueblo venezolano como el gobierno”, aseveró.

La cantidad de venezolanos que viven en la pobreza disminuyó más entre el 2004 y el 2007, pero luego la reducción se estancó. Esto melló las cifras de fieles del presidente, aunque se mantienen en alrededor del 50% en el último año. Chávez no cree que esto lo ponga en riesgo. “Para esos que dicen que hay un voto oculto o que los chavistas votarán contra Chávez, es una cosa así como que los marcianos están en el sol”, declaró hace poco.

Oscar Schémel, director de la consultora Hinterlaces, confirmó sus palabras: “Al día de hoy, la primera opción la tiene el presidente Chávez. Ese es nuestro escenario más probable. El escenario menos probable es el triunfo de Capriles y por brecha mínima”. A diferencia de anteriores campañas en las que aparecía hasta en cinco actos consecutivos el mismo día, Chávez luce más pausado aunque mejor de lo que esperaban sus adversarios tras someterse a tres cirugías y tratamientos de quimioterapia y radioterapia contra el cáncer. En tanto, los seguidores de Capriles creen que su maratónica campaña “casa por casa”, con la que ha recorrido varias veces el país, puede hacer la diferencia el día de la votación.

El oficialismo afirma que tras Capriles está el intento de la vieja derecha venezolana de cambiar el rumbo del país hacia terrenos cercanos al neoliberalismo y a los intereses norteamericanos. Si hay algo en claro es que ambos proyectos son antagónicos. El primero promueve la participación popular frente a las presiones externas, la segunda la sumisión a Washington; una, la elaboración colectiva de las políticas públicas, frente a la satanización del rol interventor del Estado en la economía; la integración de nuestros pueblos, frente al esquema económico neoliberal.

Chávez, de 58 años y casi 14 en la presidencia, promete que tras ganar las elecciones hará “irreversible” el proyecto socialista en el país con las mayores reservas de petróleo del mundo, que han permitido al gobierno financiar multimillonarios programas para los pobres. Capriles, del partido Primera Justicia (socialcristiano), intenta ser el rostro renovado de la derecha con viejas ideas.

INTEGRACIÓN
Más allá del debate interno, el triunfo o la derrota de Chávez tendrá consecuencias fuera de las fronteras, donde se pusieron en práctica mecanismos de integración y defensa de los recursos naturales y la bioenergía de los pueblos. No hay que olvidar que Chávez propició el debate sobre los Tratados de Libre Comercio (TLC), el mecanismo a través del cual el imperio buscaba controlar las fuentes energéticas, imponer su supremacía militar y someter al mundo a una nueva etapa de dominio.

En una jugada de ajedrez, Chávez logró aliarse con Fidel Castro, Néstor Kirchner, Evo Morales, Rafael Correa y Lula Da Silva para proponer una alternativa no exclusivamente económica a los mecanismos de integración existentes. Iniciativas como UNASUR, Alba, Banco del Sur, Sucre, son solo algunas de las respuestas a los esquemas de integración neoliberales que se produjeron en esos años y que se busca liquidar con la derrota chavista.

Un triunfo de Chávez consolidaría una nueva etapa de la Revolución Bolivariana: la del reimpulso de las misiones sociales, la de la integración continental y la profundización del “Socialismo del Siglo XXI” que tanto escándalo provocan en las burguesías cipayas. Eso y muchas cosas más se juegan en la elección.


Efraín Rúa
Editor de Mundo


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