Una voz que falta ser escuchada

Todos los estudios y la realidad misma demuestran que los índices de pobreza, desnutrición, deficiente educación tienen mayor incidencia en los pueblos indígenas, centrándose en las mujeres, niños y adolescentes.

| 03 diciembre 2012 12:12 AM | Especial | 1.2k Lecturas
Una voz que falta ser escuchada
Foro Internacional “Mujeres y Pueblos Indígenas contra la violencia: Desafío y Estrategias”.
MUJERES INDÍGENAS

Más datos

Según cifras oficiales en Perú existen 43 lenguas andinas y amazónicas agrupadas en 19 familias lingüísticas.

En lo que va del año, el Ministerio Público recibió a través de su página web un total de 778 denuncias desde diferentes ciudades del país.

La violencia contra la mujer comienza en la infancia y es en la familia donde principalmente se ejerce, donde más del 80% de las violaciones las perpetran miembros de la familia de la víctima, y mayoritariamente a edades muy tempranas, cuando esta no pasa de ser una niña.
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Cuando hablamos de violencia hacia la mujer, lo primero que se nos viene a la mente es la agresión a una mujer de ciudad, o aquella que vive en la periferia de la misma. Sin embargo, desde el otro lado del ring se encuentran las miles de mujeres indígenas luchando solas contra la violencia, la discriminación y el racismo, pues no cuentan con un Estado ni sociedad que las proteja.

En el marco del Día de Eliminación de Violencia contra la Mujer, conmemorado cada 25 de noviembre, se celebró el Foro Internacional “Mujeres y Pueblos Indígenas contra las Violencia: Desafíos y Estrategias”, organizado por el Enlace Continental de Mujeres Indígenas de las Américas (Ecmia), conjuntamente con la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú (Onamiap) y Chirapaq.

Este encuentro, en el que participaron 30 organizaciones de mujeres indígenas del Perú y otros 23 países, tuvo por objetivo discutir sobre los escenarios de la violencia contra la mujer y niña indígena, su impacto y los esfuerzos por parte de las organizaciones para contrarrestarla y trazar las rutas hacia su erradicación, de manera conjunta con el Estado.

Durante la actividad, se recordó que la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas, en su artículo 71, suscribe que estos tienen derecho a la vida, la integridad física y mental, la libertad y la seguridad de la persona, así como el derecho colectivo a vivir en libertad, paz y seguridad como pueblos distintos y no ser sometidos a ningún acto de genocidio ni a ningún otro acto de violencia, incluido el traslado forzado de niños del grupo a otro grupo.

Pero las representantes de los pueblos indígenas de diversos países se preguntan si esto se cumple, pues sostuvieron que el Estado y la misma sociedad (empresas multinacionales y población en general), en muchas ocasiones, excluyen a las comunidades indígenas, llegando a actos de violencia indirecta contra la mujer.

Para Tarcila Rivera Zea, presidenta de la Asociación Indígena Chirapaq, centro de Culturas Indígenas del Perú, la mujer indígena es una víctima silenciosa de la violencia del Estado y la sociedad, y en mayor grado que la mujer citadina, pues asegura que ésta última tiene al menos acceso a las instituciones del Gobierno en busca de protección, a diferencia de las de la sierra.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), alertó en el 2010 en un estudio que la pobreza en el Perú alcanza a 78% de la población indígena de entre 3 y 17 años, comparado con el 40% de los que tienen el castellano como lengua materna.

La investigación, que usó cifras oficiales de entre 2007 y 2009, indica que la población indígena en Perú supera los cuatro millones, de los cuales más de un millón son niños, niñas y adolescentes.

Las cifras muestran que más de la mitad de las escuelas indígenas no cuentan con agua, luz, ni desagüe. Un ejemplo de estas carencias son las escuelas de los Yine, que viven en la provincia gasífera de La Convención, Loreto y Ucayali.

La misma investigación muestra que la falta de documentos de identidad, que dificulta la precisión en los programas de ayuda social, es mayor en los indígenas selváticos. Los Asháninkas, la mayor etnia amazónica, tienen al 25% de niños de entre tres y cinco años sin partida de nacimiento.

La titular de Chirapaq aseguró que la violencia no es solo una acción física o psicológica, sino también es toda forma de exclusión o discriminación que padece cualquier mujer pobre o de cualquier estrato socio-económico. Agregó que se suman otras formas de exclusión hacia las féminas indígenas por su cultura, por parte de la sociedad y de estar aisladas del sistema nacional del Estado, son las más maltratadas, pero esto sí en silencio absoluto.

También señaló que muchas de las formas de violencia se deben al ingreso de empresas dentro de su territorio y la llegada de la tecnología. Asimismo, consideró que el hecho de no contar con recursos hace que las niñas no accedan a los estudios; pero si el Estado les ayuda a acceder a este derecho, es de una u otra forma condicionada con un cambio en sus vidas, lo cual no quieren aceptar.

Estas mujeres no solo reclaman una inclusión social, educación y salud dentro de sus territorios, así como su protección; sino una batalla sin tregua contra la tala ilegal de madera y la explotación de recursos naturales, a los cuales consideran su hogar y que de manera indirecta el ir contra estos las afecta llegando a violencia.

“En muchos casos las mujeres indígenas quedan como sustento de su familia por abandono, migración o porque simplemente sus esposos desaparecieron por culpa de las mafias que acechan los bosques; de esta violencia somos víctimas las mujeres”, indicó una representante de la Comunidad Awajún, tras asegurar que ella fue víctima de este tipo de violencia.


Tarcila Rivera, presidenta de la Asociación Indígena Chirapaq.

INFORMACIÓN DESAGREGADA
La existencia de una información desagregada ayudaría a obtener un índice sobre la violencia hacia las mujeres indígenas, y a mejorar la situación de las mujeres indígenas, ya que sólo se realizan estudios sobre la violencia, basada en la mujer de ciudad.

“¿En qué estudios se han presentado un número de casos de violencia en la mujer indígena? Como organización de mujeres, estamos analizando información y queriendo realizar un documento para incidir una investigación (…) quisiéramos contar con información detallada sobre el índice de casos de violencia hacia la mujer indígena”, manifestó Rivera.

La presencia activa de las mujeres indígenas dentro de la sociedad por medio de sus representantes, es sin lugar a dudas un aliviante a la situación de exclusión en la cual se encuentran. “Nosotros tratamos de fortalecer la presencia de la mujer indígena en la sociedad y la política”, señaló Rivera.

“EN POLÍTICA NOS USAN DE RELLENO”
“Se habla de derechos ciudadanos y participaciones políticas, ¿en qué condiciones están las mujeres indígenas en esto, en qué condiciones son llamadas a participar?”, se pregunta Rivera. Ella misma se responde: “nos usan de relleno (…) Muchas lideresas son invitadas solo para cumplir la cuota, luego no tienen poder de decisión, no la escuchan. Son círculos viciosos que se repiten. Esto es violencia estructural proveniente del Estado”, manifestó.

La lideresa de Chirapaq señaló que a comparación de Guatemala y México, naciones latinoamericanas con gran presencia indígena, nuestro país tiene lo peor porque, por ejemplo, “el Viceministerio de Interculturalidad, que tiene que ver con políticas de cultura, no tiene un presupuesto decente. Dentro de ello no existe programa para las mujeres indígenas (…) la política peruana debe tener el rostro de la multiculturalidad de nuestro país de manera descentralizada”.

Durante el período de violencia política ocurrido entre 1980 y 2000, más de dos mil mujeres fueron víctimas de abuso sexual y 850 de otras formas de agresión (desnudos forzados, prostitución forzada y tocamientos indebidos), según el informe del Consejo de Reparaciones, las cuales hasta el día de hoy no tienen acceso a los servicios de salud del Seguro Integral de salud (SIS).

Para Rivera, esto es un claro ejemplo de que la violencia hacia la mujer no es un tema considerado importante para el Estado, “hasta la actualidad no se ha cumplido con las reparaciones. No hay apoyo ni ayuda para que ellas superen la violencia armada, mucho menos habrá apoyo para una indígena, víctima de la discriminación, racismo y violencia de la sociedad y de sus familiares”.

LIMA CON POBLACIÓN INDÍGENA
Según un estudio del 2007 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) a través del Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE), bajo el nombre de “Diagnóstico Sociodemográfico de los Pueblos Indígenas en el Perú”, existen más de 100 mil indígenas en Lima.

El informe indica que los distritos con mayor población indígena son: San Juan de Lurigancho, San Juan de Miraflores, Miraflores, Ate, Villa María del Triunfo, Villa el Salvador, San Martín de Porres y Comas.

En el actual gobierno del presidente Ollanta Humala, el Congreso de la República cuenta por primera vez con un representante indígena perteneciente a una etnia amazónica. Se trata de Eduardo Nayap Kinin, del pueblo Awajún, de la bancada oficialista.

Si bien para las representantes indígenas esto es un avance, consideran que la meta será cumplida cuando una mujer perteneciente a su comunidad esté dentro de la política y logre cumplir sus demandas de progreso.

Como conclusión de este foro, las representantes de organizaciones indígenas, enviaron una carta al Secretario General de las Naciones Unidas-Nueva York, Ban Ki-moon, en la que le mencionaron que existe “un gran vacío de información desagregada, en estadísticas, censos e investigaciones relacionadas a pueblos y mujeres indígenas en particular”.

TESTIMONIOS

GUATEMALA
María Everarda Tista, representante de la Comunidad Lingüística ACHI.
“El racismo y discriminación hacia la mujer indígena es más fuerte que el existente dentro de la sociedad civilizada. En muchos casos la mujer nativa no tiene poder de decisión dentro de su hogar, ni mucho menos dentro de su comunidad”.

BRASIL
Iranilde Barboz, representante de la Comunidad de Sao Jorge.
“La mujer indígena no exis-te para el gobierno. Somos lo último y por esto sufrimos mucho. El espacio político para la mujer nativa no existe. Muchas han muerto por defender sus tierras. Me pregunto ¿Por qué esto pasa con la mujeres indígenas, pero no con las mujeres de la civilización?”.

COLOMBIA
Arelis Uriano, representante de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC).
“Hemos sido víctimas no solo el conflicto armado si no por la presencia de multinacionales en media selva. Están siendo desplazadas y estigmatizadas. Se está persiguiendo a las lideresas. No se ha llamado a las mujeres víctimas del conflicto para pedir su opinión. Nuestra voz es importante porque hemos sido las víctimas”.


Carmen López
Redacción


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