Una tempestad indígena

En la Cordillera de los Andes, una serpiente descomunal que se extiende desde la Antártida hasta el Caribe, a lo largo de más de siete mil kilómetros, ya no existe esa utópica visión del cronista de Indias, sino un espacio de contradicciones para explorar y explotar sus recursos naturales, bajo una aparente o engañosa preocupación por las condiciones geológicas y ambientales, y el absoluto desprecio por sus pobladores.

Por Diario La Primera | 25 jul 2010 |    
Una tempestad indígena
(1) La demanda de decidir sobre los territorios indígenas es firme. (2) La Amazonía, depredada sin clemencia, es defendida por los nativos. (3) La defensa del hábitat es reivindicada por los zapatistas mexicanos.

No hay día en que no aparezcan noticias referentes a concesiones petroleras o de otras riquezas de la Amazonía y de los Andes que se superponen a los espacios que les pertenecen a las comunidades indígenas y campesinas. Sus pobladores no aceptan estas incursiones porque la ciencia y la propia realidad demuestran que los megaproyectos empresariales afectan a las aguas limpias, a los bosques y a la salud de sus habitantes. Solo en la Amazonía peruana han sido registradas 4,200 especies de mariposas. ¿Por qué destruirlas?

El apocalipsis de los Andes no solo es contra su riqueza natural. Amenaza las culturas. Empezando por el turismo, considerado la industria sin humo y que en todos los países de América Latina ha corroído los valores locales y las identidades nacionales. Los estados y las empresas ofrecen paraísos con habitantes nativos sonrientes, con danzarines casi desnudos en los aeropuertos y con amabilidad y generosidad puesta a prueba del visitante extranjero. En tanto, la maquinaria diplomática latinoamericana, afincada en las grandes ciudades del norte desarrollado, asume conductas alejadas de sus realidades nacionales, cuando debería ser un referente para construir esa ineludible tercera y nueva cultura que nos trae la globalización, sin maltratar a sus coterráneos migrantes.

Como afirma la lingüista canadiense Mary Louise Prait, hay muchos que siguen pretendiendo funcionar “con la idea de que la cultura es lo que se desarrolla una vez que un grupo tiene asegurada la subsistencia, y se define como todo aquello que existe más allá y por encima de la “mera” supervivencia”. En su obra The Image and Culture of Love in the Andes remarca que en su país se ha logrado entender que el país que no acepta el consentimiento de la numerosa minoría indígena, no habrá solución integradora.

Se quiere desconocer que para los pueblos indígenas contemporáneo el idioma, la religión, la cosmogonía, los hábitos de la vida diaria, la visión histórica, la educación, el conocimiento, la sabiduría, las relaciones con la tierra, el espacio, los mares, los cielos, las plantas y los animales, la ética de producción y consumo, todo ello forma parte esencial de lo que está en juego en la supervivencia.

Al Consejo Directivo de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep) le asiste razones para rechazar las observaciones del Ejecutivo a la Ley de Consulta aprobada por el Congreso de la República, porque “ignora sus obligaciones constitucionales e internacionales en perjuicio de los derechos humanos de los pueblos indígenas”.

Democracia
Un gobierno deja de ser democrático si soslaya las leyes locales y los compromisos internacionales. La Constitución del Perú en su Art. 1 señala el respeto de la dignidad humana, y en el caso de los pueblos indígenas, demanda que estos sean consultados cada vez que se prevean acciones o normas que puedan afectarles directamente.

Además, existen diversos antecedentes jurídicos que avalan la causa indígena. La Corte Interamericana de Derechos Humanos ya falló a favor de la Comunidad Mayagna (Sumo) Awas Tingni vs. Nicaragua y de Saramaka vs Surinam, afirmando que “los indígenas por el hecho de su propia existencia tienen derecho a vivir libremente en sus propios territorios…”. Igual derecho lo estipula el Convenio 169 de la OIT (arts. 6 y 7) y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los Pueblos Indígenas (arts. 27 y 32).

Además, existen mineros nacionales que ya comparten la necesidad de que para ingresar a un espacio territorial del Perú hay que pedir permiso a sus propietarios. En el caso de los Andes, casi todos los cerros tienen dueño, empezando por los antiguos comuneros. A partir de ese punto pueden iniciarse las negociaciones para acceder al subsuelo que propiedad del Estado.

Veamos otros antecedentes, el Congreso Peruano aprobó el 19 de mayo último la “Ley del Derecho a la Consulta Previa a los Pueblos Indígenas u Originarios reconocidos en el Convenio 169 de la OIT”, con la valoración de los propios Pueblos Indígenas, el Tribunal Constitucional y la Defensoría del Pueblo. No obstante, el Ejecutivo ha observado la ley, con el fin de priorizar su adhesión a un modelo de desarrollo que confunde los intereses de las transnacionales con el interés nacional y exacerba el conflicto social, explican los dirigentes nativos.

De Cajamarca a Chiapas
El apocalipsis contra a los nativos no es reciente. Arranca, en 1562, treinta años después de llegada de Pizarro en Cajamarca, antes de la caída del último representante de la dinastía Inca. Una petición de varios centenares de jefes indígenas dirigida a la corona de España dice: “Que nos guarden nuestras buenas costumbres y leyes que entre nosotros ha habido y hay, justas para nuestro gobierno y justicia y otras cosas que solíamos tener en tiempo de nuestra infidelidad”.

Por cierto, La Primera Nueva Crónica y Buen Gobierno, Introducción a Guamán Poma de Ayala, citada por John V. Murra, es una comunicación también europea, porque no había escritura alfabética en los Andes y las líneas del poder y legitimación no están claras. Las responsabilidades mutuas de conquistadores y conquistados están en proceso de negociación, no obstante la súplica que encierra.

Las culturas no se destronan como los imperios. Rigoberta Menchú considera que “confundir los pueblos indígenas con la naturaleza y aceptar este juicio se tendría que aceptar que los indígenas son interpretados como animales en extinción”, escribe Elizabeth Burgos, en el famoso testimonio de la lideresa guatemalteca, publicado en París y que va por la 27ava. edición. En Guatemala desde los años ochenta ha surgido una red de intelectuales mayas que persiguen un proyecto cultural de carácter notable y singular. El Movimiento Zapatista de Chiapas se está esparciendo por todo el mundo con una crítica enérgica y fascinante no solo local sino de todo México y el planeta, gracias ahora a la revolución tecnológica de las comunicaciones.

Avances y tragedias
Bolivia tiene ahora un presidente indígena que ha logrado ampliar los espacios culturales y políticos internos y en toda la región.

En el Caribe, la exacción de los recursos naturales no difiere del sur. Información reciente sobre las Bahamas precisa que 4 millones de turistas visitaron el país de 300 mil habitantes. La promoción turística se alimenta con la degradación del poblador local. No hay símbolo más fotografiado que el policía negro con su atuendo colonial. Así como cuando fue colonia de Inglaterra, las Bahamas a menudo se sitúan en un plano de existencia inferior e imaginario, escribe Ian Gregory Strachan, en God’s Angry Babies, que habla del Fantasma de Colón, presente en el turismo, el arte y la identidad de ese archipiélago atlántico de 24 islas y centenas de islotes.

Haití fue destruida en enero último por un terremoto más fuerte que 35 bombas sobre Hiroshima y el proceso de reconstrucción es el más grande negocio del siglo. Sin embargo la diáspora haitiana es una de las más intensas de la historia y al mismo tiempo el cordón umbilical más fuerte que se haya visto jamás. La haitiana Edwidge Danticat escribe que “ningún lugar pertenece a ninguno de nosotros como piensan muchos de los aborígenes americanos de estas y otras tierras. Todos definimos nuestra diáspora, nuestra nostalgia de manera personal. No es uno o dos lugares, una o dos culturas, sino la mezcla, el café con leche que creamos”

No obstante los esfuerzos de algunos estados y de la sociedad en general, hay mucho por hacer. “No tenemos otro mundo para mudarnos”, sostiene Gabriel García Márquez, al condenar el incesante manejo salvaje y despiadado del capital, empezando por la cuenca del Orinoco de su país natal, Colombia, amenazado por el narcotráfico, las FARCs, paramilitares, bases militares de los EEUU, relaciones quebrantadas con Venezuela y una economía que sigue siendo próspera para una minoría.

“No quiero flores en mi funeral, porque sé que irán lacrimógenas a los bosques ...”, decía Chico Mendes (1944-1988), el recolector de caucho y sindicalista que luchó contra la extracción de madera y la expansión de los pastizales sobre el Amazonas. Fue asesinado frente a su casa. En 2003, el presidente Lula da Silva eligió a Marina Silva, compañera de Chico, ministra del Medio Ambiente.

Ahora sobre ese espacio amazónico, está en fase de lograr la aceptación de las comunidades nativas para que los consorcios brasileños Central Asháninka y Egasur prosigan la construcción de hidroeléctricas: Paquitzapango, en Junín, e Inambari, entre Puno, Madre de Dios y Cusco. Estos proyectos demandarán una inversión de US$5.600 millones y generarían unos 3.500 megavatios (MW), un 80% de todo lo que consume el Perú, señalan fuentes de Brasilia. La red vial en la amazonia brasileña en los últimos 30 años, se ha multiplicado 10 veces, habiendo provocado centenas de asentamientos humanos. La producción de biocombustibles es un proceso más reciente, que acelera el cambio de uso del suelo en esa región.

Historia para no olvidar
La cuenca amazónica, la más extensa del planeta, cuenta con más de mil tributarios y es sinónimo de diversidad cultural con 420 pueblos indígenas distintos, 86 lenguas y 650 dialectos.

Unos 150 científicos y expertos advierten la hecatombe amazónica, desde la perspectiva ecológica, hidrográfica y político administrativa: “Perspectivas del medio ambiente en la Amazonía - Geo Amazonía”, PNUD 2009, concluye que el ecosistema global que comparten Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Guyana, Suriname y Venezuela está en serio peligro, realidad que se complica porque los Estados se resisten a trabajar realmente juntos, buscando consensos. El chauvinismo a ultranza y la empresa individual están por encima del destino final del planeta.

El modelo de desarrollo de esta región, si lo hubo, ha variado. En ella se expanden rápidamente los monocultivos, como soya, caña y ganadería tecnificada, en Bolivia y Brasil. Los megaproyectos viales y energéticos, atraviesan la tupida selva, ríos y pantanos, con millones de toneladas de cemento y fierro.

Sin olvidar los siglos del XVI al XIX, período de la colonización europea y exacción de los recursos naturales, diferentes investigaciones comparten “no haber duda que ya será imposible conservar la integridad del ecosistema amazónico completo”, por cierto, si continúan aquellos inversionistas que hacen tabla rasa de la responsabilidad social.

La riqueza natural y la cultura de los pueblos debe superar ese debate dogmático y cada vez más estéril entre quienes exigen más Estado y otros solo el libre mercado. Lo que está de por medio, es la búsqueda de consensos, de reflexiones, aceptando la sabiduría y la historia de los pobladores nativos. “Hay que llevar el arco iris a la casa”, reflexiona el profesor francocanadiense Roch Carrier, como defensa del valor del multiculturalismo.

Jorge Zavaleta Alegre
Colaborador

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