Una naranja nada mecánica

Un gran signo de interrogación se eleva sobre el futuro del fujimorismo, pese a su segundo lugar en las elecciones.

| 17 julio 2011 12:07 AM | Especial | 773 Lecturas
Una naranja nada mecánica
OPINIÓN

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Aun así, existen dudas sobre la coherencia de la nueva bancada. Los 13 parlamentarios fujimoristas electos para el periodo 2006-2011 pertenecían al núcleo más cercano a Fujimori, cuya lealtad quedó comprobada a lo largo de los años. Sin embargo, en el 2011, veinte nuevos parlamentarios fujimoristas son invitados, independientes o líderes regionales, cuya identificación real con la agrupación está por verse en los próximos meses.
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A pesar de la derrota electoral, a primera vista el fujimorismo tiene varios logros qué enumerar. Ha consolidado en un electorado fiel a un proyecto político, a partir de cierto grado de militancia, el agradecimiento a un ex presidente controvertido, el asistencialismo y la creencia en el “todo vale”.

Asimismo, tiene a su favor el arraigo, en un sector de peruanos, de una memoria que soslaya los crímenes de Alberto Fujimori, así como sus faltas éticas, a favor de su supuesta eficacia en materia de pacificación y política económica. Y, además, cuenta con la segunda bancada en importancia en el Congreso.

Sin embargo, debe hacer frente a retos difíciles, sobre todo para construir una identidad y una estructura que vaya más allá de su líder, preso en la DIROES. Veamos estas dificultades.

El reto inmediato: Ser oposición
En teoría, con 37 parlamentarios el fujimorismo debería ser la principal fuerza de oposición al gobierno de Ollanta Humala.

Durante el quinquenio que termina, ha sido la bancada más sólida, votó siempre en bloque y solo al final sufrió dos bajas. Además, contó con operadores como Rolando Souza y Santiago Fujimori, quienes se encargaban del trabajo cotidiano en el Congreso, mientras Keiko Fujimori recorría el país y completaba sus estudios de maestría.

Aun así, existen dudas sobre la coherencia de la nueva bancada. Los 13 parlamentarios fujimoristas electos para el periodo 2006-2011 pertenecían al núcleo más cercano a Fujimori, cuya lealtad quedó comprobada a lo largo de los años. Sin embargo, en el 2011, veinte nuevos parlamentarios fujimoristas son invitados, independientes o líderes regionales, cuya identificación real con la agrupación está por verse en los próximos meses.

Además, ni Souza ni Santiago Fujimori estarán en este periodo congresal, por lo que la disputa sobre los operadores parlamentarios está abierta. En el papel, Keiko Fujimori tendría que ser la líder más visible de la oposición. Con Toledo con un pie en el oficialismo, Susana Villarán abocada a sus tareas municipales (y compartiendo parte del espectro político con Humala) y los demás líderes políticos incinerados, sólo queda Alan García para disputarle dicho espacio. Aunque ya sabemos de la habilidad del ex presidente y del APRA para convertirse en oposición.

Albertistas vs. Keikistas
Pero Keiko no las tiene todas consigo en el partido. El desarrollo de la última fase de la campaña electoral y las declaraciones públicas de Carlos Raffo contra Jaime Yoshiyama han hecho notar la disputa entre quienes desean que AFF siga siendo el timonel del barco y quienes quisieran consolidar tanto el liderazgo de Keiko como un viraje que les permita sobrevivir a la desaparición física del ex autócrata.

En el primer grupo se encuentran los que consideran que la candidata perdió las elecciones por no enfatizar el legado fujimorista y por intentar pedidos de perdón que no fueron creíbles. Aquí están la mayoría de voceros cuyos gazapos verbales (o raptos de sinceridad) terminaron siendo un lastre para la candidata.

En el segundo sector están quienes quisieran transformar al fujimorismo en una derecha popular, liberal en lo económico (enfatizando tanto en lo técnico como en los emprendedores, no en ciudadanos), pero profundamente conservadora en temas sociales, políticos y en materia de derechos humanos. Y ello con el liderazgo de alguien con menos anticuerpos que el inquilino de Barbadillo, es decir, su hija.

Los dos sectores coinciden en una agenda de punto único: la liberación de Alberto Fujimori; es la definición de cómo lograrlo lo que los separa. Por un lado están los que ya claman por el indulto humanitario y la compasión en cuanto programa de radio o televisión se presentan. Por el otro, quienes apuestan aún por los hábeas corpus de Nakazaki bajo la siguiente premisa: apelar al indulto implicaría que las sentencias quedarían firmes y, por tanto, Fujimori pasaría a la posteridad como un delincuente.

Colofón
Es notorio que un sector del fujimorismo quisiera representar una opción política conservadora, enfatizando en el orden, la inmovilidad del modelo económico y el clientelismo como única forma de integración de los pobres al país. Pero para ello deberán convencer a quienes se aferran al recuerdo de Alberto Fujimori de enterrarlo políticamente para todo efecto práctico.

De no hacerlo, probablemente el fujimorismo tendrá el mismo destino que predecesores como la Unión Revolucionaria de Sánchez Cerro o la Unión Nacional Odriísta. Luego de la desaparición o declive político de sus líderes, pasarían a ser la representación de los conservadores más radicales, perdiendo con ello a sus bases sociales para luego disolverse, como hizo Fujimori con el Congreso en 1992.


José Alejandro Godoy
Revista Ideele

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