Una ley para el abuso juvenil

En una clara sustentación del carácter de la ley que suprime derechos laborales hasta los 25 años, el presidente Ollanta Humala dice que los jóvenes deben “pagar derecho de piso” y decide tratarlos como reclutas de cuartel cuando empiecen a trabajar.

| 24 diciembre 2014 08:12 AM | Especial | 4.7k Lecturas
Una ley para el abuso juvenil
Una ley para el abuso juvenil
Por: Agustín Haya de la Torre
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Desde los atropellos laborales de la época de Alberto Fujimori, cuando se despidieron arbitrariamente a decenas de miles de trabajadores y se cambió la Constitución para restringir derechos fundamentales, el país no vivía una ofensiva semejante.

Los sectores patronales más duros insisten en la letanía de los sobrecostos laborales. Entienden por tales, todo lo que tenga que ver con la seguridad social y derechos elementales, como las vacaciones, gratificaciones, utilidades, compensación por tiempo de servicios e incluso la duración de la jornada. Factores creados por el trabajo o que permiten la reproducción social de la riqueza en mejores condiciones, pero que el afán de lucro pretende negar.

Humala no repara en discriminar y excluir de los derechos sociales a los más jóvenes. Un sector al que el Estado debe brindar todo el apoyo, ofreciendo servicios de calidad y garantizando sus derechos, sufre un grave atropello. El comandante decide que los puede tratar como sirvientes, como suelen zarandear a los que entran al cuartel. El objetivo apunta a favorecer la codicia de empresarios que no creen en la economía social de mercado.

Quitar la compensación por tiempo de servicios, las gratificaciones, los seguros de vida y de riesgo, la participación en las utilidades, recortar las vacaciones y anular la asignación familiar; resulta un retroceso a épocas superadas. Lo peor es que el nacionalismo no se da cuenta de que todos somos iguales ante la ley, que no puede suprimir derechos porque un ciudadano no cumpla aún 25 años.

El daño que causa Humala genera una profunda indignación en la juventud. Precisamente en la etapa de la vida en que los ideales se contrastan con la realidad, constatan que el Estado, que monopoliza y universaliza las garantías para el ejercicio de los derechos, los avasalla. Los jóvenes que, por necesidad, ya se encuentran sometidos al trabajo precario y esclavizador que les ofrece el capitalismo salvaje, descubrirán que al intentar formalizarse, las condiciones no serán muy diferentes. En lugar de alcanzar un trabajo decente, con derechos plenos, lo harán en condiciones muy parecidas a la informalidad, que no desaparece sino que invade al Estado.

Por vergüenza, ni siquiera convocaron al Consejo Nacional del Trabajo, para acabar sometidos a las consignas soñadas por el ala extremista del fujimorismo neoliberal. Su nueva maestra y guía, la siempre reaccionaria Martha Chávez, presidenta de la Comisión de Trabajo, les aprobó encantada el proyecto del Ejecutivo.

Al igual que con la ley universitaria, que elimina la autonomía como en la dictadura militar, el blanco, en esta abusiva e inconstitucional supresión de derechos, vuelve a ser la juventud.

Agustín Haya de la Torre

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Colaborador 9324 La Primera Digital