Una fiebre peligrosa

Brillante como el Tayta Inti, los señores del antiguo Perú lo lucían en sus atuendos. En las ceremonias religiosas pre hispánicas se empleaban objetos de culto fabricados con él. Nuestros antepasados lo extraían, más nunca padecieron de la “fiebre del oro”. Esta llegó con la conquista. Cuando el mito de “El Dorado” y el “vale un Perú” recorriera el viejo mundo suscitando ambiciones desmedidas.

| 17 mayo 2012 12:05 AM | Especial | 1.3k Lecturas
Una fiebre peligrosa
EL ORO
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Para perplejidad de los europeos, Américo Vespucio en Mundus Novus se refirió a pueblos que vivían en comunidad y despreciaban el oro. Y Voltaire en su obra “El Cándido” compartió la leyenda: niños del sur andino jugaban con oro y, ajenos a toda noción de codicia, lo regalaban al forastero que visitaba el lugar.

Nada menos que una habitación casi repleta de oro fue el costo de la promesa del rescate por el Inca Atahualpa.

Los españoles –en pleno auge mercantilista- implantaron las minas. ¿Cuánto oro se llevaron? Hay quienes lo han calculado y lo reclaman como deuda impaga. (Sin embargo, en las últimas dos décadas, la cantidad de oro que salió de las entrañas del Perú ha sido cientos de veces más que la exportada en tiempos de la colonia.)

NO TODO LO QUE BRILLA…
Para la suntuosidad de la liturgia católica tradicional, con él se produjeron objetos artísticos de laboriosa orfebrería: custodias, cálices, patenas, altares. Sin duda, símbolos radicalmente ajenos al mensaje que Jesús de Nazaret buscara transmitir cuando en su última cena compartiera el pan y el vino con sus discípulos antes de lavarles los pies e invitarles a hacer de sus vidas un servicio a los demás.

No todo lo que brilla es oro, ciertamente. Pero todavía hay mucho oro en nuestra Patria.

El oro marcó nuestro pasado. Su dilema, atraviesa nuestro presente. ( Y más de 500 años después, también desde las tierras de Cajamarca). De su solución dependerá - de alguna manera - nuestro futuro.

Una de las locuras en las que el mundo actual está inmerso, es la del exorbitante precio de este codiciado metal. Su inmenso valor monetario genera una rentabilidad jamás imaginada y que distorsiona todo. Irracionalidades de la economía global.

JEQUES Y NARCOS
¿En qué se usa el oro hoy? La mayor parte se destina a joyas (¡oh paradoja!, parece que principalmente para la India). Algunos jeques árabes y narcotraficantes con él revisten hasta sus baños. Otra muy buena parte descansa como lingotes en las bóvedas de los bancos.

Es decir, el oro como ostentación y el oro como refugio financiero. No para contribuir al bienestar de la humanidad.

A lo largo y ancho de la Tierra, los inversionistas intentan obtenerlo en los lugares más inverosímiles de nuestro cada vez más vulnerable Planeta.

En el Perú, empresas transnacionales y nativas, individuos con afán de ganar dinero y humildes trabajadores, son buscadores de oro como sea y en donde sea.

DAÑO AMBIENTAL
Los estragos los conocemos: Cajamarca es un ejemplo de la acción irresponsable de una gran empresa y Madre de Dios de una perversa complicidad entre la minería ilegal y empresas formales.

Esta “fiebre del oro” - versión siglo XXI- coincide con la más grande amenaza que ha encarado la humanidad en toda su historia: El Calentamiento Global y el Cambio Climático.

Hoy se están derritiendo los nevados, se están reduciendo las fuentes de agua, los ecosistemas frágiles están siendo afectados, se acelera la pérdida de biodiversidad y la Amazonía, patrimonio ecológico de la humanidad, corre el riesgo de sabanizarse.

En ese contexto, es contraproducente pretender llevar a cabo actividades extractivas en zonas frágiles como glaciares, cabeceras de cuencas altoandinas o páramos pues agravará el problema del agua y los impactos en los ecosistemas. Es asimismo inaceptable hacerlo desforestando la Amazonía.

LÓGICA DEL LUCRO
Dado el altísimo precio del oro, oponerse a su extracción en un área donde éste abunda, resulta incomprensible bajo la lógica imperante, guiada exclusivamente por las ganancias. ¿Por qué los peruanos seríamos tan tontos de no aprovechar esta gran ventaja para beneficio de todos?

Pero a la luz de criterios sociales, ambientales y de respeto a los derechos culturales de las comunidades locales, esa postura expresa una coherencia que es necesario saber escuchar.

Es verdad que con mayor extracción (en el caso de la actividad formal) habría mayor recaudación de impuestos y con ello, se incrementarían los ingresos del Estado y por ende habría más para redistribuir y avanzar en la “inclusión social” que todos queremos.

EL COSTO FUTURO
Pero también lo es que a futuro, cuando los precios del oro hayan bajado, vamos a lamentarnos por haber sacrificado por él ecosistemas invalorables, lagunas y bosques amazónicos que ya nunca volverán, armonías naturales que jamás regresarán.

Nos daremos cuenta que por la ganancia inmediata prácticamente vendimos nuestra alma al diablo contribuyendo a agudizar los impactos de un irreversible Calentamiento Global.

Cuando constatemos dramáticamente que a largo plazo el agua y la conservación de los acuíferos o de nuestros bosques resultaban significando mucho más que el oro para nuestras vidas, ya será demasiado tarde para arrepentirnos.

Cuando la guerra del agua se convierta en una realidad por su escasez, cómo echaremos de menos este fundamental bien común!

Cuando suframos los efectos de una Amazonía devastada, cuán absurdo encontrarán las próximas generaciones el comportamiento de quienes las precedimos, seducidos por este ídolo perturbador que nos hizo perder la cabeza y nos sumió en la más absoluta insensatez.


Rocío Valdeavellano
Colaboradora


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