Una conspiración en guaraní

Han pasado casi seis meses desde la ilegal destitución del expresidente paraguayo Fernando Lugo, y pocos saben la verdad sobre los entretelones de la caída del denominado “obispo de los pobres”, apenas faltaba nueve meses para dejar el cargo. Por ello, LA PRIMERA ha recogido información de la Agencia Pública de Brasil, medio independiente de la Internet que informa más detalles de lo ocurrido en Curuguaty en junio del 2012.

| 19 diciembre 2012 12:12 AM | Especial | 1.7k Lecturas
Una conspiración en guaraní
Fernando Lugo fue sacado del poder mediante una conspiración sangrienta a pocos meses de terminar su mandato.
EL GOLPE BLANCO
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La mayoría de los medios de comunicación de América Latina, ya sea por desidia u otros intereses corporativos superiores (como los de la Sociedad Interamericana de Prensa, por ejemplo), trató los sucesos de Curuguaty de junio del 2012, que provocaron la caída de Fernando Lugo, como una mera información, con los hechos que se conocían. Solo algunos calificaron el tema como “golpe asolapado”.

Pasados varios meses, solo la Agencia Pública de Brasil profundizó más sobre el hecho político más importante de la historia reciente del Paraguay. IDL – Reporteros, un espacio parecido en el Perú, reprodujo en español los informes de la periodista Natalia Viana, que dieron más de un dato revelador.

LA PRIMERA ha tomado parte de esta información difundida por estos medios virtuales para conocer a fondo cómo fueron los hechos que provocaron la salida del poder de uno de los presidentes que formaba el bloque “progresista” de América Latina, que pese a los intentos de diversos poderes por desbaratarlo, aún permanece.

Pero antes debemos conocer los antecedentes de la llegada de Lugo al poder, y el contexto de la política paraguaya para comprender cómo se llegó a esto.

LOS ANTECEDENTES
Antes de que Lugo asumiera la presidencia en agosto del 2008, el Partido Colorado había gobernado el Paraguay por 61 años, incluyendo la larga dictadura de Alfredo Stroessner (1954 – 1989). Esta agrupación política, orientada al conservadurismo, dejaba el gobierno, pero aún tenía el poder, gracias a su bancada en el Congreso, algunos gobiernos locales, y sus vínculos con el poder económico.

En la otra esquina estaba el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), que surgió como fuerza opositora, de manera clandestina durante la dictadura de Stroessner. Pasó a tener este nombre, en 1978, como heredero del antiguo Partido Liberal fundado en 1887.

Tras la restauración democrática en 1989, el Partido Liberal intentó llegar al poder en varias elecciones, pero nunca lo consiguió. No obstante, se erigió como la oposición visible a los Colorados, que pese a continuar en el poder con victorias en las siguientes elecciones (1993 con Juan Carlos Wasmosy, 1998 con Raúl Cubas, y 2003 con Nicanor Duarte), iba perdiendo electorado y adherentes.

Al mismo tiempo, ya había surgido en el terreno político la figura de Lugo, cercano a la Teología de la Liberación, quien saltó a la escena apoyando los reclamos de los campesinos que demandaban una mejor distribución de las tierras, en manos de poderosos terratenientes, en pleno siglo XXI.

Gracias a este protagonismo, Lugo aparecía en los sondeos de opinión como el preferido de la ciudadanía para ser candidato en las elecciones del 2008. Sin embargo, no tenía un partido político.

Sabiendo que si bien tenía apoyo popular, pero no una maquinaria política, un año antes de los comicios Lugo se inscribe en el Partido Demócrata Cristiano, para ser habilitado como candidato a la presidencia. Luego, este partido se afilia a la Alianza Patriótica por el Cambio, que incorpora al PLRA en la coalición.

Lugo es designado como candidato de la coalición, mientras que el líder del PLRA era postulante a la vicepresidencia en la fórmula. El religioso vence en las justas electorales del 20 de abril del 2008, con 40,8% de la votación, seguido de Blanca Ovelar, del gobernante Partido Colorado, con 30,7%.


Golpista Federico Franco.

EL GOBIERNO DE LUGO
Luego impulsó reformas en su régimen, como el mejoramiento gradual del sistema de salud, y la distribución de computadores entre escolares. Sin embargo, contrario a lo que se esperaba, no realizó grandes cambios en el modelo económico.

Su mandato estuvo marcado también por hechos como las denuncias de supuestos hijos no reconocidos (de los cuales al final se supo que solo uno era suyo) de cuando era obispo, hecho por el que después pidió perdón públicamente. Si bien el tema era cuestionado éticamente, la avalancha de denuncias tenía objetivo político. En 2010, anunció que padecía cáncer, enfermedad de la que finalmente pudo recuperarse.

Empero, Lugo trató de impulsar la reforma agraria, algo que nunca había ocurrido en el Paraguay, como sí ha sucedido en otros países latinoamericanos. Las tierras aún estaban en poder de terratenientes o latifundistas, moneda corriente en la región hasta por lo menos la década de 1970. Pero en este país mediterráneo no había pasado. A esta bandera de Lugo se oponía el Partido Colorado, que tenía algunos militantes propietarios de grandes extensiones de terreno agrícola.

Al mismo tiempo, el PLRA mantenía fuertes tensiones dentro de la alianza gubernamental. Las discrepancias del vicepresidente y líder liberal, Federico Franco, con el entonces presidente eran cada vez más evidentes. A esto se sumaba que su agrupación en la coalición, el Frente Guazú, tenía solo tres diputados de 80 y tres senadores de 45. “No teníamos cuadros, no teníamos apoyo político, era solo confrontación”, dijo Lugo a la Agencia Pública de Brasil.

LA CAÍDA
Todo comenzó en mayo del 2012, cuando la hacienda Campos Morombi, de la localidad de Curuguaty, propiedad del exsenador colorado Blas Riquelme, fue tomada por cientos de campesinos que protestaban por una mejor distribución de la tierra. El 15 de junio, el Ministerio del Interior ordenó el desalojo.

Esto produjo violentos enfrentamientos que dejaron 17 muertos (11 campesinos y seis policías). El ministro del Interior, Carlos Filizzola, del Frente Guazú, renunció al cargo. Ante los trágicos sucesos, Lugo manifestó su respaldo a las fuerzas de seguridad, y colocó en el puesto de Filizzola a Rubén Candia Amarilla, exfiscal General del Estado. También anunció la creación de una comisión investigadora con el apoyo de la Organización de Estados Americanos.

La oportunidad fue aprovechada por la oposición y por sus “enemigos íntimos” del PLRA en el Senado, que el 22 de junio, sin haberse investigado los hechos debidamente, y sin un debido proceso, abrieron un juicio político contra Lugo, que terminó con su destitución con 39 votos a favor y solo cuatro en contra.

Este hecho fue calificado como “ruptura del orden democrático” por la mayoría de gobiernos de América Latina. A consecuencia de esto, Paraguay fue suspendido como socio del Mercosur con el voto de Argentina, Brasil y Uruguay (Chile se opuso), y además perdió la presidencia pro témpore de Unasur, que recayó en el Perú.

¿QUÉ PASÓ?
El principal acusado de los sucesos de Curuguaty, el campesino Rubén Villalba, carga sobre sus hombros la unánime acusación de la prensa paraguaya, que lo sindicó como el autor intelectual de la masacre.

Además, como señala el informe de la Agencia Pública, compartido por IDL Reporteros, “los demás dirigentes de la ocupación de los sin tierra que, como él, decidieron resistir la reintegración de la posesión el 15 de junio están muertos; su esposa está en prisión domiciliaria a 400 kilómetros con su hijo de siete meses”. Estaba indefenso.

El presidente golpista de su país, Federico Franco, lo llamó asesino y afirmó que protagonizó una emboscada a policías que “resultó en la muerte de seis de ellos”.

El informe de Pública señala enfáticamente: “Contra él están el fiscal, el juez y el breve presidente Federico Franco, cuyo mandato termina en agosto de 2013 y que depende, en gran parte, de que se mantenga la versión de que los campesinos emboscaron a los policías porque ‘el presidente Lugo se mostraba siempre con las puertas abiertas a los líderes de estas invasiones, dando un mensaje claro sobre su apoyo a esos actos de violencia y comisión de delitos’ como declara el documento del impeachment”.

Pública le dio la oportunidad a Villalba, a contracorriente de la prensa oficial, de dar su versión de los hechos. “… me golpearon cuando fui preso (…) Había mucha tortura psicológica, ‘vos sos el que mató al fulano, vos sos del (grupo guerrillero) EPP, decían. Se me sumió encima del lomo, en la espalda, y dijo ‘Hurra’. Me parece que era un trofeo, me parece…”.

Según el reportaje de Natalia Viana, en la investigación fiscal no hay resultados de las autopsias y de balística. También se halló una cápsula de bala 5,56 fabricada en los Estados Unidos, que únicamente puede ser usada por policías o militares, lo cual deja un indicio de que hubo francotiradores en la zona.

También señala que “hay indicios de adulteración de la escena del crimen y de los cadáveres; un arma apareció de la nada; testimonios anónimos; y policías que cambiaron sus versiones de los hechos. Otro hecho cuestionable es que la investigación fue realizada por Jalil Rachid, de 33 años, hijo de Bader Rachid, militante importante del Partido Colorado.

La fiscal Ninfa Aguilar falló irregularmente a favor de Riquelme, y en enero de este año la Cámara de Diputados pidió al ministro del Interior de Lugo, Carlos Filizzola, que ejecute el desalojo en función del fallo, a pedido del diputado colorado Óscar Tuma.

Por último, apareció un informe de la Plataforma de Estudio e Investigación de Conflictos Campesinos (PEICC). El informe de PEICC da cuenta que un documento del médico forense Pablo Lemir “llegó a afirmar que los policías fueron muertos por disparos de arriba para abajo”, con lo cual se pone en evidencia que alguien más estuvo detrás del enfrentamiento. Además, mostraron un video en el que se ve a los policías manipulando los cuerpos de los campesinos.

Todas estas irregularidades en la investigación, más la manipulación de los hechos, dan cuenta de que no hubo un debido proceso, tanto en el juzgamiento de los supuestos responsables en lo fiscal, como al expresidente Lugo en lo político. Aunque la “verdad oficial” parece mantenerse, los hechos reales, como la tierra bajo la alfombra, salen a la luz, tarde o temprano.


Víctor Liza
Redacción


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