Un partido liberador de Alberto Fujimori

Un día de esos, Vladimiro Montesinos mostró su disgusto por la falta de dignidad y entereza con la que Fujimori llevaba su condición de prisionero. Un líder no se arrastra clamando su condición de enfermo y persona mayor, para lograr el perdón de sus adversarios, fue más o menos lo que dijo, dejando en claro que hasta el vilipendiado exasesor al que se le presenta como un vulgar delincuente podía tener mayor sentido de la política y de la historia que el hombre que alguna vez disolvió a los demás para imponer su dominio absoluto sobre todos.

| 01 diciembre 2014 04:12 PM | Especial | 1.6k Lecturas
Un partido liberador de Alberto Fujimori
Un partido liberador de Alberto Fujimori
Por: Raúl Wiener
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Me viene este asunto al recuerdo cuando veo la discrepancia entre keikistas y albertistas, que sacude el fujimorismo, en la que los segundos han llegado a formar tienda aparte para imponerles a los primeros la idea de que la prioridad es sacar al exdictador de su cómoda prisión, que ya no soporta, por cualquier medio y al más corto plazo. Keiko y sus congresistas deben pensar como el exasesor que el espectáculo de desesperación del padre por cada día en la Diroes, hace daño al proyecto político que tratan de construir. Mientras que Alberto Kenya y sus compinches piensan que ese es el sumun de la deslealtad.

En una sola semana, Fujimori y el abogado Willian Castillo, recibieron tres sonoras cachetadas: primero los jueces que dijeron que no existía el arresto domiciliario para los sentenciados y tumbaron sin mayor debate el recurso legal del pobre Fujimori con 76 años y diversas enfermedades; a continuación, el fallo de la Suprema que no encontró motivos para revisar la sentencia, sin ningún elemento nuevo de prueba; y finalmente, el chasco que se llevó la voleibolista que presentó un proyecto de ley, presumiblemente de factura albertista, que proponía establecer que los presos de más de 75 años podían ser derivados al arresto domiciliario, independientemente de la naturaleza de los delitos cometidos, que fue desestimado por la propia bancada fujimorista.

Como todos hemos visto, esto desató las iras del exmandamás que no zapateó contra los jueces sino contra los que se han olvidado que sigue siendo el líder de ese conglomerado que se le reconoce con su apellido. Un líder curioso que está formando otro partido y que no toma en cuenta los intereses de su organización sino los suyos propios. En el fondo Alberto Kenya está presumiendo que su hija no llegará nunca a ser presidenta y que si no hacen presión ante el débil gobierno de Humala, podría pasarse otros cinco años tras las rejas. Los keikistas deben creer al revés que la bandera de la libertad de su fundador ya no convoca y que la única estrategia para sacar al impaciente de la Diroes es tener paciencia hacia las elecciones del 2016. Es una lucha política, de la baja política, que ni siquiera alcanza a la dignidad que reclamaba el exasesor.

Raúl Wiener


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