Un muerto más

-Un muerto más... y entramos en el primer mundo.-escribió ayer un joven peruano en su cuenta de Twitter.

 

| 09 octubre 2011 12:10 AM | Especial | 2.6k Lecturas
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De inmediato, otro le respondió:

-¡Estás loco!... Ya estamos en el primer mundo. ¿No lees las noticias? En todo el país, hay por lo menos cincuenta crímenes diarios.

-No me refiero a eso.-respondió el primero.-Me refiero muertes con clase… Como la del estadio nacional...

Supongo que los dos fanáticos de este tipo de “glorias” peruanas deben de estar haciendo memoria del sujeto que no tuvo problema en apuntar contra el corazón de una niña de siete años y dispararle.

Recordarán también a las bestias que han dejado paralizada a otra niña, la pequeña Romina.

Leerán las primeras páginas de los periódicos según las cuales 13 mil pandilleros rondan las calles de Lima, y harán una comparación despreciativa con otras capitales de América. Uno por uno, revisarán y olisquearán los cadáveres que llegan cada noche a la morgue de Lima, y se sentirán felices de haber llegado al primer mundo.

Ambos estarán en lo cierto porque éste es el paraíso neoliberal, la nueva sociedad, que comenzó a construir Fujimori y que su más reciente apologista, el Dr. García, ha calificado de ingreso en el primer mundo.

CONSUMISMO
¿Cuales son las características visibles de esta nueva sociedad?... A la entrada, a la salida y en todos los barrios de las ciudades, centenares de supertiendas y millares de compradores a crédito.

En la casa, la televisión, un medio cuyo propósito es amansar, domesticar y robotizar. En los estadios y en las calles, las caras pintarrajeadas, los microbuses salvajes, las drogas, las pandillas de criminales, la barbarie.

Nada se resuelve poniendo más policías en las calles ni endureciendo las penas ni multiplicando la población carcelaria. En el Perú, se hace evidente una severa crisis de posibilidades y expectativas en medio de una sociedad consumista.

Aquel que no tiene crecientes capacidades de consumo queda excluido de la gloria, la estimación y el éxito. No tiene un sitio que ocupar en la nueva sociedad. Es un vergonzoso perdedor.

No se trata de un país en crisis económica o desempleo. Es un asunto de cultura, de valores y de principios que han sido arrasados para edificar un Perú más fácil de ser vendido a las empresas transnacionales.

GOLPISMO
No es raro que la primera medida tomada luego del autogolpe del 5 abril haya sido la derogatoria de la constitución. Sepultada aquella, se mete en el mismo nicho a ese hermoso proyecto nacional que es la suma de aspiraciones colectivas contenida en el preámbulo.

La segunda medida fue la criminalización de la lucha social. Valiéndose del pretexto de la lucha antiterrorista, el gobierno de Fujimori utilizó todas las fuerzas públicas así como el poder judicial-previamente puesto a su servicio-para reprimir a los movimientos sociales, perseguir a sus dirigentes e incluso desaparecerlos.

No es justificable que un individuo empuñe las armas contra el estado cuando existen instituciones y caminos legales para hacer escuchar su protesta o su propuesta de cambio. Sin embargo, no lo es tampoco que el estado responda con la matanza de individuos y comunidades ajenos al conflicto.

Y así fue como se procedió. La ejecución sumaria ha poblado de sepulcros anónimos nuestros campos. La crueldad de prisiones que más parecen calabozos perpetuos o tumbas para enterrar a hombres vivos ha sido aplicada todo el tiempo a través de procesos judiciales anómalos.

BARBARIE
La dictadura y la construcción del estado neoliberal suponen también la banalidad, el “bullismo”, la despolitización y el despojo de la dimensión ética en el alma de los jóvenes.

Eso es lo que estamos viendo ahora. La barbarie es el verdadero rostro del capitalismo neoliberal.

Si no desmontamos los aparatos impuestos por la dictadura-el acta que nos guía, la represión perversa de la lucha social, los llamados al egoísmo y al hedonismo contenidos en sus panfletos- nada vamos a lograr así pongamos un ejército ocupando Lima.

Un joven comentará mañana en su cuenta de Twitter que un 20 por ciento de los peruanos son obesos, y que eso nos acerca al primer mundo. Es posible que un robusto ex mandatario se sienta muy feliz con ese pronóstico.

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