Un gran camino inca al descubierto

Además de construir grandes recintos que se mantienen hasta la actualidad, nuestros antepasados que habitaron el actual territorio peruano trazaron un Gran Camino Inca, que mantuvo comunicado a todo el Imperio del Tahuantinsuyo. La Ruta del Qhapaq Ñan, poco difundida en el país, y que se extiende desde Colombia hasta Chile, será presentada por nuestro país junto a nuestros vecinos ante la UNESCO para que sea nominada como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

| 24 octubre 2012 12:10 AM | Especial | 3.7k Lecturas
Un gran camino inca al descubierto
LA RUTA DEL QHAPAQ ÑAN
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LA PRIMERA visitó el sitio arqueológico Huaycán de Cieneguilla, una de las conexiones del Qhapaq Ñan y poco conocido por los limeños, que muchas veces prefieren mirar hacia el mar y no apreciar su pasado prehispánico.

Cuando a los peruanos se nos pregunta qué elementos de nuestro pasado prehispánico valoramos más, por lo general mencionamos las ruinas de Machu Picchu, las líneas de Nazca, o las cabezas clavas de la cultura Chavín. A menudo, también hacemos referencia a los famosos chasquis, aquellos vigorosos jóvenes que mantenían comunicados a los habitantes del mítico imperio del Tahuantinsuyo.

Sin embargo, poco se habla de los caminos que recorrían estos mismos chasquis para cumplir su cometido. Estos caminos estaban conectados por una gran red vial que demuestra el avance que aquel imperio, sin contacto con Occidente, había logrado en materia de comunicaciones.

Esta red vial es el Gran Camino Inca, conocido como Qhapaq Ñan, conformado por caminos conectados que tenían una extensión de aproximadamente 50 mil kilómetros, y abarcaba los actuales territorios de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina y Chile, y que comunicó e integró la costa con la cordillera de los Andes hasta la ceja de selva.

Desde la ciudad colombiana de Pasto hasta la localidad chilena de Talca, este gran sistema de caminos fue acaso la más importante de la América del Sur y acaso de todo el continente americano.

LA PRIMERA visitó una de las conexiones de esta antigua gran red vial, ubicada en el sitio arqueológico de Huaycán de Cieneguilla, en el valle del río Lurín y a una hora y media del centro de la capital, que forma parte del Gran Camino Inca que unía Jauja con Pachacámac, en una de las rutas transversales.

En este lugar pudimos apreciar los vestigios de la presencia de nuestros antepasados en esta zona, que aunque alejada de Lima y sin la impronta de Machu Picchu, está más a la mano de los ciudadanos limeños para que la visiten, siendo esta una forma de promover el turismo interno.

EL PROYECTO
Con el objetivo de difundir la importancia que tiene el Gran Camino Inca para la historia de nuestro país, además de promover su nominación como Patrimonio Cultural de la Humanidad, este proyecto ha lanzado una campaña denominada “Qhapaq ñan, caminando a través de nuestra historia”.

El coordinador del proyecto, Giancarlo Marcone, explicó que la idea es inscribir esta gran red vial ante la Oficina de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), para que esta organización la nomine como Patrimonio de la Humanidad.

Marcone reveló que la propuesta es presentada conjuntamente con Ecuador, Colombia, Bolivia, Argentina, y Chile, países por donde pasa el antiguo camino inca, y destacó que la iniciativa estuvo a cargo de nuestro país, proponiendo a sus vecinos hacer este pedido a la UNESCO.

Agregó que para enero del próximo año debe presentarse el documento, y que la evaluación del organismo internacional tardará un año, con lo que la oficialización de la nominación sería en el 2014.

“Este proyecto ya tiene diez años de implementación, y su objetivo es proteger y conservar esta gran red vial inca”, dijo Marcone, y añadió que se están haciendo trabajos para registrar por dónde pasaba el camino exactamente, los sitios arqueológicos, y contactar a las poblaciones cercanas para que puedan integrarse al trabajo de difusión.

Marcone expresó su confianza en que la presentación “será un éxito. Queremos informar del trabajo y esfuerzo que estamos haciendo”.


La restauración de las ruinas de Huaycán, Cieneguilla se realizan pacientemente.

LAS EVIDENCIAS
En la entrada a Huaycán de Cieneguilla luce un gran letrero del Ministerio de Cultura que reza “Programa Qhapaq Ñan: Proyecto de Investigación y Puesta de Uso Social Huaycán de Cieneguilla”. Al costado hay un camino de trocha, demarcado por piedras grandes y acompañado de un panorama de grandes rocas y unos pocos y solitarios arbustos, que conduce hacia el sitio a recorrer.

Recorriendo el corto camino, nos encontramos con unas ruinas en forma de laberintos, evidencia de presencia humana hace miles de años. Muy cerca de ellas está la institución educativa 6054.

A la espalda del centro educativo, en el acceso a las ruinas, se ha instalado un pequeño toldo, donde son exhibidas algunas piezas arqueológicas usadas en el pasado para diversas actividades, junto a trabajos de artesanía de los pobladores que viven cerca. También hay una réplica en miniatura de uno de los muros que después apreciaremos al entrar a las ruinas.

Siguiendo el recorrido de trochas, al subir unos cuantos metros de un cerro, podemos apreciar en pleno las ruinas, que desde arriba se ven como si fuera un laberinto. El arqueólogo Mario Ruales, uno de los integrantes del proyecto, señala que este es uno de los cuatro sectores donde han concentrado los trabajos de restauración, pues “es una de la zonas que mejor conservación ha tenido” a lo largo del tiempo.

Explicó que esta zona de las ruinas, denominada sector 2, ocupa cuatro de las 31 hectáreas de este territorio considerado intangible, que abarca los cerros aledaños e incluso un terreno donde hay chacras y áreas verdes.

Ruales manifestó que estas ruinas tienen unas seis calles que las articulan, y que conducen a lugares como plazas donde se realizaban ritos o ceremonias propias de la época. Afirmó que algunos de los recintos tienen ventanales, evidencia que eran lugares frecuentados por gente perteneciente a la nobleza, según algunos estudios realizados.

También destacó que si bien el recurso hídrico en el lugar era escaso, era muy bien aprovechado por los habitantes de entonces.

Ruales mencionó que hay una zona donde están concentradas especies de cactos en peligro de extinción, que son protegidos por el Ministerio de Agricultura. Además, detalló que cerca de las ruinas del segundo sector, hay evidencias que en la antigüedad hubo varios huaicos que pasaron por la zona.

De otro lado, reveló que los estudios han dado cuenta de que en este lugar se hacían ceremonias y rituales, y que hay evidencias de que varias de las habitaciones eran utilizadas como almacenes para guardar alimentos.

En cuanto a la conservación y restauración de las ruinas, el especialista Gino de las Casas dijo que primero se hizo un diagnóstico del estado de estas antiguas construcciones para poder luego plantear soluciones. Agregó que el proyecto fue presentado al extinto Instituto Nacional de Cultura, antes de la creación del Ministerio de Cultura.

De las Casas indicó que algunos muros han sido restaurados luego de minuciosos estudios del material utilizado por los antiguos habitantes, aunque precisó que no todos fueron reconstruidos porque podría afectarse la estructura. Agregó que unas fotografías del lugar, que datan de la década de 1970, ayudaron a poder ver cómo estaban las construcciones, puesto que con el paso del tiempo han seguido deteriorándose.



TRABAJO CON LA COMUNIDAD
Los trabajos de reestructuración y conservación de las ruinas de Huaycán de Cieneguilla no son realizados solamente por personal del Ministerio de Cultura. En estas acciones también han sido involucrados los habitantes de los centros poblados cercanos al lugar, como el de Las Terrazas, donde viven migrantes de las islas flotantes del lago Titicaca en Puno; y el denominado por el mismo nombre de las ruinas.

Marcone afirmó que la idea es “integrar a la población en el trabajo del proyecto, y que el sitio arqueológico se vincule a su vida cotidiana”. “Huaycán de Cieneguilla es uno de los sitios más importantes porque hay expresiones culturales de la población de esa época; y en Las Terrazas hay evidencias de presencia humana desde por lo menos el año 2,000 antes de Cristo”, destacó.

Afirmó que los trabajos en los que apoyan los pobladores “son iniciales, porque la investigación en las 30 hectáreas va a tomar tiempo”.

Además de los trabajos de restauración y conservación de las ruinas, el proyecto Qhapaq Ñan también realiza talleres educativos con la Institución Educativa 6054, en la que se habla de la importancia de los patrimonios culturales. Otro colegio cercano, llamado Víctor Raúl Haya de la Torre, también se ha vinculado al proyecto, y allí se ejecuta un programa piloto de defensa del patrimonio.

Todas estas actividades son realizadas gracias a la coordinación conjunta de los responsables del proyecto con un comité local de gestión en proceso de consolidación para que este sea un nexo con la población. Allí se involucra también a los jóvenes, que participan en faenas, representaciones artísticas, entre otras actividades.

Marcone reiteró que este proyecto “incluye a la gente, porque no tiene sentido si no se trabaja con ellos”. “Nos decían que en Lima no había grandes restos arqueológicos, pero hemos descubierto varios como este en los últimos años”, destacó.

Quien puede dar fe del trabajo conjunto entre la gente del proyecto y los habitantes del lugar es Néstor Pacompía, dirigente vecinal de Las Terrazas y delegado de los artesanos, quienes implementaron un toldo donde exhibieron sus trabajos.

“Fuimos capacitados por la gente del proyecto, tanto en temas dirigenciales y en cómo realizar nuestras artesanías. De esa forma hemos participado en el proyecto, conjuntamente con el apoyo del Ministerio de Cultura”, indicó Pacompía a LA PRIMERA, y añadió que también han apoyado en la restauración de las ruinas.

El dirigente vecinal reveló que su comunidad gestionó varios planos “para que el proyecto pueda marchar”. También anunció que han realizado un convenio marco con el Ministerio de Cultura para que puedan valorar un parque temático en la comunidad donde habitan, pues en ese lugar “hay una zona arqueológica a explorar”. “Anteriormente no conocíamos que había esta zona, pero gracias a las capacitaciones recibidas sabemos que puede ponerse en valor”, expresó.

Al respecto, Marcone sostuvo que el proyecto “tiene la posibilidad de demostrar que a través de los estudios no solo se logra una identificación, sino de mejorar la calidad de vida de la gente que vive cerca de este lugar”.


Víctor Liza Jaramillo
Redacción


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