Un diletante en Lima

“El hombre al que no le gusta escribir, escribe como los dioses”.

Especialista es quien conoce absolutamente todo acerca de una disciplina, la estudia cual monje de manera exclusiva y excluyente. Diletante, en cambio, es quien sabe un poco de muchas disciplinas.

| 30 abril 2013 12:04 AM | Especial | 2k Lecturas
Un diletante en Lima
Siempre regala un consejo de oro: “No escribas todo lo que se te ocurra, no publiques todo lo que escribas”.
Presenta “Otras disquisiciones”, un libro redentor que sorprende incluso al lector más exigente

Más datos

Y periodistas 
Alguien entra a una sala, donde conversan hombres y mujeres de prensa, y saluda: “Buenas noches, damas y caballeros”. Hurtado reclama: “Y periodistas”.

Poeta serás tú 
Antonio Cisneros y Víctor Hurtado caminan cerca la legendaria revista Marka y uno de los amigos grita: ¿A dónde van, poetas? Hurtado, adusto, responde: “¿Poeta? Poeta serás tú,…”.

Cuidado, hay damas 
En la redacción de Marka, la periodista Denis Merino pronuncia 10 palabras y le salen 12 términos soeces. Denis sigue rompiendo los tímpanos con sapos y culebras, con ajos y cebollas. Hurtado entonces se acerca y le dice: “Denis, cuidado que hay damas”.

Hoy es la presentación
El periodista y escritor Víctor Hurtado Oviedo presentará hoy, a las siete de la noche, su libro Otras disquisiciones, en el Instituto Raúl Porras Barrenechea (calle Colina 398, Miraflores, altura 52 Av. Arequipa, a dos cuadras del paradero Ricardo Palma del Metropolitano). Luego habrá conversatorio con el público.
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Víctor Hurtado es un diletante. Pero con una peculiaridad, él sabe mucho de muchas disciplinas. Algunos dicen que es hombre de letras. “Sí, tengo esa profesión, y como no existe, no puedo fracasar”, expresa.

El hombre de las seis décadas, ha venido a presentar su libro Otras disquisiciones aunque él sabe que los libros son como los hijos: Tienen que defenderse solos.

Ha llegado hace unos días desde Costa Rica, a dónde escapó en 1989 en busca de la felicidad. Cada vez que arriba a estas tierras se llena de recuerdos y los días se le pasan en conversaciones con los amigos. Lima le parece otra; pero la Inca Kola y la causa parecen ser las mismas.

Poco a poco los medios masivos empiezan a prestarle mayor atención y él acude ya a las cabinas de radio y a las estaciones de televisión a decir cosas importantes que los escritores desconocían. La fama lo va alcanzando, pero él sigue corriendo para esconderse.

El periodista César Hildebrandt, quien no obsequia elogios, ha escrito hace unos años: Hurtado tiene una prosa brillante.

Es uno de los representantes máximos de la lectura militante: subraya, festeja, anota, memoriza, critica. El periodista Julio Villanueva Chang me dijo cierto día que cada vez que oye su nombre lo imagina leyendo.

Hurtado aspira a una prosa de aluminio: ligera y brillante. “De tener yo una poética cabría en una en dos frases: ‘Ninguna línea sin figura, ni una línea de idea’”, escribió.

Decíamos que es un diletante. No se queda encerrado en una sola disciplina. Sale al campo para enamorarse de varias disciplinas. Por ahora está interesado en el funcionamiento del cerebro y el comportamiento del ser humano.

Le pregunté hace poco: ¿Desde cuándo la fascinación suya por estudiar la conducta humana?

Empezó hace años. Me pregunté por qué es malo mentir. Había respuestas varias, religiosas, incluso la tautología de decir que algo es malo porque es malo. Pero seguí investigando y encontré libros que indican que la ética tiene que ver con el lugar y la historia, que se modifica con el pasar del tiempo. Pero me di cuenta que la mentira está prohibida siempre, sin importar la cultura o la época, por tanto, es un conducta ahistórica que está al margen de las clases, los lugares, de las épocas. No cambia y es la naturaleza del ser humano, es decir, nacemos con instintos que nos orientan en un sentido ético. Después encontré un libro de 1906, de Karl Kautsky: Ética y concepción materialista de la historia. Este libro explica que somos seres gregarios, que nacemos con el instinto individual de la protección de uno mismo y con el instinto colectivo de no dañar al otro, no matar, no maltratar; de no mentir; no robar; ayudar al grupo; y obedecer a la autoridad en sentido positivo. Es la base materialista de ética.

Es un diletante curioso. Cuando le interesa un tema lo agota hasta convertirse casi en especialista. Ha escrito: “Ahora como (dicen) la naturaleza imita al arte, la biología confirma a la literatura. En su libro El cerebro femenino, la médica norteamericana Louann Brizaendine apela a la neuroquímica para demostrar que ‘los genes y las hormonas han creado (en los cerebros de las mujeres) una realidad que les dice que la relación es el centro de su ser’. Preocupadas por la cohesión social, las mujeres son muy solidarias, hablan más y, en la política, roban menos (o sea, es posible)”

LOS CAMINOS DE LA VIDA
Cuando era joven, deslumbrado por la prosa de Raúl Porras Barrenechea, ingresó en San Marcos a estudiar Historia, pero en el camino se le cruzaron los chicos y grandes de la Facultad de Letras y lo llevaron por los vericuetos de la poesía. Pero a él, le interesaba ya la literatura.

Alejado ya un poco de las aulas, aconsejado también por su sensibilidad social, entró a laborar en un diario limeño y lo pusieron a corregir textos y fue ahí que se dio que las palabras podían ser maltratadas de la peor manera.

Fue un gran corrector. Nadie se salvaba. Hasta los principales editorialista se avergonzaban de que un jovencito de unos veintitantos conociera mejor que ellos el uso apropiado de las palabras.

Como corregir tanto horrores era imposible decidió entonces escribir los textos él mismo y así terminó de pronto como cronista parlamentario, oficio del que tuvo que salir corriendo, asustado de la ignorancia descomunal de los parlamentarios.

Le dijo a un congresista amplio, a un gordo integral, que había asimilado hasta las críticas: “Su presencia deja un gran vacío y confirma la fuga de talentos”. El parlamentario, luego de quedarse un momento masticando las frases, le respondió: “Gracias”.

Tuvo que refugiarse en los suplementos culturales y en animar el debate político con hipótesis interesantes que dejaba absortos incluso a los más dotados sociólogos y politólogos de entonces.

De aquel tiempo es el libro Hayismo-Leninismo, una joya de exposición de ideas y argumentación a base de buen uso de las fuentes. Recomendable para nuestros analistas de hoy que se enredan con el lenguaje y al parecer se han enamorado de oscuridad. Creen que mientras menos se dejan entender son más interesantes.

De aquel tiempo también es el libro El periodismo de opinión, que es un análisis del columnismo peruano tomando como ejemplo a un grupo de bravos periodistas que con su prosa influyen en el pensamiento de la gente. Este libro poco conocido sirve a los estudiantes de periodismo de varias universidades.

Hacia 1989, tuvo que viajar a Costa Rica e ingresó de lleno en el mundo mágico y artificial de la literatura, en el sentido griego: Literatura es aquel texto que contiene figuras retóricas o figuras literarias. Se enamoró aún más de la prosa alucinante del español Francisco Umbral, y gracias a él llegó a entender por completo a clásicos como Quevedo, a quien leía ya desde muy joven.

Sus textos entonces se convirtieron en residencias de literatura. Mejoró algunos antiguos y, gracias a su amigo Lucho Valera y otros, publicó Pago Letras. Escritos desde el olvido, en 1998. El libro es tan bello que en 2004 tuvo una segunda edición reducida y aumentada, con algunos textos menos y con otros nuevos. Así salió Pago de Letras. Ensayos y artículos, que es ahora un libro clásico, celosamente custodiado por los grandes lectores.

Después de cinco años de la aparición de la segunda edición de Pago de Letras floreció en Costa Rica Otras disquisiciones bajo el sello de Uruk Editores y este mismo libro se visitó de color local y brotó más elegante aún con el sello Lápix, el 2012 en Lima.

Otras disquisiciones es la versión última de Pago de Letras. Es una versión mejor comida de aquel libro clásico y en cierta medida es el único libro de Víctor Hurtado, quien no es autor de libros sino de piezas magistrales en prosa.

Lo bueno es que en Otras disquisiciones el lector encontrará al auténtico Víctor Hurtado, con sus gustos y sus aborrecimientos de toda la vida. Nuestro diletante genial nos abre su vida en este libro hermoso. De algún modo es un libro autobiográfico porque habitan en él todos los temas que le interesan: filosofía, ciencias, gramática, literatura y música.

Por su sabiduría y su sentido del humor, es admirable Víctor Hurtado tal vez tan extraordinario como nuestro diletante famoso Abraham Valdelomar. Va por la senda de los grandes.



LUIS MIGUEL. “El bolero ha sobrevivido a la puntuación cubista de los cancioneros y a los tribunales de la semiótica; y ¿cómo no?: el bolero es eterno: ni ‘Luis Miguel’ pudo matarlo”.

“Felizmente, las masas nunca se equivocan, excepto en religión, arte y política. ¡Optimismo, entonces! ¡A juzgar por los gallos de ‘Luis Miguel’, se acerca una espléndida mañana”.



Autobiografía no autorizada 
Nací en Lima en enero de 1951. Resido en Costa Rica desde 1989. Aunque soy unisexual, también soy bigenérico: mis géneros son el bolero y el ensayo. Hace muchos años crucé por diarios y revistas que, pese a ser impublicables, se publicaban; en descargo, también eran ilegibles. Quizá algún día me arrepienta de lo que hice, mas por el momento sigo en el pecado con la única fuerza que me queda: la de la costumbre.

Además, con intermitencias que me hicieron recuperar indispensables energías, he sido corrector de imprenta, oficio inagotable gracias a la escuela primaria y a la televisión. No intento parecer cínico: claro está que censuro la Educación que recibe la juventud, pero no puedo ser ingrato con el analfabetismo funcional pues él nunca sabrá cuánto ha hecho por sobrevivencia.

En el tiempo ocioso que me deja la lectura, trabajo —de lo que me enorgullezco (me refiero al tiempo ocioso). He cometido muchas faltas, como las de ambición y de imaginación. Cuando noté que también estaba faltando a la verdad, preferí dejar el periodismo y dedicarme a la literatura porque ella otorga impunidad que el periodismo no alcanza. Ser mentiroso es malo, aunque parecerlo es peor.

Yo siempre he detestado escribir, y la verdad es que no sé qué hago aquí. No escribo libros: escribo artículos panem lucrando; luego, ellos se buscan, se encuadernan entre sí porque se sienten solos y porque hay cierta distinción en que se los olvide siendo libros en vez de que se los olvide siendo hojas de periódicos.

No creo yo llegue a ser longevo (a mi edad ya lo hubiera sido), pero sí estoy seguro de que sobreviviré a mis obras: lo contrario no me servirá de nada (la verdad sea dicha por esta vez). El curso de los días es una materia de estudios que algunos no aprueban ni con la muerte. Ojalá que éste no sea mi caso, pero, francamente, ¿qué importa después?

Deseo que este libro de artículos y ensayos me justifique ante la Historia cuando arribe el día improbable en el que la Historia se acuerde de los anónimos: yo escribí muchos.


Paco Moreno
Redacción


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