Un criminal con sotana

El período del papa Benedicto XVI, que abandonará la silla pontificia este 28 de febrero, estuvo marcado por los múltiples escándalos de pederastía que se pusieron al descubierto gracias a las denuncias de los familiares de las víctimas de estos hechos, y de la prensa no vinculada a la Iglesia Católica.

| 27 febrero 2013 12:02 AM | Especial | 1.3k Lecturas
Un criminal con sotana
El caso de Marcial Maciel es una prueba de la impunidad de la que gozan, en secreto, muchos de los líderes de la Iglesia Católica, institución que vive una de las crisis má
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De todos estos casos, el más emblemático (y escandaloso) es el del sacerdote mexicano Marcial Maciel, fundador de la asociación seglar Regnum Christi y de la congregación católica Legión de Cristo. Las innumerables denuncias de abuso sexual de menores contra Maciel fueron tan evidentes que la misma Legión de Cristo las reconoció y se desvinculó del sacerdote.

En un contexto en el que ocurre la primera renuncia de un papa en seis siglos, sumado a la grave crisis que afecta al Vaticano por las luchas de poder y casos de inmoralidad y corrupción, es importante conocer la historia de Maciel, un hombre que aprovechó su imagen de religioso para cometer pecados tan abominables, que el más devoto de los cristianos se volvería ateo de la vergüenza.


SUS INICIOS
Marcial Maciel Degollado (es su apellido materno) nació en el pueblo de Cotija de la Paz, en el estado de Michoacán, el 10 de marzo de 1920, siendo el cuarto de los hijos de Francisco Maciel y Maura Degollado Guízar.

Su tío, Jesús Degollado Guízar, integró los ejércitos que se oponían a la Constitución de 1917, surgida de la Revolución Mexicana, que concebía al Estado como laico y restringía la participación de la Iglesia Católica en diversos asuntos, durante la denominada Guerra Cristera (1926-1929).

En 1936 viajó a la Ciudad de México para comenzar su formación sacerdotal, bajo la batuta de su tío Rafael Guízar y Valencia, a la sazón obispo de Veracruz. Cinco años después, en 1941, funda la congregación denominada Misioneros del Sagrado Corazón y de la Virgen de los Dolores, una misión que enfatizó su trabajo en la educación, y que luego cambiaría de nombre a Legión de Cristo.

El 26 de noviembre de 1944 es ordenado sacerdote en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, en la capital mexicana. En 1946 visitó en Roma al papa Pío XII para exponerle sobre el proyecto apostólico y educativo que fundó hace cinco años, tema que el sumo pontífice acogió con beneplácito.

Gracias a la venia del papa, Maciel instaló en Roma, en 1950, el Centro de Estudios Superiores de su congregación. Quince años después, el papa Pablo VI otorgó el “Decreto de Alabanza” a la Legión de Cristo, que quedó reconocida por el derecho universal de la Iglesia Católica.



AUGE
El apogeo de la congregación fundada por Maciel llegó durante el papado de Juan Pablo II, debido a la cercanía del sacerdote mexicano al sumo pontífice. Estuvo cerca de él en sus visitas a México en 1979, 1990 y 1993, y formó parte de varias comisiones en las que fue designado por el papa polaco.

El 3 de enero de 1991, día del 50 aniversario de la fundación de la Legión de Cristo, Juan Pablo II ordenó a 60 sacerdotes legionarios en Roma. En 1994 Maciel cumplió cinco décadas de ordenación sacerdotal, y el papa le envió una carta de felicitación.

Pero la venia de Juan Pablo II no fue lo único que sirvió de apoyo a Maciel para consolidar su congregación, además de la asociación seglar Regnum Christi, fundada en la misma fecha de los Legionarios.

El periodista estadounidense Jason Berry, del National Catholic Reporter, en su crónica “How Fr. Maciel built his empire” Cómo Maciel construyó su imperio, da cuenta de las estrategias usadas por el sacerdote para relacionarse con la aristocracia mexicana y la curia romana, obteniendo donaciones económicas poco santas.

Sin embargo, cuando parecía que su estela brillaba más cerca del cielo, Maciel comenzó a ver el infierno.

ESTALLA EL ESCÁNDALO
La primera denuncia contra Maciel tuvo lugar en 1997, cuando ocho exmiembros de los Legionarios enviaron una carta a Juan Pablo II, en la que denunciaban abusos sexuales contra ellos de parte de su líder, y que ni la congregación ni la Iglesia Católica atendió.

Ante esta acusación y otras más que se fueron acumulando, Maciel abandonó la Legión de Cristo en el 2004. Ese mismo año, el cardenal Joseph Ratzinger, que luego sería el papa Benedicto XVI, en su calidad de prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, permitió seguir las investigaciones canónicas por abuso sexual.

Sin embargo, siendo sumo pontífice en el 2006, Ratzinger anunció algo increíble: el cierre de las investigaciones debido a su avanzada edad y estado de salud, y pidiéndole al mismo tiempo que se retire del sacerdocio “para consagrarse a una vida de oración y penitencia”. Bastante benigna la decisión papal.

Aunque en un principio la Legión de Cristo quiso resistirse al “castigo” impuesto por el Vaticano, según reveló el periodista estadounidense Berry; posteriormente aceptaron la decisión, y cuatro años después reconocieron los abusos sexuales y otras fechorías de Maciel.

La aceptación llegó demasiado tarde, pues Maciel falleció en Florida, Estados Unidos, el 30 de enero de 2008, en medio del escándalo y el repudio de la sociedad mexicana, que trascendió las fronteras continentales. Así de tarde, como los resultados de la investigación del Vaticano, que en 2010 reconoció que “los testimonios incontrovertibles” sobre la conducta de Maciel eran contundentes.



LOS HIJOS SECRETOS Y EL PLAGIO
Un año después de la muerte de Maciel, el matutino estadounidense New York Times reveló que el sacerdote tuvo una relación con Norma Hilda Baños, y procreó una hija llamada Norma Hilda Rivas, durante la década de 1990. El hecho fue confirmado por los legionarios de Cristo en Roma, y el director de la congregación, Álvaro Corcuera, convocó a sus comunidades para informarles sobre el hecho, que causó impacto entre los integrantes.

La periodista mexicana Carmen Arístegui entrevistó en su programa de radio, ese mismo año, a la señora Blanca Estela Lara Gutiérrez y sus hijos Omar, Raúl y Cristian. Tanto Blanca como los dos últimos reconocieron haber sido pareja e hijos de Maciel, respectivamente. Además, Omar y Raúl narraron los abusos sexuales que realizó el sacerdote durante ocho años.

Pero Maciel no solo tenía hijos ocultos, sino que plagiaba textos. Su obra “El salterio de mis días: 98 meditaciones”, que es libro de cabecera de los Legionarios de Cristo, es casi el 80% del texto de “Salterio de mis horas”, del abogado y político católico Luis Lucia Lucia (1888-1943). Hasta el título es casi una copia. El hecho fue reconocido también por la congregación, como otros tantos sapos que ha tenido que tragarse gracias a las andanzas de su fundador.

Así como Maciel, hay otros tantos casos de abusos sexuales, trampas, engaños y tropelías que algunos sacerdotes católicos han cometido, gracias a la inmunidad (e impunidad) de la que gozan. La pregunta es si la Iglesia Católica, inmersa acaso en la peor crisis de su historia, seguirá apañando esta inconducta de algunos de sus líderes, o hará una limpieza como la que Jesús realizó en el templo de Jerusalén hace casi 20 siglos.


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