Un amor, un desafío

Se conocen hace más de ocho años, tiempo en el cual aprendieron a batallar contra todo y ante todos, conservando la ilusión de haber traído un ángel Azul al mundo.

| 19 julio 2009 12:07 AM | Especial | 5.7k Lecturas
Un amor, un desafío
(1) Soñó ser músico. Ahora compone canciones de cuna. (2) Ser padres intensifica aún más sus ganas de vivir.

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DETALLE

Los proyectos de Luis seguirán girando en torno a la música. Acaba de formar el grupo de rock Armada, junto a ex integrantes de Leuzemia, banda de culto en la movida nacional. Cristina por su parte no descarta tener un hijo más, pues la vida les sonríe desde que se unieron para caminar y enfrentar lo que ellos llaman la fortuna de verse en un espejo Azul, que le pide y exige continuar luchando.
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Recién casados, con decenas de proyectos por realizar Luis Sanguinetti y Cristina Guerreros se unieron ante la ley, como dice el lugar común, hace algunos días, luego de enfrentar y sufrir numerosos problemas burocráticos causados por los prejuicios y desconocimiento de gran parte del país en el tema del VIH – sida. Él, músico y compositor desde los 17 años, convirtió su pequeño cuarto en un estudio de grabación, entre guitarras y baterías aprendió a lidiar con la fama que consiguió muy temprano, mientras tocaba sus primeros acordes. Ella, empresaria, diez años menor que él, jamás pensó verse envuelta en la movida del rock subterráneo.

Ambos portan lo que llaman la “gripe” del sida. Los dos consideran que la vida es benévola con sus sueños, que la enfermedad no es sinónimo de abandono, por el contrario, creen oportuna la prevención por evitar llegar a fase sida, prevención que los mantiene con vida. La entrevista se realizó en un chifa céntrico de la calle Capón, allí estaban sentados cerca a la mesa, esperando disfrutar un taypá. Él, vestía de negro clásico, ella, irradiaba energía.

“El sida es como una gripe, el cuidado debe ser minucioso. Jamás sentimos discriminación, pues ambos sabemos lo que padecemos. El problema del portador VIH es no tratarse, la falta de información y la vergüenza social hace de esta enfermedad una patología incurable”, nos comenta Luis. Claudio (15) y Azul (6) son el pilar y fuerza de esta pareja. Para ellos la exclusión viene del paciente, pues gracias a la cooperación internacional un portador puede vivir y desarrollar su vida de forma normal, siendo su promedio de vida de 60 años. “Tomamos retrovirales de manera frecuente, el costo para mantenerse bien de salud es alto, pero con el debido respeto por tu enfermedad no es complicado”, añade Cristina, mientras arregla a Luis para las fotografías. En el Perú hay en la actualidad más de 200 mil enfermos de sida y miles mueren al año, víctimas además de la exclusión.

-¿Qué diferencia existe entre el portador y el que desarrolla la fase sida?
Cristina. El portador es aquel que contrae el virus, pero no lo padece. La fase sida es la etapa terminal, cuando tus defensas celulares disminuyen hasta un grado de 200, es ahí donde debes empezar a tomar los retrovirales.

-¿Cuándo supieron que iban a ser padres, no tuvieron temor de que su hijo sufra lo mismo?
Luis. En eso hay una desinformación habitual en nuestro país. Al comentarle al doctor que íbamos a ser padres, este inmediatamente le puso un cateter a mi esposa, una especie de filtro para que, al alimentarse en el útero materno, el bebé no se contagie. Hay tres condiciones básicas para tener un hijo sin problemas de contagio. La primera es que el parto sea por cesárea, la segunda es que el bebé no lacte de la madre y por último que la madre lleve un tratamiento exhaustivo para soportar el embarazo.

-¿De qué manera solventan sus medicamentos, y qué tendría que hacer una persona que ya sufre este mal?
Cristina. El gobierno nos abastece con las medicinas, lo único que nos pide es que llevemos una vida ordenada. Existen muchas entidades que ayudan a los que padecemos este mal. Pero la mejor manera de evitar un gasto es informando a la población sobre lo propenso que estamos de contagiar y contagiarnos de esta enfermedad. Si educáramos a los niños desde el colegio acerca del uso correcto de los preservativos, no tendríamos que destinar dinero en una enfermedad controlable. A nuestra hija ya le hemos comentado acerca de nuestra enfermedad, de manera simple le dijimos que somos portadores, y ella entre risas solo atinó a decir, ‘los quiero mucho papis, ustedes no se van a morir’.

-¿Qué hacer con una población que discrimina constantemente?
Luis. Estamos ante un problema social-nacional. Siempre habrá personas que nos señalen, pero de nosotros depende cambiar esa imagen de excluidos y condenados sociales. El hecho de reconocer ante el país que tenemos sida, debe servir de ejemplo para que, aquellos que lo padecen, entiendan que somos tan iguales y normales como los demás. Si uno se siente enfermo, pues lo estará. Nuestra pelea es por miles de infectados, que desean hacer una vida normal, en un país que entienda que la tolerancia es el mejor saludo.

-¿Fue complicado casarse en un país donde las apariencias prevalecen?
Cristina. Sí, pero desde el momento que nos negaron la boda en diferentes municipios, supimos que teníamos que luchar cada día por sentar un precedente que ayude a otros a salir de las sombras y se sientan parte de este Perú. La ley se contradice o es mal aplicada. Existe un proyecto de ley que facilitará las nupcias entre personas que padezcan un mal irreversible.

-¿Han pensado ayudar a otros pacientes para sobrellevar esta enfermedad?
Cristina. Sí, ambos pertenecemos a una casa hogar en San Juan de Lurigancho. Allí tratamos de ser guías por medio de la experiencia para pacientes con este problema. Yo pertenecía a una ONG, donde lo único que presencié fueron grandes buffets -donde se trataban temas de ayuda humanitaria en países con altos índices de contagiados- pagados con dinero de ayuda internacional que pudo, en muchos casos, ser mejor aprovechado en la educación básica acerca de este problema.

-¿Nuestro país qué tan desinformado se encuentra en el tema de prevención del VIH - sida?
Luis. Bastante. Contamos con excelentes médicos que tratan e investigan el tema, el problema puntual es la falta de prevención en los jóvenes, ya que el sistema social de salud le da más importancia al enfermo que al virus mismo. Esperan que se desarrolle el problema para actuar.

Víctor Cachay
Redacción

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