Tropezáis con uno que robó, grítenle ladrón

Acaba de editarse en Santiago de Chile, un diccionario que contiene y define expresiones coloquiales, vinculadas a prácticas corrientes de corrupción, utilizadas en el quehacer cotidiano.

Por Diario La Primera | 18 jul 2010 |    
Tropezáis con uno que robó, grítenle ladrón
Creía que Chile era el equivalente sudamericano de Suiza. Por excepción, podría haber en ambos países, uno que otro negociado, en temas de peaje o similares. No imaginé que la putrefacción ocupase, con tanta frecuencia, un espacio significativo.

Confieso cierta ingenuidad, a pesar que soy más viejo que un loro y de espíritu semiperverso. Sé que el Perú es eminentemente corrupto, aquí se percibe el hedor mientras uno camina por calles, avenidas y parques. Extiendo mi sospecha, que en realidad es certeza, a un país vecino del norte, a algunos países centroamericanos y al latino norteamericano, amén de varios estados islámicos, aunque los líderes dogmáticos apliquen estrictamente la ley. Posiblemente, a ese rigor punitivo, se deba la oleada migratoria a Ecuador, Perú, Brasil y Chile, donde se les conoce como turcos. Léase la novela de Jorge Amado, Gabriela clavo y Canela.

Para la publicación del diccionario de marras, se llevó a cabo un concurso a través de una página web. Colaboraron cerca de cincuenta mil personas.

Aparecieron términos como “aceitar la máquina”, muy usado en el Callao y por extensión en el Perú, por lo tanto no requiere explicación. Se ha incluido una frase que luce ingeniosa, “hace bailar la culebra”, que define al funcionario que lleva a cabo un acto ilícito, motivado por el dinero que ha recibido bajo mesa.

“Sólo los pajaritos cantan por amor”, alude a que ningún favor es gratuito en esta vida. Incluso las visitas a la salita del SIN tuvieron un fin protervo y ruin, en detrimento del bienestar social.

“Ese chancho no da manteca “es la expresión apesadumbrada del funcionario que no consigue un soborno, a pesar de sus insinuaciones, alusiones y rodeos.

En Internet no he conseguido más información, pero acabo de pedirle a un amigo chileno me remita la publicación. A mi vez la pondré en manos de Lourdes, para que se interiorice en el alma de su más encarnizado antagonista y vaya conociendo el idioma que habla en casa, con esto último me refiero a su entorno íntimo, no propiamente al hogar. Para que Lulú evalúe, también, el discurso aparentemente técnico con que aparece en los medios.

“Si con caldo mejoras, caldo y caldo a todas horas” decía mi abuela materna a los nietos enfermos, mientras nos engullía una detestable sustancia de carne, que para ella constituía remedio para todos los males. Lourdes debe acomodar ese consejo familiar en consigna política. Ella sabe que los defectos del rival, que son muchos, deben restregársele en la cara tres veces por día, hay que ser reiterante y recurrente. Sabe también que el fulano es una suerte de packman, de voracidad incontrolable, que necesariamente llenará sus arcas personales, en detrimento de esta ciudad capital de diez millones de habitantes.

El candidato indeseado y millonario dará a conocer proyectos de gestión que repetirá hasta aprenderlos de paporreta, encomendados previamente a profesionales competentes, a quienes cancelará honorarios con dinero mal habido, que le sobra debajo del colchón, en portafolios o cajas fuertes, mientras tanto se niega a justificar la danza de millones, con el pretexto que el Poder Judicial no lo ha condenado todavía y no lo condenará (supone él) cuando sea alcalde de Lima. Nadie, quiero ser enfático y repito, nadie puede meter las manos en las arcas públicas y después vanagloriarse de una gestión eficaz o eficiente.

Si me atengo a lo expresado en un diario de circulación nacional, en la columna titulada Konchán se menciona que el candidato de la corrupción fue impedido en los últimos días de ingresar a un simposio acerca de su especialidad. No estaba invitado, posiblemente por pudor, toda vez que el evento se llevaba a cabo en el Palacio de Justicia. A pesar de lo expuesto, puso el grito en el cielo, profirió alaridos destemplados y señaló un panel publicitario, con la imagen de Lourdes, mientras gritaba que ella era la corrupta. ¡Habrase visto! Qué falta de composición de lugar. Es como si Susy Díaz pugnase por ingresar, a la fuerza, a un retiro de monjas clarisas, en el que se exaltase el recogimiento y la oración, como forma de acercarse a Dios.

No sólo es obligación de Lourdes, momentáneamente preferida por las encuestas. Candidatos como Susana Villarán y el pastor Lay, cuya sola presencia denota transparencia y honradez, tienen la imperiosa obligación, sin que esto signifique guerra sucia, de señalar con el índice al candidato de la corrupción, dejando de lado, como dijo González Prada, el “pacto infame de hablar en media voz”. Una persona decente no se luce por la calle con un individuo séptico y adulterado, tampoco alterna con gente de esa calaña. . Les ha tocado la mala suerte de competir con él y deben hacerlo, incluso pueden darle la mano en señal de civilidad, para después desinfectarse y golpearlo frontalmente, hasta desaparecerlo de la escena política.

Vino a verme un amigo y denunció, a quienes todos imaginan, por estar metido en el “traffic sound”. No puedo publicar hechos que no puedo probar a cabalidad, indicios sobran pero no me resultan, aún, suficientes para argumentar con abrumadora lógica jurídica en un debate, pero sonreí, no por el mal viviente, sino por el término, que puede enriquecer el diccionario chileno, nombre que en su inicio se refirió a un grupo musical, si es que todavía me funcionan algo las neuronas.

“Tropezáis con uno que robó, grítenle ladrón”. La recomendación no es mía, sino de don Miguel de Unamuno, cuyas virtudes no puedo resaltar porque sería ofender a los lectores. Si se tropiezan con él, grítenle ladrón, Si no está en la cárcel es porque viene dilatando los procesos, pero terminará oliendo a óxido de hierro. Estáis autorizados por el valiente y lúcido Rector de Salamanca y por vuestras conciencias.

Alberto Massa Gálvez

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