TRÁNSITO: De vida o muerte

El tránsito y sus violentas consecuencias siguen matando y provocando discapacidad en los peruanos. Los candidatos a los distintos municipios no se han pronunciado sobre el fondo del asunto. Aquí una perspectiva al respecto.

Por Diario La Primera | 29 ago 2010 |    
TRÁNSITO: De vida o muerte
(1) Planes de gobierno municipal evidencian ausencia de propuestas para evitar muertes en las carreteras. (2) La mayor cantidad de accidentes ocurren en Lima.

Más datos

El costo económico de los choques y las lesiones causadas por el tránsito asciende al 1% del PBI en los países de ingresos bajos, al 1,5% en los de ingresos medianos y al 2% en los de ingresos altos. El costo mundial se estima en US$ 518 000 millones anuales, de los cuales US$ 65 000 millones corresponden a los países de ingresos bajos y medianos; este monto es mayor del que reciben en ayuda al desarrollo.

SOAT:

Si bien ha cumplido una función importante al proporcionar atenciones de emergencia, existen una serie de distorsiones a resolver. Por ejemplo EsSalud se niega a recibir accidentados que llegan por el Soat, y muchos hospitales de Ministerio de Salud están imitando esta situación. Por otro lado, sería relevante conocer el monto que las aseguradoras obtienen como afiliación y utilidades producto del Soat para saber si la prima es la adecuada a nuestro mercado.

DETALLE

Informe mundial sobre prevención de los traumatismos causados por tránsito

http://www.who.int/violence_injury_prevention/publications/road_traffic/world_report/summary_es.pdf

En los cinco minutos que le tome leer este artículo, habrán muerto casi diez personas producto de accidentes de tránsito. Ello porque tres mil personas mueren cada día en las pistas del mundo. En el Perú, según las últimas estadísticas, se reportan 3,510 muertes al año, diez por día; mientras que los lesionados llegan a 50 mil.

En Suramérica compartimos este penoso primer lugar con Venezuela; dato interesante si se tiene en cuenta que ambos países aplican modelos de desarrollo opuestos, lo que evidenciaría que más que un determinado modelo, el problema del tránsito refleja una serie de desconexiones y arbitrariedades en cada sociedad.

Para el 2008 se producían 85,337 accidentes de tránsito en el país, es decir unos 233 al día. El porcentaje de hospitalizaciones es más alto obviamente en Lima, con alrededor del 25%, seguido de Junín con el 8.9%, Puno 6.7%, Cusco 4.8%, Huánuco 4.6%, San Martín 4.5%, siendo el 65% de los afectados hombres.

La mortalidad en su mayoría se ubica en personas de entre 20 a 29 años, habiendo por cada 4 hombres una mujer muerta. Es absolutamente claro que el transporte es un problema político que atraviesa casi todos los sectores y niveles de gobierno del Estado, ya que en los últimos diez años ha producido más de 35 mil peruanos muertos.

La magnitud del problema ha rebasado toda intención de los gobiernos en las últimas décadas. La anunciada estrategia Tolerancia Cero ha tenido algunos resultados, sobre todo en las grandes empresas formales, pero ni la Policía Nacional ni el Ministerio de Transportes tienen capacidad para controlar la arbitrariedad que la informalidad y la permisividad de los propios usuarios permiten.

Ideas interesantes como la de los policías camuflados como pasajeros, chocan con una realidad en la que la corrupción tuerce la mano de la autoridad. Sumado a ello, si bien se han endurecido las penas para los choferes en estado de ebriedad, la mayoría de accidentes sucede no por influencia de las drogas, sino por la forma y velocidad con que se maneja.

Por las rutas del Perú
En estas últimas semanas he debido viajar por varias regiones del país, y pude constatar una vez más que nuestras carreteras siguen siendo el reino del más avezado. Tomar un auto o bus para trasladarse de una región a otra o hacia una localidad al interior de éstas, es una ruleta rusa.

Los choferes asumen que lo que hacen no es un servicio público, sino la extensión de sus costumbres. Ello en gran medida también se traslada al transporte urbano. Sucede que más que un problema de orden y control, se trata de un asunto cultural, reflejo de una organización y competencia vil, que coloca a los pasajeros como monedas en los bolsillos de choferes y empresarios.

Esto no se solucionará con medidas represivas y leyes, sino con un proceso educativo cultural que forme en educación vial a las nuevas generaciones de escolares, y que cuente con un soporte comunicacional decidido, que permita influir en la población.

Es tiempo entonces de superar el discurso vertical, para ir hacia una interpretación más amplia de la violencia expresada en el transporte público, privado, urbano e interprovincial, para entender por qué un vehículo puede terminar siendo la extensión de las frustraciones y de la violencia de una empresa y de un conductor. Ello significa una intervención directa del Estado para crear las condiciones y medidas de intervención requeridas para salvar vidas.

Ciudades hostiles
Frente a este tema, los candidatos a la municipalidad de Lima han optado por enfocar el asunto desde una negociación con los transportistas que, si bien es parte del asunto, no es lo principal. Se trata de que las ciudades sean lugares para que las personas puedan habitar de modo razonable.

Pero nuestras ciudades parecen estar pensadas para los vehículos y no para la gente, habiendo lugares en los que la vereda no existe (como en la zona de Camacho u otras residenciales). Brasil por ejemplo cuenta con un Ministerio de las Ciudades, que busca coordinar medidas para el desarrollo de éstas.

El urbanismo debe incorporar necesariamente la relación de la gente no sólo con la vivienda, sino con el transporte, cosa que aún no se da en nuestro medio. Como consecuencia de esa incorporación, la OMS prevé que las muertes se reduzcan entre 2000 y el 2020 en un 30% en los países desarrollados, pero que aumenten en los países de ingresos medios y bajos, incluido el Perú.

Un accidente de tránsito que produce muertes o discapacidades afecta a toda una red de familiares y allegados que sufrirán un trauma que los acompañará toda la vida, minando así la convivencia social. En ese contexto los medios de comunicación se limitan a exhibir el dolor y la muerte, pero no se piensan ni se les ha incorporado como ejes de una política sostenida de prevención e información.

El transporte literalmente nos está matando en proporciones de guerra, y como en ésta nadie tiene la garantía de regresar a su hogar cada noche. Se trata entonces de un problema de Estado que lo obliga a aplicar todo su poder y persuasión para aliviarlo. (Datos de la Estrategia Sanitaria Nacional de Accidentes de Tránsito ESNAT).

Alexandro Saco
Colaborador

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