Trabajo: replantear el escenario

Uno de los grandes problemas que tendrá afrontar el nuevo gobierno es definir el rol de la persona y su papel en la economía. Devolver al Estado la capacidad de promover el desarrollo o dejar todo en manos del mercado que con sus reformas neoliberales destruyó los derechos más elementales, es el reto que Ollanta tendrá que definir a partir del 28 de julio.

| 20 julio 2011 12:07 AM | Especial | 1.3k Lecturas
Trabajo: replantear el escenario
Hay que darle a los trabajadores el lugar que les corresponde.
RECUPERAR EL ROL DEL ESTADO

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Ollanta Humala tiene la oportunidad de replantear el escenario. Su gran reto es ubicar a la persona –y no al mercado– como rector principal de la economía. En materia de trabajo el presidente electo planteó una agenda laboral que puede marcar el rumbo del próximo periodo.
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Uno de los mayores retos que deberá enfrentar el gobierno entrante es recuperar la centralidad del trabajo. ¿Y qué significa esto? Devolverle al Estado la capacidad de promover el desarrollo de las fuerzas productivas para poner la economía al servicio de la gente. Lo que para algunos puede sonar a herejía marxista o velasquista, representa, en la experiencia de varios países, la base para el desarrollo de un capitalismo democrático. Una sociedad en la que los actores sociales vinculados a la producción acuerdan términos de redistribución –no siempre equitativos– por la vía del dialogo social.

Esta posibilidad se perdió en el Perú hacia finales de los ochenta. Primero la crisis económica y la violencia política que dejó el primer alanismo, y luego las reformas autoritarias del fujimorismo, golpearon fuertemente al sindicalismo y erosionaron las bases para forjar una cultura del dialogo social. Con la transición democrática del 2000 esta posibilidad volvió a abrirse, pero la discrecionalidad (y derechización) de los gobiernos de Toledo y García debilitaron espacios de concertación importantes como el Acuerdo Nacional o el Consejo Nacional del Trabajo. El crecimiento sin precedentes de la conflictividad social en el país resulta expresión directa de ello.

Con las reformas neoliberales, el trabajo (y la política económica) quedaron atrapados bajo la lógica del capital. Mientras que el MEF concentraba el poder dentro del gabinete, Trabajo se convirtió en la última rueda del coche presupuestario, siendo el ministerio que recibió menores recursos del Tesoro. En este escenario, dominado por la tecnocracia de derecha, los derechos laborales adquirieron el status de “sobrecostos”, la política laboral quedó supeditada a las metas inflacionarias, y los ingresos a la búsqueda de competitividad internacional. El empleo adecuado se convirtió en un bien escaso por el cual los trabajadores debían renunciar a garantías mínimas (estabilidad laboral) y libertades básicas (como la sindicalización) en el trabajo.

Ollanta Humala tiene la oportunidad de replantear el escenario. Su gran reto es ubicar a la persona –y no al mercado– como rector principal de la economía. En materia de trabajo el presidente electo planteó una agenda laboral que puede marcar el rumbo del próximo periodo. Medidas como el incremento del salario mínimo (convertir la política salarial en instrumento de política económica); reformas en la institucionalidad laboral para combatir la explotación y el abuso (eliminación de los services y despido arbitrario), así como la promoción del diálogo y la concertación social (constitución del Consejo Económico y Social), serán claves para incluir social y económicamente a sectores protagónicos en el crecimiento económico. Son, además, compromisos asumidos ante los movimientos sociales y sindicales que, a la postre, fueron quienes lo apoyaron durante la campaña.

¿Existen condiciones para lograrlo? La ausencia de un partido debidamente estructurado, pero sobre todo la resistencia del poder económico a ceder lo ganado en las últimas décadas, pueden amplificar la magnitud del reto y adicionar dificultades a la ya de por sí compleja acción de gobernar. Pero una adecuada lectura del momento político, y el inicio de una verdadera reestructuración del Estado (combatiendo firmemente la corrupción), pueden darle el respaldo social y político necesario para emprender las reformas ofrecidas.

En este contexto, la elección de un ministro de Trabajo comprometido con la agenda laboral de Gana Perú será fundamental para convertir al trabajo en el principal medio para superar la pobreza y alcanzar el desarrollo.


Enrique Fernández-
Maldonado Mujica

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