Tecnología biomédica

En los recientes días se ha suscitado un debate interesado acerca de un instrumento de tecnología biomédica, necesario para brindar mejores atenciones a los usuarios de los servicios de salud. Más allá de la evidente manipulación informativa, el hecho es oportuno para analizar un tema relevante en relación al acceso a salud: el costo y forma en que se accede a la tecnología biomédica cuando una dolencia así lo requiere.

| 06 noviembre 2011 12:11 AM | Especial | 3.7k Lecturas
Tecnología biomédica
El alquiler de tomógrafos mueve millones de soles.
ANÁLISIS. El caso del tomógrafo en ESSALUD, manipulado por la prensa fujimorista, sirve para analizar el trasfondo del acceso a la tecnología biomédica.

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TRANSFORMACIÓN RADICAL
Tecnología y capital


Hasta los años 60, la producción de bienes y servicios para la atención médica no tenía gran significación; la medicina se basaba mucho en la clínica y hacía uso de tecnologías de baja complejidad. Sin embargo, la revolución tecnológica y los grandes avances en informática, robótica y biotecnología transforman radicalmente esa situación. La producción de ciencia y tecnología se incorpora a la dinámica del capital y se concentra en grandes empresas.

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Resulta que como en el caso de los medicamentos, la tecnología biomédica es uno de los campos que mayores ingresos produce en el mundo, y está acaparado por unas diez empresas, que destinan generalmente una rama de su actividad a los temas biomédicos; otros que obtienen enormes ingresos por este concepto, son aquellas personas o entidades que compran determinado aparato y lo arriendan a los sistemas de salud. Como se trata de una tecnología avanzada, ésta generalmente está al alcance de quienes pueden pagar por ella o de aquellos que cuentan con un sistema solidario de protección social en salud.

Complejo biomédico industrial
Si tenemos en cuenta que muchas de las tecnologías biomédicas fueron en un primer momento desarrolladas para fines militares, se explica que hoy algunas empresas provenientes del “complejo militar industrial” como General Electric o Westinghouse, estén entre las principales productoras de estas tecnologías. El denominado “complejo médico industrial” está conformado por los fabricantes y agentes orientados a penetrar las decisiones en el financiamiento de la salud pública.

En este campo se encuentran las tecnologías e insumos para los servicios de salud, la industria farmacéutica, el sector asegurador y financiero, y los productores directos de servicios en clínicas u hospitales privados. Como vemos, todos estos ámbitos en países como el Perú se vienen expandiendo, lo que en la práctica genera mayores inequidades. Ello nos lleva a una encrucijada en la que deberemos optar entre la mercantilización de la salud o el derecho a la salud como base de la libertad individual.

Hipocresía y montos
Será entonces que aquellos que han alzado la voz por el caso del tomógrafo, lo han hecho preocupados por el acceso a salud de los habitantes de Apurímac, o acaso más allá de la manipulación informativa se esconde la protección al negocio del alquiler de tecnología biomédica en el país. El hecho es que este negocio hoy, ya mueve millones, pero entra en colisión directa con la voluntad de las instituciones de protección en salud, ya que siempre será mejor realizar una inversión comprando determinado equipo que seguir alquilándolo.

Sería oportuno entonces, que contemos con un registro de aquellas empresas que ofrecen esta tercerización de servicios, los montos anuales que el Estado y otras instituciones vienen dedicando a este fin, y contrastar ello con la posibilidad de que nuestras instituciones de salud vayan adquiriendo los equipos necesarios para un adecuado servicio. Como en el caso que ha suscitado la atención de la prensa esta semana, en la mayoría de situaciones análogas, comprobaremos que la adquisición de equipos biomédicos a la larga produce significativos ahorros que luego redundarán en más atenciones.

Regulación en salud
Nuestro sistema de salud requiere contar con una política para contener y reorientar el considerable gasto en alquiler de tecnología biomédica y las consecuencias que de ello derivan. Uno de los casos más saltantes en relación al abuso del uso de estas tecnologías, se observa en los Hospitales de la Solidaridad (cuya nueva gestión viene reorientando), establecimientos que ofrecen consultas a precios módicos, pero en los cuales un importante número de éstas deriva en la necesidad de contar con diversas pruebas que requieren usar las tecnologías. Hasta se podría decir que ésta es una forma de incrementar los ingresos, en éste y en otros casos, de ciertos profesionales de la salud ligados a empresas propietarias de tecnología.

De hecho, estos avances tecnológicos bien utilizados son positivos para los diagnósticos y tratamientos; lo que se cuestiona es que estén monopolizados en su fabricación por el “complejo médico industrial” y su uso en importante medida dependa de situaciones en las que el Estado o los contribuyentes terminan trasladando recursos hacia este tipo de negocios. Los falsos liberales sostendrán que este es un asunto de oferta y demanda en el que el Estado no puede intervenir; mientras que los que asumimos a la salud como un derecho sostenemos que toda situación que involucre el cuidado de la salud es pasible de ser regulada.


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