Sueño y realidad de la casa propia

Según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 25, todos tenemos derecho a poseer una vivienda digna y adecuada. Y la Constitución Política del Perú de 1979, en su artículo 10, señala: Es derecho de la familia contar con una vivienda decorosa; sin embargo el texto de 1993 no menciona nada al respecto. Y la realidad es más cruda, aún.

| 14 abril 2013 12:04 AM | Especial | 2.3k Lecturas
Sueño y realidad de la casa propia
El mercado inmobiliario es cada vez mayor y sus perspectivas son grandes.
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Desde hace un par de años se dice que el Perú está viviendo un boom inmobiliario. Sin embargo una mirada más analítica evidencia que lo que está viviendo el país es un oferta naciente de casas (o departamentos) para satisfacer una demanda creciente, que sigue en déficit.

Cifras del propio Ministerio de Vivienda consignan una demanda insatisfecha de aproximadamente dos millones de unidades de viviendas, 30% y 70% del total se refieren a deficiencias cualitativas de casas, es decir población que tiene un espacio donde vivir, pero en condiciones precarias, principalmente la población de los sectores D y E.

Una de las principales causas de esta realidad es que los planes de créditos hipotecarios que existen en nuestro mercado bancario están orientados a los sectores A, B y C, a grupos poblacionales que cumplen con requisitos que los bancos exigen, como demostrar la cantidad de ingresos mediante boletas de pago, que los ingresos sean fijos y constantes (continuidad laboral, estar en la planilla de una empresa) y que éstos bordeen los 4 mil a 5 mil al mes, es decir más de seis veces el sueldo mínimo vital (750 soles al mes) establecido por el Estado.

Aunque hay dos programas estatales para incentivar/fomentar que la población con menor poder adquisitivo pueda acceder a realizar el “sueño de la casa propia”, “Mi Vivienda” y “Techo Propio” no logran este objetivo.

En el caso del primero, porque el bono que da el Estado mediante este programa es administrado (filtrado) por el sistema financiero, es decir que si el solicitante no cumple con los requisitos del banco será imposible acceder al bono y al crédito hipotecario.

Y “Techo Propio” no está cumpliendo tampoco este rol, al menos en Lima, porque está orientado principalmente a satisfacer la demanda de reconstrucción de las zonas afectadas por el terremoto del Sur Chico de agosto de 2007

PROPUESTA
Densificación y renovación 
Para Carlos Escalante, especialista urbano del Instituto de Desarrollo Urbano (Cenca), la dificultad de satisfacer la demanda de vivienda para la población de menores recursos (que tiene ingresos mensuales por actividades independientes y está en la capacidad de pagar cuotas mensuales) es el filtro bancario para los créditos.

Otro de los problemas que describe Escalante en la atención a la demanda de vivienda es que se han reportado casos en que las empresas constructoras, buscando que sus productos sean más accesibles en cuanto al precio, reducen la calidad de los materiales que usan, tanto a nivel de acabados como a nivel estructural, esto último amenazando la vida de quienes luego ocuparán los inmuebles que edifiquen. “Existe una búsqueda inescrupulosa por la rentabilidad, y esto se da porque las empresas actúan sin supervisión”.

Según Escalante, el mayor reto por atender la demanda de viviendas se centra en Lima y tiene un origen cualitativo, sin embargo en los últimos 15 años el gobierno ha dado políticas que están orientadas a las nuevas construcciones, sin atender las necesidades de poblaciones que tienen una vivienda precaria y que aspiran a mejorarla.

“Muchas de las viviendas precarias están situadas en cerros, en laderas de cerros, sobre pircas. Estas familias han modificado el relieve de los cerros y esto representa un grave riesgo. Lo que tiene que hacer el Estado en estos casos es atender el requerimiento de una mejora en la vivienda”, señala Escalante.

Escalante plantea como una alternativa de solución para este problema que se promueva la densificación y la renovación urbana. “Lo que se debe poblar ya no son los cerros, sino buscar espacios donde hay casas de un piso, por ejemplo, y construir dos o tres pisos más, donde la zona lo permita, donde el suelo lo permita, tomando en cuenta que esto no dé una saturación en los servicios”.

En el caso de la renovación, Escalante menciona que es tiempo de que las viviendas viejas, que representan un peligro para sus habitantes, sean renovadas. “Tenemos gran parte del Centro, de Barrios Altos, del Rímac, donde los antiguos solares están a punto de colapsar, se puede buscar la renovación de éstos. Y donde el Instituto Nacional de Cultura acompañe los trabajos para no dañar la monumentalidad”.

BANCOS DE TIERRA
Aunque el Estado no tiene por qué ser el actor principal en la solución a la demanda de vivienda, sí puede jugar un rol preponderante, estima Escalante. Por ejemplo, mencionó que una de las iniciativas estatales que ya está definida es la presentada por la comuna de Lima, que a través de la Empresa Municipal Inmobiliaria de Lima (Emilima), ha creado el programa de vivienda popular.

“Lo que pasa es que la política nacional de vivienda, del gobierno central, no está orientada a la demanda, no fija prioridades, no soluciona los problemas críticos. En cambio, este papel sí lo pueden hacer los municipios, incluso los distritales, identificar las necesidades, diseñar los perfiles. Y cuando esté listo, el Estado dispondría de sus terrenos. Hay también la necesidad de implementar los bancos de tierra, el municipio debe tener propiedades en zonas estratégicas para viviendas.”

MOVIMIENTO SIN TECHO
Un proyecto
Para Rosario Farfán, coordinadora del Movimiento Sin Techo de Lima y Callao, el problema de atender la creciente demanda de vivienda de parte de los sectores D y E de la población solo se puede resolver con la intervención del Estado en el mercado inmobiliario.

Indicó que el MST ha presentado un anteproyecto en el Congreso, el mismo que plantea que el Estado cree un programa de vivienda para la clase D y E, donde sea el propio Estado el que dé directamente las viviendas, y no a través de la banca privada, y que fije cuotas de pago hipotecario entre 200 y 250 soles mensuales. El proyecto fue archivado antes de entrar a debate.


Omar Olivares
Redacción


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