Stalin, el hombre de acero

Hace 60 años falleció Josef Stalin, el hombre que tras la muerte de Lenin, gobernó Rusia y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) con mano dura, de la que no se salvaron ni los más cercanos compañeros de Lenin, que fueron purgados y enviados a la Siberia. Con todo, la URSS se convirtió en una potencia mundial, hasta que el sueño de construir el socialismo se derrumbó más pronto de lo que sus creadores sospecharon.

| 18 marzo 2013 12:03 AM | Especial | 2.6k Lecturas
Stalin, el hombre de acero
Iósif Vissariónovich Dzhugachvili, Stalin.

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Lev Gudkov
, director del Centro Sociológico Levada, ubica en los noventa el renacimiento de la nostalgia por los tiempos stalinistas. Lo paradójico es que tras la restauración del capitalismo, la figura del hombre que representó el lado más férreo del comunismo reviva sus viejos laureles. El pasado martes 5, sus partidarios dejarán flores junto a su tumba en el Kremlin.

En 2012, una encuesta realizada por el Centro Levada mostró que el 47% de los rusos opina que Iósif Vissariónovich Dzhugachvili era “un líder sabio que hizo de la URSS un país poderoso y próspero”, frente a un 38% que tiene una opinión contraria. En el 70 aniversario de la batalla de Stalingrado, celebrado a principios de febrero, los autobuses decorados con grandes fotografías de Stalin circularon en San Petersburgo y otras ciudades.

Representantes de la asociación “Memorial”, junto con el director de los Archivos Estatales de la Historia Sociopolítica de Rusia, Andréi Sorokin, presentaron un disco con las copias facsímiles de “listas de los fusilamientos de Stalin”. Estos documentos son la prueba definitiva de que Stalin y los miembros de la dirección comunista avalaron con su firma las penas de muerte que imponían los tribunales militares. El Memorial ha rescatado 383 listas con 43,634 nombres.
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En 1991, cuando se derrumbó el mundo socialista, muchos culparon a Stalin y a sus seguidores por la caída, pero sus incondicionales siguen creyendo en él y afirman que sin su conducción pétrea la URSS no habría podido abatir al monstruo nazifascista que acabó con la vida de más de 40 millones de hombres y salir del atraso semifeudal que le permitió a Rusia y a otros países que formaron parte de ella, a convertirse en una potencia industrializada y nuclear.

El omnímodo poder del que hizo gala Stalin durante su largo mandato, fue advertido por el fundador del Partido Bolchevique, Vladimir Ilich Lenin, en una carta de diciembre de 1922, escrita en su lecho de enfermo y destinada al XIII Congreso del Partido Comunista, que se desarrolló recién en 1924.

En ella advertía del peligro que representaba el excesivo poder concentrado en un solo hombre y llamaba a aumentar el número de miembros del Comité Central hasta un centenar, con el objeto de evitar el riesgo de la división y de la fractura de la alianza obrero-campesina, sobre la que se asentaba el gobierno de los soviets.

ACERO
Iósif Vissariónovich Dzhugachvili, el verdadero nombre de Stalin, había nacido el 21 de diciembre de 1879, en Gori (Georgia). Sus padres eran campesinos georgianos y no hablaban ruso, un idioma que se vio obligado a aprender cuando asistió a la escuela religiosa. Luego de ello, el joven obtuvo una beca para estudiar en el seminario ortodoxo de la capital georgiana, Tbilisi.

Mientras estudiaba teología, leyó El Capital de Karl Marx y adoptó el marxismo como forma de pensamiento. Tras ser expulsado del seminario en 1899, se afilió al Partido Obrero Socialdemócrata Ruso y actuó como propagandista entre los trabajadores de los ferrocarriles de Tbilisi. Allí adoptó el seudónimo que se traduce como “acero”.

En la clandestinidad haría una carrera ascendente en el partido, interrumpida solamente por sus estancias en la prisión. Sus dotes llevaron al fundador del partido, Lenin, a designarlo director del órgano partidario “Pravda”. Tras la revolución de octubre de 1917 ascendió al cargo de secretario general del Comité Central del Partido Comunista, en 1922.

Pero sus excesos llevaron a Lenin a aconsejar su cese como secretario general, en vista de las continuas disputas que se producían al interior de la dirección partidaria. “El camarada Stalin, llegado a secretario general, ha concentrado en sus manos un poder inmenso, y no estoy seguro que siempre sepa utilizarlo con la suficiente prudencia”, escribió en su testamento.

“Stalin es demasiado brusco, y este defecto, plenamente tolerable en nuestro medio y en las relaciones entre nosotros, los comunistas, se hace intolerable en el cargo de secretario general. Por eso propongo a los camaradas que piensen la forma de pasar a Stalin a otro puesto y de nombrar para este cargo a otro hombre que se diferencie del camarada Stalin en todos los demás aspectos, solo por una ventaja, a saber: que sea más tolerante, más leal, más correcto y más atento con los camaradas…, etc”, escribió Lenin, pero su pedido fue desoído.

Tras la muerte de Lenin, Stalin se unió a Grígori Zinóviev y a Kámenev para dirigir el país con mano de hierro y dejó de lado a Trotski, el principal candidato para suceder a Lenin y cuya teoría de la revolución permanente contrastaba con la opinión del triunvirato que defendía “la construcción del socialismo en un solo país”.

Tiempo después, Stalin se alineó con Nikolái Bujarin y Alexéi Ivánovich Ríkov en contra de sus antiguos aliados. En respuesta, Trotski, Zinóviev y Kámenev desafiaron su autoridad, pero cayeron en desgracia. En 1929, Stalin ya había consolidado su posición como líder indiscutido de la Unión Soviética.


Lenin desconfiaba de Stalin.

Fue en esa época que ante el descenso de la productividad agraria, decidió abandonar la NEP (la Nueva Política Económica) implementada por Lenin, que permitía el desarrollo capitalista en el país de los soviets y dar inicio a un proceso de colectivización acelerada en el campo que estuvo dirigida contra los kulaks (los grandes propietarios), y que se saldó con deportaciones y muertes masivas, especialmente en Ucrania. La decisión contribuyó a la catastrófica hambruna de los años 1932-1933.

Además, implementó una economía planificada, centralizada y regida por planes quinquenales que iniciaron un período de rápida industrialización. Como resultado, la URSS pasó de ser una sociedad mayoritariamente agraria a una gran potencia industrial controlada por el Estado, lo que constituyó la base de su aparición como la segunda mayor economía del mundo después de la Segunda Guerra Mundial.

Ese desarrollo acelerado fue acompañado lamentablemente por campañas de terror político, purgas, arrestos y deportaciones a los campos de concentración. Sus viejos rivales, Zinóviev, Kámenev y Bujarin, compañeros de Lenin, fueron llevados a juicio, acusados de crímenes contra el Estado y fusilados. Un número indeterminado de dirigentes del partido y del Ejército, algunos hablan de unos 800 mil, desaparecieron durante este periodo. Y millones de ciudadanos murieron en los campos de trabajo forzados.

LA GUERRA
En agosto de 1939, tras el fracaso para establecer una Alianza Anglo-Franco-Soviética, la URSS firmó un pacto de no agresión con la Alemania nazi que dividió sus esferas de influencia en Europa oriental. Pese a ello, Alemania invadió la Unión Soviética en 1941. A pesar de las grandes pérdidas humanas y territoriales en el período inicial de la guerra, la Unión Soviética logró detener el avance nazi en las batallas de Moscú y Stalingrado. Finalmente, el Ejército Rojo avanzó a través de Europa y Berlín fue capturada en mayo de 1945.

Luego, Stalin dirigió a la URSS durante el período de reconstrucción de la posguerra. El desarrollo exitoso del programa nuclear permitió que el país se convirtiera en la segunda potencia mundial de armas nucleares y dio inició al programa espacial soviético.

Uno de los últimos actos de Stalin fue la detención de numerosos doctores en medicina de Moscú, principalmente judíos, acusados de conspiración contra el Estado. El llamado “complot de las blusas blancas” parecía presagiar una nueva purga, que solo evitó el repentino fallecimiento de Stalin el 5 de marzo de 1953 en Moscú.

Stalin murió a los 74 años en su casa de campo, en las afueras de la capital. Algunos aseguran que pudo ser asesinado por Beria, el número dos del partido, que temía ser desplazado del poder como otros veteranos dirigentes. Luego, su cadáver fue exhibido en Moscú, donde gigantescas multitudes trataron de ver al líder por última vez. Se cree que miles de habitantes murieron aplastados durante el funeral.

En 1956, Stalin y su régimen fueron condenados por el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, cuando su sucesor, Nikita Jrushchov, uno de los personajes que había ascendido gracias a las continuas purgas, denunció su legado y condujo el proceso de desestalinización de la URSS. Luego, los problemas económicos y la falta de democracia acabarían con el sueño de construir el socialismo en un solo país.


Efraín Rúa


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