¿Por qué somos tan pleitistas?

Entre los antiguos miembros del gremio (periodístico, quiero decir), se cuenta la leyenda, de que tras el largo y sañudo lío entre “La Prensa” y “El Mercioco” de los lejanos sesentas, más por el avisaje que por “La Brea y Rapiñas”, Don Pedro Beltrán y Don Luis Miró Quesada, sellaron un rico amiste, bebiendo un “Old Parr” en el exclusivísimo “National Club”, en tanto, los aguerridos peones de este ajedrez apenas por cuestión de negocios-como diría Don Vito Corleone en versión marlombrandeada-, quedaron enemistados, algunos de ellos, hasta que los llamó San Píter, “el de arriba”, porque así son de giles los peleones.

| 01 julio 2012 12:07 AM | Especial |2.3k Lecturas
¿Por qué somos tan pleitistas? 2337  

Y es que en la rebuscada raíz de nuestra genética, hay broncas más combinadas que tacu-tacu de carretilla, desde antes que los españoles, nos canjearan por oro y plata, el idioma, la religión y ciertas huachafas costumbres como las corridas de toros y otras gracias que luego se convertirían en viveza criolla, añadiendo lo que de suyo tenían ya, a los habitantes de este lorcho country que aun no era “Y se Llama Perú”, que cantaba el “Zambo” Cavero.

Como bien explica la Dra. Rotsworowsky, del viejo Perú que tan tercamente amamos, sólo sabemos algo de los últimos catorce gobernantes de diversos territorios unificados al guerrazo o al chantaje armado que casi es lo mismo, mi estimado, y otro alguito, aunque mucho menos de mochicas, chimúes, paracas y otros versos, que sólo alcanzamos a aguaitar hasta Caral y Bandurria y Chupacigarro…aunque siguen firmas, como en las bodas de media mampara.

Yo, por mi parte, me esfuerzo por averiguar quiénes somos y de dónde venimos, lo que ya me ha causado varios contratiempos, sobre todo cuando haciéndole coro a mi hermano el Dr. Luis Guillermo Lumbreras, afirmo algo que no se enseña en ningún cole ni University por costosa que sea en nuestras playas. Es decir, que el maravilloso Machu Picchu, del que tanto hablan los que nunca lo visitarán, es nada más y nada menos que la tumba del fabuloso Pachacútec, quien hasta para morir, fue más bacán que los faraones egipcios y los emperadores de la antigua Catay que era como chapeaba a la China, el mentado Marco Polo que era merca, marino, caminante y buscavidas….como somos todos los peruvianos de a pie media suela y micro anchovetero. Resulta que Atahualpa, que no era un hijo de lo que ustedes se imaginan sino de la coya quiteña Arahua Ocllo, se alucinaba amo y señor de los cuatro suyos, confiando en su numerosísimo ejército y la fama de desatinado que adornaba a su medio hermano Huáscar, a quien no vacilaba en ofender hasta la última chullpa, burlándose de él, por sólo reinar en “el ombligo” (Cuzco, para los que no manyan el japonés).

Pero oiga usted, como decían las sabias viejas de mi barrio, cuando una solterona daba su bracito a torcer: “ahí tiene usted, que lo que no pasa en veinte años, sucede en cinco minutos”- y uno de esos días más helados que chupetín Donofrio, el tranquilino y judokón Atahualpa, se hartó de este “playboy chicha” que se pasaba la vida, mentándole la madre, tumbando cholas y chupando jora fermentada y lo emboscó en Huanucopampa, apelando al viejísimo truco que se llama “factor sorpresa” y que gracias a las alcahueterías solapa de su “James Bond 00-seven”, es decir, un lorcho sapolín llamado Cinquinchara, supo que el disipado Huáscar dormía una trancaza de la gran siete, mientras sus generales seguían-cómo no-el gran ejemplo de su mandatario, aunque todavía no se habían inventado ni “El Melody” ni las “Credit Cards” echadoras del lorcho Toledo.

Cuando el creidísimo Huáscar, despertó de su ídem, estaba atado a un queñual y contemplaba con el hígado revuelto - de chicha de rabia y pena-como las tropas de su brother, violaban a sus más ricas warmis-algunas de ellas, sus esposas más chinguis o sus hijas favoritas, - y los oficiales atacantes, cortaban las narices a los generales pachangueros, mientras los más fornidos del lorchaje atahualpense, preparaban gruesos garrotes, a golpe de los cuales, dieron infamante fin a su carrera artística, sin concederle el honor de una muerte digna, arrojando sus restos al río más cercano, que era el Vilcanota, si mal no me acuerdo.

Y esto, como hoy diría un zambo criollazo, le pasó a Huáscar, no por choborra, sino por absoluta falta de experiencia y ya “pa otra vez ya sabe pe”.

Pero yo, hablando más fino, ya que algo de carpeta tengo, diría que se trató de un “servicio de inteligencia” bien aprovechado, que agarró a Huáscar con el zoncal a media pierna y a sus generales en plena pachanga incaica, tal como no debiera usarse en plena bronca guerrera, oiga usted.

Pero no hay que olvidar que mientras Atahualpa apanaba a su empalagoso Antauro de aquellos tiempos, los españoles ya iban entrando por Tumbes para aplicarle la misma receta a Atahualpa. Y parece que ahora la danza es por Conga y…ya veremos cómo va.

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