Sobre el “poschavismo”

En Chávez se conjugan perspectivas contradictorias. Su gobierno tiene rasgos autoritarios, busca y logra copar espacios de poder; se sustenta en la casi predestinación de su líder. Enfrenta con éxito procesos electorales y también acepta derrotas como la del referéndum constitucional. Cuenta con apoyo a la causa “socialista”, pero Venezuela no logra transitar hacia un modelo alternativo sostenible: persiste el extractivismo mientras el asistencialismo se conjuga con el reconocimiento de derechos. En estos catorce años la confrontación no ha dado paso a la posibilidad de un horizonte común, pero esta campaña ha expresado algo no presente en las anteriores: atisbos de aceptación gubernativa y opositora de una nueva realidad política.

| 14 octubre 2012 12:10 AM | Especial | 807 Lecturas
PUNTO DE VISTA
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Capriles ha tenido la capacidad de entender, diferenciándose de la DBA venezolana y latinoamericana, la necesidad de transitar hacia el poschavismo. Esa etapa llegará a Venezuela probablemente bajo su mismo liderazgo opositor. El poschavismo es inevitable, sea por que el cáncer acabe con Chávez en la primera mitad de su gobierno y obligue a elecciones inmediatas, o por el cumplimiento del mandato. Este periodo marca el cierre de un ciclo emanado de la sistemática resistencia de las derechas a los cambios, que como en todo el continente a pesar de haber tenido el poder durante décadas fueron incapaces de entender esa necesidad.

Transitar al poschavimo requiere reconocer y entender las causas del chavismo (en el Perú no logramos el posfujimorismo porque no entendemos integralmente al fujimorismo); éstas responden tanto a situaciones venezolanas análogas en varios países de la región, cuanto a relaciones internacionales fortalecidas por el chavismo. Guste o no, Chávez es un parte aguas en la historia venezolana y un hito en el devenir latinoamericano; ¿qué de positivo han dejado estos lutros chavistas? Capriles da muestras de entender la necesidad de esa identificación, y hasta conversa por teléfono con “el dictador”.

“ICONO DE RESISTENCIA”
En Latinoamérica Chávez es icono de la resistencia al neoliberalismo (o como quieran llamar a este modelo), sin haber logrado salir de éste. Su aparición contribuye a la reorientación de la política regional y al fortalecimiento de una alternativa emancipada de los EEUU; además de fustigar abiertamente a políticos e instancias antes intocables como los organismos financieros multilaterales.

¿Retórica únicamente? Mezcla de discurso e impulso a ciertas acciones que van hacia una alternativa de integración política y financiera. Si Chávez conecta con procesos políticos regionales y con una proporción importante de ciudadanos latinoamericanos, es porque existe la necesidad del reordenamiento internacional y un sentir latente en la calle.

Es indicativo que toda aproximación a Chávez que no sea de repudio a la “dictadura chavista” o de respaldo al “proceso bolivariano”, sea interpretada por unos como parte de la conspiración para tumbarlo y por otros como incoherencia apaña dictaduras: se levanta la guadaña si no señalas a Chávez como dictador. Felizmente la historia y las sociedades son más complejas y ricas que los gritos puritanos que se obsesionan con una situación y descuidan otras.

¿Y MÉXICO?
Por ejemplo: ¿Qué se ha dicho sobre los 3 millones de votos comprados por el PRI a $50 dólares entregados en tarjetas de débito y de la manipulación desde Televisa y TV Azteca? Si de estándares electorales se trata analicemos con el mismo rasero todos los procesos latinoamericanos en cuanto a: influencia y copamiento de los medios (no sólo estatales, finalmente todos llegan a la gente), limitaciones a los candidatos, compra de votos, desinformación, amenazas laborales como la exigencia de tomar foto a los votos. Sólo así veremos qué países tienen procesos más equilibrados; con toda seguridad el Perú no es uno de ellos.

La defensa de la democracia en Latinoamérica no es sólo la crítica teledirigida a las alternativas de izquierda; para ser atendible debe llegar ahí donde se nos presenta a unos como demócratas (¿Uribe demócrata?) y a otros como dictadores, a unos modernos y a otros arcaicos. La presencia de Chávez y de otros presidentes de distinto estilo y orientación, es posible porque llenan un vacío que ni el progresismo domesticado (¿izquierda moderna?) y menos la derecha son capaces de ocupar.

Las elecciones en Venezuela son continentales, reflejan contradicciones irresueltas en la región; con todas sus limitaciones el chavismo expresa un sentir primario quizá, pero con presencia política real, es decir, no se le puede obviar. El poschavismo no es un asunto venezolano, es la posibilidad de repensar la izquierda, no para convertirla en un remedo de ella como algunos aleccionan, sino para asumir que así como el autoritarismo de izquierda está agotado, el neoliberalismo es una pantalla que atonta, detrás de la cual se esconde una maquinaria eficiente que ya captura el propio análisis.


Alexandro Saco
Colaborador

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