Sí hubo ejecución extrajudicial

Clyde Snow, un norteamericano que es una autoridad mundial en antropología forense, insiste en sostener que el emerretista Tito fue ejecutado con un tiro en la cabeza, tras el impecable rescate de los rehenes de la residencia del embajador japonés, hace 15 años. Presentamos la entrevista por considerarla de interés, pese a que fue hecha unos días antes de anunciar, el procurador del Ministerio de Defensa, dos peritajes que, según demostrarían, no hubo tal ejecución.

| 05 mayo 2012 12:05 AM | Especial | 2.3k Lecturas
Sí hubo ejecución extrajudicial
Padre de la antropología forense asegura
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Conocido en el ambiente científico internacional como el padre de la antropología forense por haber dedicado 60 años de su vida a la búsqueda, identificación y estudio minucioso de restos humanos, mayormente de desaparecidos, en diversos países del mundo, el norteamericano Clyde Snow da en esta entrevista su versión sobre lo sucedido con el subversivo Tito tras el rescate de los rehenes de abril de 1997 y habla de la importante labor que ha cumplido en otros países.

Para Snow, el emerretista Tito, uno de los asaltantes a la residencia japonesa, murió de un balazo en la cabeza, con trayectoria de atrás hacia delante, es decir que fue víctima de una ejecución extrajudicial.

“Considero que fue una operación militar impecable contra los terroristas que asaltaron la embajada. Lamentablemente alguien cruzó la línea de lo correcto y lo mató, lo que en cualquier país del mundo es un homicidio”, expresó el científico que hace unos días estuvo en Lima para recibir el Premio Nacional de Artes y Ciencias en favor de los Derechos Humanos, que otorga el Equipo Peruano de Antropología Forense (Epaf) y que le fue entregado por el director de la institución, José Pablo Baraybar.

Añadió que todo indica que los demás subversivos fallecieron en el enfrentamiento. “Lo correcto es que a los responsables de estos actos delictivos se los ponga en manos de los juzgados. Por si acaso, no soy político, soy antihomicidios” sentenció.

Snow, de 84 años, sigue activo pese a las dos cajetillas de cigarros diarios que fuma y ha atestiguado en una oportunidad como especialista en la sala penal en la que se ventila el proceso sobre procesos extrajudiciales tras el rescate, que tiene como acusados a Vladimiro Montesinos, Roberto Huamán Azcurra y Jesús Zamudio.

“Se debe entender que los mejores testigos de lo que ocurrió en una muerte son los huesos, nos revelan cómo vivió y murió una persona, es decir su historia. Nosotros los forenses somos los traductores y tenemos una gran responsabilidad al examinar y emitir un informe científico y objetivo, de ahí ya depende de los abogados de ambas partes o de los activistas como lo utilicen”.

UNA VIDA DE NOVELA
Natural de Texas, aunque vive y trabaja en Oklahoma por haberse casado con una ciudadana de ese Estado, participó en la fundación de equipos forenses en Argentina, Chile, Guatemala y el Perú. Precisamente el día que le dieron el premio recibió mensajes de saludo, mediante videos, de decenas de personalidades ligadas a los derechos humanos de esos países.

La vida de Snow es de novela. Primero estudió medicina y faltándole un año para terminar decidió seguir una maestría en zoología para después decidirse por la antropología física (estudio de los huesos antiguos de fallecidos) y especializarse en antropología forense (huesos de fallecidos más recientes).

Durante un año se la pasó estudiando a los macacos de Cayo Santiago en Puerto Rico y al preguntarle su opinión sobre estos monos responde sonriendo “son más tranquilos que los humanos y se tratan mejor entre ellos”.

Después fue reclutado por la Agencia Federal de Aviación de Oklahoma para efectuar investigaciones sobre medicina de aviación. “Cada vez que sucedían accidentes aéreos me unía al equipo de investigadores, me fui interesando por la identificación de los fallecidos y decidí que me dedicaría a lo forense. En 1979 a los 51 años me jubilé y conseguí un contrato para laborar en la morgue de Chicago. Durante años fui el único antropólogo forense a tiempo completo en Texas, Oklahoma y Chicago. Uno de los primeros casos que investigué fue el de John Wayne Gacy, un tipo que mató 33 hombres y los enterró bajo su casa de Chicago”.

KENNEDY, MENGELE, TUTANKAMON
Entre 1976 y 1978 se forma en el Congreso norteamericano una investigación sobre el asesinato del presidente Jhon Kennedy y Snow que ya era consultor internacional es convocado. “Por medio de fotografías, películas y otros documentos y con técnicas que no existían, cuando lo mataron demostramos que fue Lee Harvey Oswald el único que disparó, no hubo ningún francotirador como algunos afirmaron, se cayó esa teoría”.

En 1985 es llamado a Brasil para participar en el estudio de los restos del “Ángel de la muerte” el nazi Josef Mengele y lo único que descubrió, es que tenía una lesión antigua en la pierna derecha que originó que se le encogiera un poco, debido a que a los 12 años se había caído a un pozo, “nada espectacular”.

Asimismo formó parte del equipo que estudió las radiografías del faraón egipcio Tutankamon,“se efectuaron en tres dimensiones y gracias a ello se reconstruyó su cabeza lo que permitió que la artista Betty Gatlyff hiciera la famosa escultura de su rostro”. Algo parecido sucedió con el supuesto rostro del falso Francisco Pizarro, que por años se exhibió en la Catedral de Lima y que la misma especialista esculpiera. Después se encontró la auténtica osamenta en la cripta de la iglesia.

Entre los recuerdos más dolorosos que guarda en su memoria, está el trabajo efectuado en Argentina en 1985 donde fue llamado por la Comisión Sábato, que investigó las masacres y desapariciones de miles de personas, la mayoría militantes izquierdistas, durante la dictadura militar de esos años.

“Sábato fue genial, guardó con su dedicatoria una copia de su informe. Ahí estuve dos años, fue horrible, mataron a miles de los que 25 por ciento eran mujeres y 10 por ciento niños menores de 10 años. A las embarazadas las mantenían con vida hasta que den a luz, después las mataban y a sus hijos los vendían en el mercado negro o los daban en adopción a militares”.



LAS ABUELAS DE MAYO
Su voz se quiebra cuando cuenta su relación con Estela Carloto, expresidenta de las ‘Abuelas de Mayo’ y cuya hija fue una de las tantas desaparecidas. “En un cementerio encontramos el esqueleto de la hija con un balazo en la cabeza, tenía la pelvis con huellas de haber dado a luz antes de su muerte; además una amiga reconoció el brassiere de lencería fina que le había regalado. Fue muy doloroso decirle a la madre que ahí estaba su hija y que su nieto o nieta estaba en algún lugar, nunca lo encontró”.

Esta dura experiencia hizo que Snow aprendiera los análisis de ADN. “Las abuelas decidieron sacarse muestras por precaución, para que, si morían, se pudiera continuar con las búsquedas”.

En los años siguientes efectuó trabajos similares en Chile y Guatemala para después organizar equipos forenses en esos países incluido el Perú. “Los equipos locales son los mejores co-peritos. Es mejor que la gente que sufrió por estos hechos se ocupe de sus casos”.

Finalmente sonriendo cuenta que el año pasado en Guatemala bajó por una soga a través un hueco con la profundidad del tamaño de un edificio de seis pisos, y allí encontró a un desaparecido con una bala en la cabeza.

SIGUEN DESAPARECIDOS UNOS 15 MIL PERUANOS
Unos 15 mil peruanos continúan desa-parecidos y es muy posible que sus restos se encuentren en diversas fosas comunes ubicadas mayormente en los Andes ayacuchanos, huancavelicanos, apurimeños o cerropasqueños.

Según Juan Pablo Baraybar director del Equipo Peruano de Antropología Forense (Epaf), los especialistas y activistas de derechos humanos están seguros de que los desaparecidos están sepultados en enterramientos similares a la fosa de Putis (Ayacucho), donde hace casi tres años, se encontraron los cadáveres de hombres, mujeres, ancianos y niños, ametrallados y luego quemados.

La propia Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) precisó que más del 75 por ciento de las víctimas del conflicto eran pobladores rurales, indígenas y pobres, condición que las expuso a actos de extrema brutalidad e inclusive en la actualidad es un obstáculo para hacer valer sus derechos.

“Epaf similares a la de Perú existe en Colombia, Chile, Venezuela, Filipinas, Nepal y la República Democrática del Congo, donde brindamos talleres relativos a la recolección de fichas antemortem, inspección y documentación de una escena de crimen, cadena de custodia y recojo, análisis e interpretación de evidencias, todo en forma objetiva y con el máximo rigor científico”, precisa el antropólogo forense.

La referida institución ha participado hasta el momento en el Perú en la investigación de 40 casos de violaciones a los derechos humanos, 30 de ellos a pedido de los familiares y 10 casos a solicitud de la fiscalía y el poder judicial.

“La base de datos antemortem del Epaf, en construcción desde el año 2002, cuenta con información de cuatro mil 500 desaparecidos y continúa creciendo. Se ha logrado recuperar 116 cuerpos y completado el análisis de 400 individuos”.

Convertida en un símbolo de las madres que luchan por encontrar al hijo desaparecido y exigen que los militares encargados de las zonas en guerra informen dónde enterraron a sus parientes, Angélica Ascarza, conocida como “Mamá Angelica”, fundó años atrás la Asociación de Familiares de Desaparecidos, después de indagar por comisarías y cuarteles sin éxito el destino de su hijo Arquímides.

También la “Madre Cantuta” Raida Cóndor, sueña con hallar el cuerpo de su hijo Armando, quien junto a sus compañeros de esa Universidad fueron asesinados y quemados por el Grupo Colina.

Doris Caqui, junto a sus tres hijos y embarazada de la cuarta, fue testigo de cómo un grupo de uniformados entró a media noche a su casa en Cerro de Pasco y se llevó a golpes al jefe del hogar, el líder minero y campesino Teófilo Rímac Capcha. “No nos cansamos ni nos cansaremos de pedir que los responsables revelen dónde están sus restos”, dice.


Denis Merino
Redacción


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