Robles Godoy y su vigencia

Armando Robles Godoy pasa los momentos más difíciles de su vida, a la que se aferra. Tantas veces lo escuchamos en entrevistas o leímos en los diarios, esperando que la hora final le llegue como lo más natural, sin la angustia ni el sufrimiento de un cuerpo cansado. Sobre todo en las conversaciones con Marco Aurelio Denegri en el desaparecido Cable Mágico Cultural, explicó la idea de prepararse para lo único de lo que el humano puede estar seguro: que algún día moriremos. Irónico también es que alguien preclaro como él, lleno de expresiones en muchos casos sublimes, haya sido atropellado por la vulgaridad del tránsito de Lima.

Por Diario La Primera | 08 ago 2010 |    
Robles Godoy y su vigencia
El cineasta nacional se encuentra en la situación más complicada de su vida, lo que es motivo para acercarnos a su obra y a las ironías del destino.

Más datos

FILMOGRAFÍA

Ha escrito y dirigido seis películas de largo metraje: Ganarás el pan (1964), En la selva no hay estrellas (1967), La muralla verde (1970), Espejismo (1972), Sonata Soledad (1978), Imposible Amor (2003; esta última, terminada en agosto de 2003, es el primer largometraje peruano grabado en sistema digital. Además, ha realizado 25 cortometrajes y una telenovela de 100 capítulos -”Los recién llegados”-, que fue prohibida en el Perú por un gobierno militar. Robles Godoy ha conquistado importantes premios con sus obras literarias, cinematográficas y teatrales.
Luego de leerlo todos los domingos en su página El lenguaje misterioso de El Dominical en “El Comercio”, absurdamente retirada hace varios años, me anime a llamarlo al teléfono que figuraba en la guía, para solicitarle una entrevista en Civilización (Programa que conduje en radio San Borja por varios años). El viejo Robles, al saber que lo llamaría a las siete de la mañana, me dijo que mejor para él, ya que me contestaría echado en su cama. Y así fue, tres veces accedió a conversar y transmitir inteligencia sobre religión, literatura, sexualidad. Realmente me sentí afortunado de poder conversar más de veinte minutos seguidos por cada ocasión, y los oyentes imagino que deben haberse deleitado con su voz e ideas.

Rompiendo la pantalla
Las primeras imágenes de ARG para muchos de nuestra generación se remontan a la entrevista que le hizo Jaime Bayly a inicios de los noventa, en la que habló acaso, por primera vez en la TV peruana, sobre las bondades de la masturbación; pero desde el conocimiento y no desde lo abyecto que ahora tenemos en las pantallas. Algunos también deben haber seguido su programa de TV todos los sábados de siete a ocho de la noche entre 2000 y 2001 en los albores de Canal N; por el set de Robles desfilaron gente tan interesante como José Adolph, Leopoldo Chiappo, Mariano Querol, Marco Aurelio Denegri, Eduardo González Viaña, entre otros.

El asunto es que ahora ese hombre de 87 años, uno de los peruanos más creativos y brillantes que hemos tenido, lucha por la vida en la cama del Hospital del Empleado, no por tener el derecho a una atención de salud oportuna, sino por la gracia presidencial que, como en la época de los reyes, hizo que el artista sea atendido. Una ironía más, para aquel humano que casi con seguridad fue el primero en utilizar en nuestro medio el concepto de fundamentalismo de mercado para referirse a toda la construcción ideología de consecuencias prácticas que camuflada en un discurso de libertad, lo único que hace es agrandar y proteger el bolsillo de un grupete de empresarios manipuladores.

En la cama de un hospital
Y es que una de las consecuencias de ese fundamentalismo de mercado (irracional y extremo como todo fundamentalismo) es que un hombre de edad avanzada en el Perú no tenga el derecho/libertad de tener sus necesidades de salud totalmente garantizadas. En buena hora ARG es una persona reconocida, pero cuantos otros día a día tienen que vérselas con las consecuencias del fundamentalismo de mercado que ARG desnudó una y mil veces (acaso por eso quitaron su página de “El Comercio”). No podría ser de otro modo en alguien que desde distintos artes logró obras sublimes; la claridad de pensamiento inevitablemente lleva a reconocer los condicionamientos y falsos discursos en que nos debemos mover hoy.

ARG y Dios
Sobre Dios y las religiones, decía que él no optaba por ninguno y ninguna, ya que todos los dioses le parecían demasiado simpáticos como para escoger entre uno de ellos. Tal vez sea cierto lo que decía ARG; el problema viene después, cuando seres humanos precarios moralmente se asumen voceros de los dioses en la Tierra y desde su miedos, limitaciones, complejos e intereses políticos, logran manipular a la gente y al propio Estado. Por ello tal vez optó por desenterrar a su padre, Daniel Alomia Robles, para llevarlo al compás de “El cóndor pasa” a su natal Huánuco, desde donde salió hasta Nueva York para casarse con una cubana y tener diez hijos, entre ellos Armando.

Quedarán sus canas, su cola de caballo, su aventura colonizadora en la selva, sus películas, sus libros y su voz e imagen en tantos lugares en los que esparció su lucidez. Habrá entonces que leerlo, verlo y oírlo más detenidamente para seguir desentrañando su enorme aporte al pensamiento, no académico y organizado, pero sí constante y profundo. En pocos el arte encuentra tantas facetas para expresarse y la lucidez se conserva hasta el final de la existencia.

Una vida y una pasión
Es hijo del destacado compositor y musicólogo Daniel Alomía Robles y de la cubana Carmela Godoy, nació en Nueva York el 7 de febrero de 1923 y ha vivido en Chosica (Perú) desde 1933. Empezó estudios de Medicina en la Universidad de San Marcos, trasladándose luego a la Facultad de Letras, estudios que no llegó a concluir. Debido a su pasión por el cine, ejerció profesionalmente el periodismo durante siete años, escribiendo una columna titulada Lenguaje Misterioso en el Suplemento Dominical del diario El Comercio.

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