¿Quillabamba? ¿Adónde queda?

De cómo la justicia, la solidaridad y los medios hicieron posible liberar a Elías Zamora Quispe, acusado injustamente de tráfico de drogas en la lejana Quillabamba, en el Valle de la Convención, en el Cusco.

| 23 octubre 2011 12:10 AM | Especial | 3k Lecturas
¿Quillabamba? ¿Adónde queda?
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DETALLE

Esta historia no ha terminado porque Zamora deberá viajar a Quillabamba porque allá nació su orden de captura pero su caso ha sido tomado como emblemático por la Defensoría del Pueblo y esta vez no estará solo.
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-“¿Quillabamba? ¿Adónde queda?”

En la tarde del jueves 29 de setiembre Elías Zamora, un ayacuchano delgado y serio, de 41 años, entró a la Comisaría de San Isidro para el trámite de rutina de sentar denuncia por la pérdida de su DNI.

El policía buscó su nombre en la base de datos de la PC, miró al denunciante, volteó la pantalla y le dijo: “A ver, mira ¿este eres tú?” Y efectivamente, allí aparecía la hoja de datos de Reniec con su nombre. “Sí, soy yo” contestó el ayacuchano, leyendo además que era un mandato de detención de la Sala Mixta de La Convención, en Cusco.

“Estás detenido por delito de tráfico de drogas en Quillabamba… drogas… hay que guardarlo, cuidado, cierren la puerta…”.

Elías Zamora, demudado, no podía creerlo y solo atinó a balbucear “¿Quillabamba? ¿Adónde queda?”.

Desde entonces pasarían dos semanas de infierno para el hombre que no tenía idea de qué le hablaban, adónde lo llevaban, de qué lo acusaban y de cuál sería finalmente su destino.

En la misma noche lo llevaron esposado (“enmarrocado”, en la jerga) al médico legista y luego a la División de Requisitorias en la Av. Canadá, a una pequeña celda del tercer piso que debía compartir con una docena como él, que ahora era un “requisitoriado” más.

SALVACIÓN
“Este fin de semana te mandamos a Quillabamba... te llevará el capitán, tienes que pagar pasaje, gastos para dos”, lo asustó un policía, sumiendo a Zamora en la confusión de la lógica ignorancia de los procedimientos.

Pero algo milagroso sucedió cuando el viernes subió al tercer piso una mujer enérgica que comenzó a llamar a los detenidos para pedirles datos y averiguar su situación. Era la abogada Carmen Tello, del Programa de Protección de Derechos en Dependencias Policiales de la Defensoría del Pueblo.

“Soy inocente, doctora, no conozco ni el Cusco, a nadie, vivo en Lima desde 1984, me han confundido, trabajo aquí con varias familias en cosas de limpieza, mantenimiento, he sido de construcción civil, soy casado con hijos, he servido en el Ejército, de niño llegué a Lima escapando de Sendero” le contó Zamora cuando le llegó el turno.

La doctora Tello le creyó y anunció a los policías: “No, este hombre no se va, esto es una confusión, vamos a examinar el caso”.

HISTORIA DE PBC Y “BURRIERS”
La historia comienza el mediodía del 13 de junio del 2005 cuando un puñado de policías logró sorprender en un remoto camino de herradura en Yupanca Salinas, Vilcabamba, en La Concepción, a una pequeña caravana de mochileros.

Eran seis que según la costumbre marchaban separados para evitar las sorpresas y así resultó, pues los policías solo lograron atrapar a los tres primeros de la fila; los otros sacaron sus armas y disparando al aire se perdieron en las quebradas.

Al registrar las mochilas encontraron un total de once paquetes de pasta básica (PBC) con un total de quince kilos. ¿Nombres? Juan Ñaupa (44), Freddy Butrón (27) y Jaime Águila (22). Todos pertenecían a operaciones de narcotráfico del Valle del Río Apurímac (VRAE) y eran transportistas, “burriers”, habituales, cuya meta era Bolivia.

En los interrogatorios que siguieron el joven Águila relató en detalle el sistema y agregó que en el 2004 había participado en la elaboración de pasta básica en una propiedad donde conoció a otros sujetos. Y dio una docena de nombres… y entre ellos a “Elías Zamora Quispe”.

Los tres fueron juzgados y sentenciados en noviembre del 2006 y Jaime Águila recibió 20 años de cárcel, es decir, la condena más severa para el grupo. Y la Corte reservó sentencia para los coacusados que Águila había citado como conocidos sin más prueba que su afirmación, y expidiendo la orden de captura a nivel nacional.

LA DEFENSORÍA
En un primer momento se creyó que se trataba de un caso simple de homonimia porque efectivamente en los archivos de la Reniec aparecen más de 200 “Elías Zamora” pero solo hay uno con el apellido materno “Quispe”. Era pues un caso de acusación falsa pero absolutamente inconsistente, un exceso judicial, un abuso de la Corte.

Entonces el caso fue asumido directamente por la eficiente y activa doctora Imelda Tumialán, Jefe del Programa citado arriba y que hizo las averiguaciones del caso, pidió informes al Cusco y echó a andar el proceso de libertad de Elías Zamora aconsejando que un familiar presentara un pedido de Habeas Corpus al Juzgado correspondiente en Lima, y que debía ver y resolver en 24 horas el juez Garzón.

Pero no había manera de lograr que el magistrado se molestara en examinar el caso y la policía seguía empeñada en llevar a Zamora a Quillabamba, urgiendo a la familia que lo visitaba para llevarle comida -que compartía con otros presos.

LOS PERIODISTAS Y EL “TWITTER”
Los periodistas del diario LA PRIMERA, a quienes contamos el caso, se interesaron inmediatamente y publicaron notas importantes llamando la atención sobre la injusticia que se estaba cometiendo, pero tampoco fue posible movilizar al Juez.

El Canal 7 con su reportera Nuria Giraldes cubrió un breve plantón que hicieron familiares y amigos de Zamora ante la Defensoría del Pueblo y entrevistó a la Dra. Tumialán.

Entonces, quien suscribe este breve relato envió el 12 pasado por la famosa red social Twitter este mensaje “Por favor, ayuda para un caso de injusticia. En mi blog: http://tiojuan.wordpress.com”.

Los buenos colegas Fiorella Fernández y Walter Ccopa de RPP acogieron el pedido y me entrevistaron esa misma noche, Y al día siguiente el diario “La República” envió un reportero a ver el asunto y publicaron otra nota decisiva.

Finalmente, el juez decretó la libertad de Elías Zamora, que abandonó el local policial 14 días después, seguido de camarógrafos de Canal 4, que cubrieron el evento.


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