¡Quemando el último cartucho…!

Entre los cuerpos despedazados en el Morro de Arica, nació el 7 de junio de 1880 el emblemático ¡carajo! peruano, sazonado con ajos de nuestra culinaria: “No me rindo, carajo… ¡Viva el Perú!”

Por Diario La Primera | 07 jun 2012 |    
HISTORIA DE PRIMERA

La batalla de Arica fue el resultado de una respuesta firme, heroica y decidida a dejar la vida y la última gota de sangre. La convicción de morir luchando por el honor, la dignidad y el orgullo nacional, “hasta quemar el último cartucho”. Los chilenos trataron de negarla muchos años porque está cargada de un heroísmo vibrante, altivo, vigoroso, pero además, en medio del estallido de un polvorín de cuerpos mutilados, nació también otra frase emblemática; el carajo peruano. “No me rindo, carajo…No me rindo carajo, ¡Viva el Perú!, narrado por los mismos oficiales e historiadores sureños.

El coronel Francisco Bolognesi y sus valientes sabían perfectamente que no había ninguna posibilidad de victoria de los 1,600 peruanos contra más de 6,500 chilenos. Un ejército numéricamente cuatro veces superior, cuya victoria no tiene la cualidad de heroica; lo heroico y hazañoso pertenece a los peruanos que no aceptaron rendición a sabiendas que iban a la muerte, hace 132 años.

Algunos testimonios de historiadores chilenos pretendieron negar esta famosa respuesta de Bolognesi, pero otros la reconocieron tiempo después. El parte oficial chileno escrito por el general Baquedano, comandante del ejército invasor, que envió al mayor Cruz Salvo, para proponer la rendición, dice el 21 de junio de 1880, al jefe de Estado Mayor General de Chile, sobre la batalla:

“El coronel Bolognesi respondió después de conferenciar con sus compañeros, que estaba dispuesto a salvar el honor de su país… quemando el último cartucho” y añade: “la lucha fue titánica, cuerpo a cuerpo… la lucha había sido porfiada y sangrienta hasta lo increíble… El enemigo perdió a sus mejores jefes. El que no cayó prisionero rindió la vida...”

El historiador sureño Benjamín Vicuña Mackenna la reconoce como veraz porque entrevistó al mayor Cruz Salvo en Santiago después de la batalla, que fue de las más feroces y sangrientas del siglo XIX.

UNA CARNICERÍA
De los 1,600 peruanos, poco más de 900 murieron, cerca de 200 resultaron heridos y unos 500 fueron prisioneros. De los 19 jefes peruanos de operaciones, fallecieron 13. De los jefes de división apenas sobrevivieron Roque Sáenz Peña, Manuel la Torre y Marcelino Varela.

Los chilenos registraron apenas 144 muertos y 337 heridos, de un total de más de 6.500 efectivos lo que significa que los peruanos resistieron con una porfía y heroísmo increíble en esta carnicería.

Otro jefe chileno dice que: “Las fortificaciones de Arica eran magníficas, pero para que fuesen enteramente inexpugnables necesitaban ser defendidas por una fuerza que no bajase de 5 a 6,000 hombres”.



FUSILAMIENTOS
El historiador chileno y combatiente de Arica, Nicanor Molinari señala: “El enemigo sufrió horrorosas pérdidas… Porque la verdad sea dicha, no se le dio cuartel; se ultimó sin piedad en el asalto, después de rendidos se los fusiló también en el pueblo”.

Otro chileno Gonzalo Bulnes, reconoce el valor u heroísmo de los sitiados y dice: “Y así como el recuerdo de esta portentosa hazaña sería siempre un timbre de orgullo para los chilenos, es una acción honrosa para los defensores de la plaza que pelearon para dar al Perú una tradición y un ejemplo. Bolognesi, More, Ugarte, Blondel, fueron los últimos defensores de su patria… estos nombres son dignos de respeto al adversario y de la gratitud de sus conciudadanos….Entre ellos merece una mención especial Bolognesi, jefe de la plaza. Bolognesi fue un patriota. Tiene las características de los hombres superiores”.

VALEROSO JEFE
El ejército chileno no logró ninguna “portentosa hazaña”, fue una victoria pírrica frente a este puñado de hombres acorralados, sitiados, sin más pertrechos que el pecho abierto frente a una mayoritaria artillería enemiga, los bombardeos de sus naves de guerra y la nutrida fusilería.La batalla duró apenas unos 55 minutos lo que dice de la rapidez con que asaltaron el morro.

Clements R. Markham, dice: “A este valeroso jefe (Bolognesi), lo acompañaban el valiente Moore, el joven Ugarte y muchos otros. Los chilenos los mataron sin misericordia. Bolognesi fue atravesado por una bala de rifle y después le destrozaron el cráneo...”

¡NO HAY QUE RENDIRSE… MISERABLES, ¡VIVA EL PERÚ!
El 23 de junio de 1909, el diario El Comercio publicó una carta del sobreviviente de guerra peruano Manuel Salazar del batallón “Artesanos de Tacna”, en respuesta a los distorsionados testimonios chilenos:

“Al grupo donde estaban el señor coronel Bolognesi con el capitán de Navío Moore, rodeaban en estrecho perímetro algo así como mil soldados chilenos que se estrecharon a la bayoneta con los de la primera fila. Rota ésta en un desorden espantoso en que se confundían gritos de ¡Viva el Perú! y Chile, los ayes de las víctimas y mil imprecaciones, y estando yo como a diez pasos de mi coronel Bolognesi, éste, revólver en mano disparó sobre la masa chilena. Cayeron heridos, lado a lado, el coronel Bolognesi y el capitán Moore.

Yo, sin apercibirme de que había sido herido en el cuello, disparaba contra el grupo. El coronel Bolognesi disparaba con su revólver intentando levantarse, y dándonos ánimo para continuar peleando, volteando hacia mí exclamó: ¡No hay que rendirse! -y mirando a los enemigos- gritó: ¡Miserables!, ¡Viva el Perú! (...)

Al caer desangrado por ésta y la anterior herida, ya mi coronel Bolognesi estaba muerto. Un chileno avanzó y le arrancó la presilla del hombro izquierdo. En este acto de violencia, el cadáver de mi coronel fue movido hasta quedar casi sentado, desplomándose enseguida; otro soldado chileno, entrado en años, le puso el pie sobre el brazo y le arrancó la otra presilla del hombro derecho...”

ROQUE SÁENZ PEÑA
El combatiente argentino íntimo de Bolognesi, Roque Sáenz Peña dice que estando muchos peruanos “heridos y prisioneros”, fueron cobardemente ultimados. Sáenz Peña revela en: “Mis Recuerdos”, que publicó la revista “Juventud de Arequipa”, en 1905.

“…. Por fin el fuego cesa dentro de la plaza porque el que no está herido está muerto… allí cae Moore como tantos otros, atravesado por una multitud de proyectiles y el coronel Bolognesi, el viejo amigo, el anciano venerable, inclina su frente y cae con el alma serena y el rostro plácido y sonriente... una bala le había atravesado el corazón… Me detuve un momento en contemplarlo y aún conservo la impresión que me produjo la disposición del cadáver profanado momentos antes; los bolsillos del pantalón estaban vueltos hacia fuera, se le había despojado de la chaquetilla y de las botas y un feroz culatazo le había descubierto la parte superior del cráneo, derramando la masa cerebral sobre el tosco lecho de granito...”. Por todo ello Bolognesi y su puñado de hombres son y serán por siempre los verdaderos héroes de Arica.

Así nació la frase que exalta el sentimiento peruanista
¡NO ME RINDO CA…! ¡VIVA EL PERÚ!

El chileno Nicanor Molinari quien combatió en Arica como oficial, impactado por el valor del coronel Justo Arias y Aragüez narra parte del fragor de la lucha.

“El coronel don Justo Arias y Aragüez, ronco de gritar animando a los suyos, vive aún y defiende con denuedo sus colores… Arias y Aragüez, desafiando el peligro, infunde respeto y admiración a los nuestros y con la clara luz del día pueden ver y aquilatar a su sabor la bizarra actitud del jefe enemigo.

Todo el mundo le grita: ¡Ríndase coronel, no queremos matarlo!.

-No me rindo ca…. ¡Viva el Perú!, ¡fuego muchachos!, responde aquel ínclito guerrero y con su ejemplo estimula el valor de su tropa. Un soldado (chileno) del “Tres” se aproxima al coronel y le grita: ¡Ríndase, mi coronel!, pero el jefe enemigo no quiere hacerlo.

¡No me rindo, ca…! ¡Viva el Perú! grita don Arias y Aragüez y una descarga cerrada tiende al invicto guerrero que cae muerto dentro del fuerte y su espíritu libre de la humana envoltura traspone los lindes de la vida y penetra en el templo sereno de la inmortalidad”.

El peruano Gerardo Vargas Hurtado, en su obra La batalla de Arica, dice que Molinari trata de opacar el heroísmo de Bolognesi sobreponiendo el valor de Arias Aragüez que ciertamente fue digno del más puro ejemplo de heroísmo.

EL CADÁVER DE UGARTE
Tras la última resistencia peruana el coronel Alfonso Ugarte, otro de los que acompañaron a Bolognesi en esta epopeya, espolea su caballo y se precipita al abismo por los desfiladeros del Morro.

Molinare narra: “Al pie del Morro se encontraron 367 cadáveres, que fueron quemados por el coronel don Samuel Valdivieso, el día 9 de junio; y durante mucho tiempo, el mar estuvo arrojando restos humanos a la playa...”.

El historiador peruano Manuel Zanutelli Rosas, señala: “El cadáver de Ugarte fue reconocido por don Carlos Ostolaza, quien había sido enviado especialmente para esa tarea (...). En el diario “El Callao” del 07.07.1890 y en “La Opinión Nacional” del 11.07.1890 se expresaba que en el cementerio de Arica el comisionado señor Ostolaza, indicó el nicho donde existen depositados los restos de Alfonso Ugarte. Descubierto el ataúd, se encontró grabada en la tapa la siguiente inscripción: Alfonso Ugarte. Dentro del cajón solo existe un costado del cuerpo, única parte de él que se encontró al pie del Morro y que fue reconocido por un calcetín con sus iniciales”. Al encontrarlo, el señor Ostolaza lo envolvió en una sábana depositándolo en tal estado en el ataúd en que hoy se encuentra. Los restos fueron trasladados años después a Lima y reposan en la Cripta de los Héroes”.


Ramón Machado Contreras
Redacción

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