¡Qué mundo de M...!

Un Olimpo de idiotas jugando a hacer periodismo y a competir para ver quién reparte mejor y más fluidamente las toxinas que sus patrones les entregan en estado bruto.

No se me ocurrió un titular más sincero que el que adelanta el contenido de este artículo. M... es la única palabra que puede definir el escabroso comportamiento de las potencias que obedecen al armado imperial de los Estados Unidos.

| 07 agosto 2014 03:08 AM | Especial | 1.5k Lecturas
¡Qué mundo de M!
¡Qué mundo de M...!
Por: Guillermo Giacosa
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Eso es lo que pienso mientras trato de digerir las mentiras de la mayoría de los medios y los hechos reales que se pueden adivinar, con solo un centímetro de frente, detrás del periodismo panfletario, deshumanizado, acrítico y mafioso que envenena cerebros, condiciona conductas y abre el camino para que cada uno extraiga lo peor de sí mismo y para que pulverice las esperanzas si es que alguna le queda.

Es el reino de la tergiversación, la hipocresía y la mentira. Un Olimpo de idiotas jugando a hacer periodismo y a competir para ver quién reparte mejor y más fluidamente las toxinas que sus patrones les entregan en estado bruto para que ellos exploren, con las neuronas que les quedan, la forma de enfermar a sus seguidores.

Son caca al estado puro. Ignorantes que apuntalan un mundo que solo promete el irreversible agotamiento del medio ambiente, la promoción de guerras que debiliten posibles enemigos, la destrucción de países y culturas, el crecimiento de xenofobias y racismos, el triunfo de la especulación sobre el trabajo y por sobre todo la construcción de una sociedad de opulencia para… el 1% de la población del planeta.

Promover esa promesa, que los medios disfrazan y los tontos compran, es la tarea del tinglado mediático en la actualidad. Observar, por ejemplo, a los EEUU, que provee de armas y tecnología de muerte a Israel, justificando la masacre del pueblo palestino y condenando y aplicando sanciones a Rusia por lo que ocurre en Ucrania, suena a burla.

Huele a joda, a chanza, a chiste de mal gusto, ver al triste Obama, rodeado de misiles, haciendo gestos obscenos al conjunto de la humanidad. El primer presidente negro de la superpotencia, cuyo triunfo me alegró ligeramente sin producirme más ilusión que la novedad, deja un mensaje clarísimo: no importa el color de la piel, ni el género, ni la religión: para convertirse en una basura basta llegar al poder para así poder ser el mascarón de proa de quienes realmente lo detentan.

Votar, al menos en los EEUU, es solo un entretenimiento pasajero. Una distracción fugaz para poblaciones alienadas. Una posibilidad para que cada uno alquile su libertad a la corporación que quiera contratarlo y se ponga al servicio de la misma o de las mismas durante el tiempo que dure su mandato.

Aquí mucha gente podría orientarlo de cómo hacerlo a nivel local. No olvide presentarse sin escrúpulos y dejando la conciencia colgada del perchero de la corporación que quiera utilizar sus habilidades políticas.

Ante la lisura monumental que significa el atropello descarado de seres humanos y la difusión de falsedades para justificarlo, considero que las lisuras que yo me permito usar en esta nota son poco menos que agua bendita.

Guillermo Giacosa

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