Proyecto Conga y Tía María

El tema de Tía María se parece al de Conga, en el hecho que uno y otro comprometen empresas mineras ejecutoras con una prolongada y muy mala trayectoria de relación con las comunidades y pueblos rurales.

| 15 abril 2015 01:04 PM | Especial | 6.4k Lecturas
Proyecto Conga y Tía María
Proyecto Conga y Tía María
Por: Raúl Wiener
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Yanacocha y la Southern no son nuevos invitados en el mundo de las inversiones mineras. Una tiene cumplidos 25 años y la otra casi 60, y la experiencia que la gente retoma cuando habla de ellas es que quisiera verlas yéndose, antes que iniciando un nuevo proyecto por largos años.

En la memoria de diversas generaciones están demasiados hechos de prepotencia, dominio político sobre la zona, daños ambientales severos, irrespeto a derechos de la población preexistente, como para no olvidarlos.

Pero si nos atenemos tendremos el caso de la señora Acuña y su casa al lado de una de las lagunas de Conga, que se la quieren arrebatar argumentando entre otras cosas que la familia tiene varias pequeñas propiedades dispersas en la puna (como si Yanacocha no controlara tierras en tres provincias abarcando un espacio del tamaño de la provincia de Cajamarca)

También tenemos el caso del vocero de la Southern que declaró que se retiraban de Tía María porque los “terroristas antimineros”, es decir los agricultores y los habitantes pacíficos del Valle del Tambo, estaban amenazándolos, sabiendo perfectamente a qué cosa se alude en el Perú con lo de “terroristas”.

Claro que no se fueron y el amague quedó como un incidente de negociación en el que la ministra de Minas se dirige al presidente de la Southern, ofreciéndole todas las garantías para su proyecto.

La pregunta es si los pobladores podrán confiar en empresas con historias retorcidas, y que en estos días han mostrado que son las mismas de siempre, cuya concepción es que si ellos tienen el dinero, nuestros Estados deben someterse en aras de la inversión y la voz de los afectados no cuenta, salvo en los enfrentamientos con la policía en las carreteras. Hay 2 mil policías en Tía María y tropas permanentes en Conga, que se incrementarán seguramente cuando las cosas se calienten.

Esta dinámica, por cierto, no viene ni de lejos de la ideología. La población de Islay, Arequipa, no es ni más ni menos politizada que la de otras zonas del país, y el resorte que les mueve, es el de querer vivir tranquilos. Muchas veces he pensado en una asociación de la sociedad civil local y las mineras para explotar de la mejor forma posible recursos valiosos, sin dañar el aire, el agua, la tierra y todo lo que hace la fertilidad de El Tambo. Claro que para tal cosa los interlocutores mineros y estatales deberían ser otros, mucho más creíbles que los actuales.

No se olviden que en la elección regional-municipal de 2014, en Cajamarca e Islay, ganaron ampliamente los críticos a Yanacocha y Southern. Si somos democráticos, ¿acaso ese no fue un rotundo aviso de despedida?

Raúl Wiener

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