Pose 65, Caso 17

Aunque usted no lo crea, el celebrado “Kamasutra” fue escrito por el sabio monje hindú Vatsayana, en algún momento situado entre el 240 y el 550 de nuestra Era, como un conjunto de aforismos (dichos, o refranes, para los no cultitelídos), destinado a mejorar las relaciones “doctas y respetuosas” entre hombres y mujeres, aunque de pasache, este erudito de la Bramaputra, lo entendía también como “un espejo del placer supremo”, guárdame esa flor.

| 22 enero 2012 12:01 AM | Especial | 15.7k Lecturas
Pose 65, Caso 17 15721

El titulacho del mamotreto, se explica porque en sánscrito antiguo-que también manyo- Kama, se entiende como “placer sexual” y sutra, quiere decir “hilo, o frase corta”, de donde se deriva “sutura” que alude al fino piolín usado para remendar cualquier chairazo de celos, o desencuentro de cantina, por ejemplo.

Pero ya, yendo al toque -íntimo-del tema, debo informarles que el buen Vatsayana, creía, opinaba, alucinaba, que el chuculún, sólo admitía 8 posiciones básicas y 8 variantes consecuentes, lo que bien multiplicado al estilo pitagórico, daba 64 “vías divinas”, para alcanzar el supremo placer, algo que estaría okey para los cherocas de aquel entonces, si bien Susy Díaz, ha realizado algunas innovaciones folklóricas que van más allá de “La Balada de la Trompeta”, tema recurrente entre moches , chavines, chancas y otros versos, que ya en sus tiempos preincas, ampliaron el repertorio hasta el recíproco 69, conforme puede apreciar cualquier interesado, visitando el Museo Larco, en la cuadra doce de la avenida Bolívar, previo quite del pudibundo velo –de lonita nomás- que cubre la efigie gozosa de aquellos engolosinados en exquisiteces , dizque impropias para cucufatos.

Por algo, el viejo Sigmund decía que el coito: “es una agresión en busca de la intimidad”,-para que se enteren.

Ahora último, se vende en ediciones de lujo, un “Kamasutra” para lesbis y otro para “coliflores”, pero eso, es ya, una coquetería de ambiciosos “publishers” o un mandato imperativo del sacrosanto mercado que reverencian, entre otros, “Muñecón Baltjaus” o Aldito Mermeleátegui, keikistas geishas.

Pero volviendo al auténtico y devocional arte del treca, debemos anotar que entre sus curiosidades, se cuentan “La Danza del Misionero”, “La Adoración de la Flor de Loto”, “El Vuelo de la Mariposa”, ”Las Tijeras Ansiosas”, pasos de baile revolcón que acaso sin saberlo, todos hemos ejecutado intuitivamente alguna vez, al impulso de la cochamba cumbiambera.

Ahora bien, ese cruel bromista que se llama El Tiempo, suele derrumbar las más consagradas teorías, conforme pude comprobar, cuando en una de esas borrascosas conferencias de prensa que protagonizábamos en unión al inolvidable Arturo “Apa” Morales, estimulados por los pisco sours “tipo Catedral” que servían en el Bolívar de los viejos años, este desinhibido preguntón, le disparó al gran compositor Marianito Mores: “Dígame maestro ¿y cuál es ese pecado nuevo que usted quería estrenar con la percanta del tango, allá en el “Cuartito Azul” de su primera ilusión?- a lo cual el gran autor de “Uno” y otras bellezas, no supo qué responder, porque aquí entre nos, mi estimado, no hay nada nuevo bajo el sol de los pacharacos, como cualquierita puede averiguar si se aficiona al cuento del tocuar compartido.

Quizás, el secreto, estriba en alguna “pose 65” que se le quedó terciada en el tintero al sabio Vatsayana.

Pero hay otra.

Como ustedes-no saben- en mis días de autoexilio centroamericano, hube de hacerla de cartomántico y así creí arribar a la certeza de que los conflictos humanos, de calzón, incomprensión y otras lindezas, no pasan de dieciséis.

Pero no.

Resulta que cierta dama vino a contarme una tarde, que ella mantenía a un sinvergüenzón que consolaba sus urgencias de viuda cuarentona, a cambio de papeo, pilchas y una que otra gruesa propina.

El pata, llegaba de mañana, atendía el contrato -es un decir- engullía un poderoso desayunazo y luego se tumbaba en cama, con aire acondicionado a todo full, para gozar de la tele, mientras su protectora, marchaba al trabajo, porque para ociosos, suficiente con él mismo, según decía conchudamente.

Pero héteme aquí que un día, la dama de la historia, olvidó unos documentos y volvió sorpresivamente al nido de amor, donde ¡horror de los horrores! encontró a su gigoló de pacotilla, ensartado en un dilema pasivo, mientras un moreno tipo king kong, le cepillaba la espalda.

Yentonces pues, en tanto ella me echaba el cuento, entre sollozos y aspavientos, yo terminé adivinando que ese, era nada menos que el caso 17 del tan mentado kamasutra de la telenovela humana.

Y a quien diga lo contrario, le recordaré pues, que más sabe El Diablo, compadrito. Y no por puro Diablo y menos por cucufato.

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