Parir en la calle

El parto de una joven en la puerta de un hospital de Ate nos recuerda que muchas mujeres en el Perú y en el mundo aún mueren por causas absolutamente evitables y que el parto también es en muchos casos un pingüe negocio.

Por Diario La Primera | 12 set 2010 |    
Parir en la calle
El milagro de la vida sorprendió a todos en plena vía pública.

Más datos

DETALLE

En 2006, sólo un 60% de los partos que tuvieron lugar en países en desarrollo contaron con la presencia de asistentes cualificados. Eso significa que unos 50 millones de partos domiciliarios no contaron con esa asistencia. La cobertura oscila entre el 34% en África Oriental y el 93% en Sudamérica. La cobertura de la asistencia prenatal también es variable. En el Perú, el 87% de las embarazadas tuvieron al menos cuatro consultas prenatales, mientras que en Etiopía la cobertura fue tan sólo del 12%.

La joven tomó la combi desde un cerro en Ate, los dolores de parto se adelantaron y el tránsito impidió que llegara a tiempo. Bajó del transporte y tuvo que echarse en medio de la vereda frente al hospital, mientras su pareja colocaba su casaca bajo sus nalgas y ella abría las piernas para que el niño saliera de su vientre. Los médicos del hospital llegaron a los pocos minutos, cortaron el cordón umbilical, el padre cargó a la bebe en una manta y la gente alrededor aplaudió y dio vivas al recién nacido. Esto sucedió el martes a media mañana en nuestra ciudad.

(http://www.youtube.com/user/alexandro09538#p/a/u/0/5b_3XtrYtyQ)

La joven superó la situación, pero este hecho nos acerca a una realidad global y nacional: la muerte materna, cuya reducción es uno de los objetivos del milenio y prioridad nacional. Para el 2005 morían en el mundo 1500 mujeres cada día por complicaciones del embarazo y parto, es decir unas 536 mil al año. Según la ENDES 2009 en el Perú se dan unas 103 muertes maternas por cada 100 mil nacidos vivos; si cada año nacen unos 500 mil peruanos, entonces mueren alrededor de 500 mujeres.

Pero hay que tener en cuenta dos asuntos: los promedios ocultan las brechas, ya que existen regiones como Puno en las que la muerte materna puede ser 5 veces mayor al promedio nacional: y en segundo lugar, que estas son cifras oficiales y han sido cuestionadas por expertos independientes.

En septiembre no hay milagros
La prensa se refirió al hecho como un milagro, ya que la madre y la niña resultaron sanas luego del parto callejero. Tremendo prejuicio. Nada más natural y menos milagroso que el parto, que expresa la potencialidad de la especie para persistir en el planeta.

Lo que sucede es que un acto natural ha devenido en lo que podríamos denominar industria del parto: la organización sanitaria asume la etapa final del embarazo casi como una enfermedad. Así, la mujer es conducida como si se tratara de una emergencia a la sala de partos, y el niño lo primero que ve y siente al salir del vientre es un cúmulo de luces intensas y personas extrañas que destruyen la placidez de nueve meses.

Por eso existe todo un debate en relación al parto institucional (aquel que se da en un establecimiento de salud) y el parto domiciliario. Se supone que el primero aminora los riesgos que pueden suscitarse y que el segundo es en sí mismo inseguro. Pero existen otros factores a tener en cuenta.

Desmond Morris explica en su libro Babywatching, algunas condiciones que el parto en casa permite. Por ejemplo, señala que el mejor lugar para que una mujer dé a luz es su propia cama, ya que se trata del lugar al que está acostumbrada; cuando es llevada a un hospital, la mujer segrega hormonas que dificultan la dilatación y hacen el parto más doloroso, mientras que en su cama ello no sucedería.

Un tecnócrata de la salud me dijo que la cantidad de muertes maternas en relación con las muertes que se dan en el país cada año es mínima, por lo que no se trataría de un problema grave entre las causas de mortalidad. De hecho, mirado desde ese ángulo, el tema puede reducirse a una cuestión de cifras, pero ese no es el asunto. La muerte materna expresa el descuido que las políticas públicas y los sistemas de salud tienen en relación a la mujer.

Se trata de una situación absolutamente simbólica. No interesa si entre toda la mortalidad de un país la muerte materna es insignificante, sino cómo las mujeres en muchos casos están condenadas al olvido. En buena hora se ha avanzado notablemente en los últimos años, y se han hecho investigaciones que muestran en toda su crudeza esta situación.

Dos casos opuestos
No pocas mujeres andinas han muerto buscando llegar a un centro de salud, ya que los programas sociales exigen controles y el parto institucional para otorgar el subsidio de 100 soles a los pobres extremos; lamentable, si se tiene en cuenta que el parto domiciliario se práctica en las comunidades desde hace siglos. Una política más pensada podría privilegiar el parto en los centros de salud, pero también entregar insumos necesarios a las comunidades para los casos que lo requieran.

En el otro extremo, un estudio (ver recuadro) demuestra cómo las mujeres de clase media y alta son inducidas a tener cesáreas innecesarias. Para el médico es más cómodo programar esta intervención que acudir a un parto que puede darse en la madrugada.

Por su lado la aseguradora cobrará más por la cesárea y el médico también recibirá un monto mayor, en detrimento de la salud de la mujer y del niño, ya que nunca una cesárea innecesaria será más saludable que un parto. Esta situación afecta a más de 10 mil mujeres y genera millones de dólares de ingresos indebidos para médicos y aseguradoras.

El parto de la joven en la calles de Ate nos recuerda que la especie alberga hechos simples pero trascedentes, y que lamentablemente la ciencia y el negocio, en lugar de facilitar este momento, en muchos casos lo contamina y hasta lo distorsiona. No hay milagros, nacer es lo más natural que puede haber, y así deberíamos conservar ese momento único.

Cesáreas innecesarias:
Para el año 2005 el número de mujeres sometidas a cesáreas en establecimientos privados fue 20,804, de las cuales las cesáreas no justificadas fueron 13,189. Esta situación generó alrededor de 7 millones de dólares, sin sumar a ello otros costos indirectos derivados. El aumento de las cesáreas innecesarias se da cuando las empresas privadas de seguros (EPS) inician sus actividades. Alrededor del 75% de los ingresos de las clínicas proviene de dos grupos que controlan las EPS. El mayor poder de negociación de las EPS ha llevado a la baja de los ingresos médicos, los que se ven compensados con incentivos apoyados en la falta de información al usuario que hace. ¿Quiénes ganan quiénes pierden con los partos por cesárea? Incentivos médicos y derechos reproductivos. Alejandro Arrieta - Andrés Oneto. Consorcio de Investigación económica y social CIES. http://cies.org.pe/files/ES/bol66/03-Arrieta.pdf

Alexandro Saco
Colaborador

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