Para que sus amigos lo quieran más

Eduardo González Viaña partió a Estados Unidos en un viaje de cuatro meses que duró veinte años (hasta el día de hoy).

Por Diario La Primera | 21 ago 2011 |    
OPINIÓN

Durante meses recibió en casa cartas de personas que le escribían porque él les había hecho creer que estaba recopilando historias de milagros de Sarita Colonia para solicitar la canonización de la Patrona de los Pobres.

La verdad es que estaba escribiendo “Sarita viene volando”, novela que llegó hasta la Universidad de Berkeley, donde unos académicos hablaron de ella. El interés era que dictara clases por cuatro meses, los que se convirtieron en veinte años; un milagro que, sin querer, se lo debe a Sarita Colonia.

Escribió una carta a su madre en 1990, una vez instalado en Berkeley. Decidió luego reproducir el texto sin frases filiales o vocativos cariñosos y enviar una copia a cada amigo. Era la época del correo tradicional.

Una vez en el Perú, de vacaciones, comprobó que las cartas habían tenido mucho efecto; tenía más amigos y los antiguos lo querían más. Sin embargo, pronto descubrieron algunos que todos recibían la misma carta, solo que con diferente nombre.

Sintió entonces que les debía una disculpa y muchos correos más. Inventó entonces el “Correo de Berkeley” y, en 1993, ingresó a enseñar en la Western Oregon University, y se mudó y creó “El correo de Salem”, por el nombre de la capital de Oregon. El liberteño Eduardo González Viaña acaba de publicar una antología de esos correos: “El veneno de la libertad” (Bruño, 2011), donde escribe sobre sus sensaciones, pensamientos, vivencias en ese país… y con una libertad creativa que hacen de este libro un texto único.


Marco Fernández

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