Para esconder la plata

En el mundo actual hay dos tremendas maneras de robar en grande. Lo que se dice, en grande. Una, es el tráfico internacional de drogas, con su secuela de sangre, corrupción y salvajismo. La otra, es intervenir en las compras e inversiones del Estado. Lo demás, son simples travesuras de robaperas, que normalmente acaban en la cárcel, o comprando una vida desgraciada, para el choro y su familia.

| 04 setiembre 2011 12:09 AM | Especial | 2.5k Lecturas
Para esconder la plata
EL OJO HUMANO

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Dicen las lenguas de doble filo que en el Perú opera una gigantesca transnacional que reparte jugosas coimas entre ciertos periodistas, todo el año, haya o no proyectos en juego.
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El narcotráfico es imposible sin contar con la tolerancia culpable de “antenas” (informantes, policías corruptos) y uno o dos “padrinos” que garanticen la operación, sin “odiosas” interferencias.

Los narcos saben que en cada punto de partida de su producto, siempre hay “un hombre”.

Cómo se llame, no importa. Siempre hay uno instalado en el punto clave del poder, a partir del cual se ocupará de brindar protección desde que se empieza a elaborar la droga, hasta que se embarca sin contratiempos a su puerto de destino.

Naturalmente “el hombre” cobra, pero sus altos ingresos están previstos en el presupuesto general de la operación y, en suma, los costos de producción, siempre se trasladan al cliente que, acuciado por las exigencias de su vicio o la rentabilidad de la creciente subdistribución, terminará pagando lo que le pidan, para seguir en el ajo.

En lo que a compras e inversiones estatales se refiere, el asunto se orienta a las “comisiones” que determinados personajes percibirán por estampar su firma en la costosa adquisición de armas -por ejemplo- o la construcción de edificios, carreteras y otras tangas.

Mejor si el asunto es sin licitación, o si el “comisionado” puede arreglar las cosas de modo que su “representada” resulte sospechosamente ganando en todos los casos.

Dicen las lenguas de doble filo que en el Perú opera una gigantesca transnacional que reparte jugosas coimas entre ciertos periodistas, todo el año, haya o no proyectos en juego.

Por eso no es de extrañar que los más sabrosos contratos con el Estado, resulten siempre favoreciendo a la tal firma y jamás se ha sabido que algún medio de comunicación se pregunte cómo y porqué. ¿Y la Contraloría? Bien, gracias, pasando algo de frío, pero por lo demás, como siempre. Caballero nomás.

En suma -y en el mundo entero- los dos señalados rubros generan turbulentos caudales de dinero negro, que enriquecen hasta el colmo a no más de mil personas que viven -family included– de película, compadre, navegando por la Costa Azul a bordo de fabulosos yates, pilotando ultraveloces coches de catálogo, viajando por el mundo en calidad de ricos y famosos, además de vacilarse bien ricoflex en las más fichas discos de New York, Paris, Tokio o la Cochinchina.

El único problema de sus tapu davis, se remite a una incómoda frase que atormenta las noches del capo de la family. ¿Y cómo escondemos la plata?

Porque una cosa es llevar una vida de permanente vergel y otra, muy otra, pasar piolín frente a Oficinas del Tesoro, o Recaudadoras de Impuestos –que en los países en serio, sí cobran a los ricos- con la yapa de hacerle el quitaflor a entidades súper policíacas, que en esos mismos countryes investigan el lavado de activos más acuciosamente aún cuando el movimiento alcanza cifras astronómicas.

Cierto amigo historiador me hizo notar que aquí, entre nos, -para no ir más lejos- los más sensacionales robos al Estado recién pueden disfrutarse familiarmente “a la tercera generación posterior al empalme”.

-Y eso solo por lo que atañe al prestigio y la chismografía, oiga usted, rubros en los cuales somos asaz diestros.

Porque de las “Comisiones Investigadoras” que inventó el Architerko FBT, solo se encarga “Vitocho” y eso, para las galerías nomás y santas pascuas.

Claro que, como decía mi abuelita: ”junto con la enfermedad, nace el remedio” y hoy los jóvenes banqueros, graduados en costosísimas universidades gringas -muchos de ellos, hijos o “nepotinos” de narcos guan solapa- han inventado algunos curiosos mecanismos denominados “ingeniería financiera”, “fondos itinerantes no domiciliados”, y “conversión monetaria cotidiana”, entre otras gracias.

Mediante tales procedimientos, el money “non sancto”, se deriva en voluminosos paquetes de efectivo a las “Black Windows” (Ventanas Negras, que agarran hasta candela), se invierte en pequeños negocios de rentabilidad “caliente”, como casinos, empresas de transporte -grandes, medianas y chicas- e incluso lavanderías de barrio, o distribuidoras de electrodomésticos, por ejemplo.

Otro porcentaje de “plata negra”, viaja interminablemente a través del ciber espacio y solo “echa pie a tierra” cuando los “menes” precisan hacer alguna inyección para que el Business siga marchando, o para seguirse dando la gran vida que tanto les gusta, como a usted también le gustaría, no se me haga.

Finalmente, hay en Amberes, Luxemburgo, Tokio, Islas Vírgenes, Gran Caymán, Madagascar y otras plazas financieras “agentes contables” que literalmente “cuentan” el “Black Money” diariamente, a fin de convertirlo en monedas de diferente nominación, -siempre que jueguen al alza- impidiendo así que lo detecte cualquier Sherlock Holmes, de esos que aparecen de vez en cuando y suelen acabar muertos de mala manera.

Y la cereza de la torta son los bancos de Singapur, Hong Kong, Shanghai o Makao, donde preguntas nomás por la cuenta de Don Fulano y te responden con un balazo en la cabeza, para que aprendas a ser sapo.

Quisiera cerrar esta nota, aludiendo a un viejo libro de Lyndon La Rouche, titulado “Narcotráfico S. A.” en el cual este gringo medio contestatario y medio cocacola -a quien oportunamente el FBI metió en cana por una buena temporada, anda tú a saber porqué- presentaba una lista de “las más grandes lavanderías del mundo”.

Bancos que aceptan depósitos por cualquier monto, sin hacer preguntas incómodas, quizás alucinando que el día que la orga manque, el banco cierra con todo, como ya lo han hecho con una serie de dictadores y otros tigres, Montesinos incluido, y quizás terminen haciéndolo con Fujirrata y su tribu, el día que el cáncer diga su palabra final.

Bueno, pues. Si alguno de mis amables lectores se diera el trabajo de buscar –y encontrar- el libraco citado, quizás se caiga de espaldas al aguaitar en sus páginas nada menos que las razones sociales de dos importantes trusts bancarios que han anclado por acanga apenas hace unos cuantos años.

¿Que cómo lo sé?

Compadre, ya me cansé de repetir que más sabe El Diablo y por algo será, ¿no?

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