Para entender a Martín Adán

Un libro esencial para entender la obra y vida del autor de “La casa de cartón”, obra que fue calificada por él mismo como un simple “ejercicio” para una “clase de gramática”. Así de singular era Martín Adán.

| 25 setiembre 2011 12:09 AM | Especial | 9.7k Lecturas
Para entender a Martín Adán

Más datos

(1) Colorido “Martin Adán”, óleo sobre tela (180 cm x 150 cm) realizado en el año 2006 por el artista limeño Enrique Polanco.

(2) Martín Adán: “El estilo es una forma de la edad. A mí me sorprende el buen éxito que constantemente ha tenido aquel libro (‘La casa de Cartón’).
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Rafael de la Fuente Benavides se cambió el nombre a Martín Adán cogiendo el de un mono, “Martín”, y asociándolo al del primer hombre, “Adán”; según sus propias palabras. Lo hizo, dijo, para pertenecer a un grupo del poeta José María Eguren formado por intelectuales de la clase media baja y en el cual, pensó, no le darían cabida por su “origen supuestamente aristocrático” adjudicado a su verdadero nombre.

Esta es solo una anécdota que se recoge en el libro “Martín Adán. Entrevistas” (Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 2011) de Andrés Piñeiro, editor y compilador, quien ha recogido nueve entrevistas, entre inéditas y publicadas, presenciales o realizadas por medio de cartas, en un volumen indispensable para entender al poeta Martín Adán, autor de “La mano desasida. Canto a Machu Picchu”, “La casa de cartón”, “Travesía de extramares”, entre otras obras.

Hombre de pocos amigos
Fue hombre de pocos amigos Martín Adán, poco dado a las entrevistas y a los desconocidos. No se encuentran registros de que el insigne paciente del hospital psiquiátrico Víctor Larco Herrera haya dado alguna conferencia o recital poético, como recuerda Mirko Lauer en la introducción del libro. Huésped ilustre en hoteles de baja categoría, itinerante de los altos del hotel “Comercio” a los bajos del mítico bar “Palermo”, cercano a José Carlos Mariátegui (siendo Adán de “derechas”), tiene que adoptar el seudónimo de Martín Adán para escribir en la revista “Amauta” (eso se lee en la presentación de Andrés Piñeiro); escribía en papeles, libretas, servilletas, etc., y le debió al editor Juan Mejía Baca más que la amistad. Era una de esas pocas personas que aceptaba en su entorno, en esa soledad que describió con estas palabras al referirse a su hermano muerto: “Solo me acompañó 9 años y lo necesité toda una vida”.

Adán, el gramático
Una de las más grandes incógnitas sobre su obra (el género literario al que pertenece “La casa de cartón”), Adán la resuelve sorpresivamente: en 1978, dice que “El estilo es una forma de la edad. A mí me sorprende el buen éxito que constantemente ha tenido aquel libro (‘La casa de cartón’). Lo escribí siendo colegial, para ejercitarme en las reglas que el profesor de gramática castellana, Emilio Huidobro”.

Una de las obras más únicas de la literatura peruana, “La casa de cartón”, fue designada por su autor como pieza de ejercicio para una clase de gramática del ex seminarista español Emilio Huidobro, quien ejerciera de profesor en el Colegio Alemán, donde Martín Adán cursaba estudios. Es “La casa...” una serie de impresiones de Barranco que el autor tomó de su niñez y que se convirtió en una joya literaria inclasificable.

Esa obra incomparable tenía la característica de la soledad, de ser única entre las demás, como su autor, quien se cultivó solitario durante una vida. “Quiero seguir sufriendo y amando al Perú, yo solo, sin compañía de nadie” dijo en 1956: la soledad “Es un estar consigo mismo y el disponer de tiempo no interrumpido para la meditación y el trabajo. En fin, la soledad es para mí lo que es la soledad para quien la elige libremente”.

Con el correr de los años, en 1985, diría que “Nadie comprende lo que es llevar a cuestas a un excéntrico poeta bohemio, que pretende exclusivamente paz y soledad y que a la vez tiene dentro de sí a un hombre deseoso de que los demás se percaten de que Rafael de la Fuente es un ser humano tan igual que otro y gusta de la compañía (…) Todos vienen a ver a Martín Adán, a nadie le interesa conocer a Rafael de la Fuente Benavides”.

Amigo de Eguren y Mariátegui
Abogado por imposición familiar, concluyó sus estudios de Derecho en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, pero nunca llegó a resignarse “a la prosa forense, que me parece horrenda”. Pero su mundo era literario. Fue amigo de Mariátegui y lo describe así: “Mariátegui fue, sin duda, un hombre extraordinario. Lo era por su inteligencia, por su laboriosidad y, sobre todo, por su temple moral. Debo decir ahora (…) que Mariátegui es un héroe”.

Recluido voluntariamente en el Larco Herrera en busca de la cordura que le hacía falta, según sus propias palabras, sostuvo que “los cuerdos están en el manicomio y los locos en la calle”.

Todo esto y más es lo que uno puede encontrar en “Martín Adán. Entrevistas”, un libro esencial para entender a Martín Adán (y su obra), escritor que forjó su soledad con huraña vehemencia.


Marco Fernández.
Redacción

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