Papá Noel está preocupado

Cabizbajo y meditabundo camina Papá Noel por calles de Lima porque tiene que cumplir con una meta alucinante. Se ha comprometido con los niños de los asentamientos humanos Primavera Alta de Chimbote y 200 Millas Lomo de Corvina de Villa El Salvador en llevarles juguetes; y recopilación de los regalos avanza lentamente.

| 07 diciembre 2012 12:12 AM | Especial | 2.5k Lecturas
Papá Noel está preocupado
Pero no pierde las esperanzas de llevarles una sonrisa a los niños
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—No pierda las esperanzas.

—Claro que no. Lo que pasa es que son más de tres mil niños. Aún no he conseguido todos los juguetes y eso me tiene preocupado.

Julio César Arroyo Ruiz tiene 35 años de edad. Es católico y se ha convertido en el Papá Noel peruano que cada año les regala sonrisas a los niños pobres. Su historia es ya más o menos conocida.

Es padre soltero y su único hijo se llama Bryan, y es, quizá, el responsable de que este hombre se haya convertido en Papá Noel.

Ha llegado a las alturas de Puente Piedra, ha ido a Ancash, Olmos (Lambayeque), a varios asentamientos humanos de la capital, con sus juguetes en el costal con la intención de alegrar a los niños en Navidad. “Los niños pobres tienen derecho a alegrarse al menos en estas fiestas”, dice.

Desde el 2006, lleva juguetes a los niños pobres. Pero cada año la meta es superior y este año tiene que ir con tres mil juguetes a Chimbote y eso lo tiene triste.

La historia empieza cuando en el 2004 su hijo Bryan le dio la idea para que se disfrazara de Papá Noel. Ocurre que habían ido juntos a ver una película en la cual un niño descubre que el Papá Noel que le había llevado su regalo era su padre.

—¿Todos los padres son Santa Claus? —preguntó Bryan.

—Claro, hijo —respondió Julio.

—¿Y cómo nunca te he visto?

—Es que lo hago a escondidas.

La Navidad de aquel año, Julio se disfrazó de Papá Noel para que su hijo lo viera en acción. Se apareció la noche del 24 de ese día y empezó a dar regalos con el clásico “jo-jo-jo” a los primos y amiguitos de Bryan. Bryan lo reconoció y se puso contento porque su héroe era también Papá Noel. Esa misma noche salieron padre e hijo a las calles y regalaron algunos juguetes a los niños más pobres de la cuadra y ahí se dio cuenta que no todos los niños tiene la misma suerte.

En el 2005, envió un correo grupal a todos sus amigos para que ellos se unan a la causa donando un juguete. “Fue un éxito, mis amigos respondieron a mi iniciativa y llegué a juntar 600 juguetes y los repartimos a los niños trabajadores de la calle. Este mismo año le puse nombre al equipo que colaboró conmigo. Le puse ‘un regalo, una sonrisa’ y ese mismo año creé la página web: www.unregalounasonrisa.com. Este nombre me lo han querido comprar varios, incluso gente de otros países”.

—¿Y ahora ya no funciona la página web?

—Sí funciona y da resultado; pero la meta para este año es muy alta. Me he comprometido con los niños de los asentamientos humanos Primavera Alta de Chimbote, 200 Millas Lomo de Corvina de Villa El Salvador y debo conseguir tres mil juguetes.

—Tranquilo.

—Está bien.



—¿Qué siente usted regalando?

—El regalo tiene la virtud de hacer sonreír a los niños. Mis padres siempre me han querido mucho; y nunca me ha faltado nada. Pero gracias a mi hijo me he dado cuenta que hay millones de niños en el mundo que la pasan llorando en Navidad. Me siento bien haciendo reír a los niños, porque siento que es mi hijo. A veces, me veo yo en el rostro de un niño.

—¿Es verdad que el 2008, llegaste a juntar 1,800 juguetes?

—En el 2008, tuvimos suerte porque nos ayudó la esposa del ministro de Salud, Óscar Ugarte. Gracias a esa ayuda y (con las colaboraciones del grupo de amigos del trabajo, de mi barrio, del facebook y correos) llegamos a juntar 1,800 juguetes. Un récord para ese año. Fuimos al asentamiento humano Pachacútec en Ventanilla, Callao, y vi cómo un regalo puede cambiar el rostro de los niños”, sostuvo.

El año pasado, este Papá Noel peruano cruzó las barreras de Lima y llegó a la provincia de Olmos en Lambayeque. Está loco, loco de amor por los niños.

En el 2009, el carrito navideño de ‘El Aéreo’ ayudó a Papá Noel, que tuvo que recorrer 12 horas para llegar a un caserío a una hora de camino desde el centro de Olmos. “Esa vez repartimos 2,300 juguetes. Además me mandé a hacer un traje especial, por el calor. En vez de un trineo, me jalaba un burrito”, dice.

“El año 2010 el destino fue Casma (Ancash). Hemos hecho los cálculos y 1,500 niños esperan a Papá Noel. Son niños que viven en extrema pobreza. La idea es llegar a los pequeños que nunca han tenido la alegría de recibir un regalo. En Lima hay varios grupos que hacen lo que yo hago; pero en provincias la cosa no es tan popular todavía”.

En el 2010 y el 2011, Papá Noel hizo sonreír a muchos niños. “No puedo quejarme, la gente me ayuda. Tengo amigos de buen corazón, como el famoso Pamunda y su amiga de siempre Paola Serna que siempre me ayudan en esta faena. Tengo también amigos del extranjero. Yo quisiera tener un millón de amigos para que cada uno me apoye con un juguete para conseguir sonrisas de los niños. Yo estoy seguro que Dios me ayudará este año como siempre lo hizo en años anteriores. Digamos que estoy preocupado, pero tengo esperanzas”.

—¿Cómo pueden ayudarte?

—Dándome un juguete, un regalo.

—Ya sabemos eso. ¿Cómo te pueden contactar?

—Dejo mi correo julbryan@hotmail.com y el número de mi celular 994991282 para que la gente de buena voluntad me ayude a llegar a los tres mil juguetes.

—¿Es verdad que usted llora cuando ve un niño pobre en la calle?

—¿Quién te dijo?

—No interesa.

—Es cuestión de sensibilidad, imagino.


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