Otras vidas

Hoy, es la Eternidad. El pasado no existe y el futuro es un sueño.

Y si usted es de los que creen que la vida es una sola, déjeme desengañarlo ahorita mismo, a riesgo de que por este desacomode, resulte diciéndome mi vida, en glorioso technicolor, para desternille de la teleplatea, porque aquí quien no es urraco es giselo, de cualquier modo o estilo que se le acomoden las hormonas.

| 22 abril 2012 12:04 AM | Especial | 2.5k Lecturas
Otras vidas 2546

Veamos un ejemplo. Agarre con fuerza su álbum fotofamiliar y péguele una ojeadita de costarrica nomás, para que no haya paltas ni roche en su azotea.

Y dígame sin truco: ¿tiene usted algo que ver, con el beboncito calatayud, que sus amados viejos hicieron retratar en los lejanos días de sus tiempos de pañal y pichi?... ¿No?...No, pues.

Y sin embargo, nadie puede negar que ese, ES usted mismito, mostrando orgulloso su petit pirulín, si acaso es machito, o lo que usted ya sabe, si nació favorecida.

Démosle otra vueltecita a la matraca. ¿Quién diría usted que es ese pejerrey parado ahí con carabina de santurrón y cinta al brazo,-si es varón-o esplendente traje blanco de premonición nupcial, si es usted una hija de Eva? No lo piense mucho. Es usted mismito (a).

Y podríamos seguir con fotos de promoción, tardes de fulbito – o full vaso- reuniones familiares y otros happenings de sus muchas vidas vividas en una sola. Y sin haberse muerto todavía, oiga usted.

Quiere decir, que una vez cumplidos los cincuenta, y salvo que usted habite en un convento o que emulando a Madame Recamier, sólo utilice el lecho para comer y dormir, usted debe haber vivido por lo menos, unas doce distintas y a veces inconexas alternativas vivenciales, o lo que es lo mismo, una docena de diferentes telenovelas con usted de protagonista,- héroe, payaso o villano- y sin pausas comerciales.

Ahora bien, según creen millones de personas, sobre todo en la India y gran parte del gigantesco continente asiático, el bicho humano muere y renace una y mil veces hasta perfeccionarse y retornar a la grandeza de Dios, “como una gota de lluvia que se reintegrara al océano”.

-Curiosamente, esta creencia, tiene sus matices. Algunas corrientes reencarnacionistas, sostienen que uno nace alternativamente hombre, mujer, (chivo), o cualquier ser vivo que se nos parezca, de acuerdo a nuestro comportamiento en la vida precedente, sumando detalles de evolución espiritual y otras gracias que supone la energía vital que es inteligencia pura y se sintetiza en “OM” y se expresa en “brahmán”, mi estimado.

Otras capillas, más chéveres, sostienen que la evolución espiritual, no conoce retrocesos y que en cada retorno, somos ligeramente mejores, corregidos y aumentados, a pesar de lo desarreglosos que hayamos sido en la pachanga, el cuento y lo que ustedes ya saben, y no cito, para evitar al populorum los malos supositorios.

Algunos místicos occidentales, explican por esta vía, los conocimientos innatos, las vocaciones y la continuidad de la memoria genética, expresada por el ARN. También, el amor a primera vista y el magnetismo inverso que nos invade al conocer a alguien que sencillamente “no nos cae bien”, en su condición de enemigo durante una edición antigua de nuestro vivir.

Hay, por ejemplo, un gerente de periódico que apenas me ve, decide botarme porque le recuerdo a alguien que lo hizo sufrir en la infancia ciertos vejámenes, cuyo trauma jamás ha superado. En Fin. Al fondo Hay sitio, como dice “Betito”.

Además, la reencarnación explicaría el “dharma” de los hindúes, que con dicho término, se refieren a “eso que cada quien sabe hacer como nadie en el mundo”, o “eso para lo cual, sentimos haber nacido”, ya se trate de analizar la estructura de los agujeros negros que define el genial Stephen Hawking, o la misteriosa preparación del cebiche del fin del mundo, conforme lo marina el gordipepo Gastón Acurio.

Esa vocación exacta que una vez encontrada, asegura la felicidad del cliente sin vuelta de hoja. Algo así como chocar con el gran amor de esta vida, antes que se le hayan muerto a uno las-es un decir-ilusiones de entrecama.

En fin, yo no soy quien, para cantarle la Biblia a nadie, ni estoy en condiciones de metamorfosearme en diablo predicador. Simplemente entretengo a mi clientela, llamando su atención sobre las posibilidades que nos aguardan una vez entregado el equipo, en el rincón de las ánimas, ya que en torno a la Divinidad, lo más sabio es seguir a Pascal, quien solía decir: “Creamos en Dios, porque si existe, lo habremos ganado todo. Y si no existe, no habremos perdido nada”.

Y este es un mensaje para aquellos que se declaran ateos “por la gracia de Dios”.

-Y para rematar la cueca, cierta amiga que domina el merecumbé del más allá, me contó que cierta pareja, se había prometido volver de ultratumba-el primero en mancar como es debido- trayendo la revelación de todos los misterios.

A su tiempo, muere el marido y entonces la viuda, realiza un misterioso ritual y logra comunicarse en frío y en directo con su bienamado, al cual le pregunta cómo la vive después de muerto.

-“Aquí la paso bacán-dice el difunto-muy de mañana, me despierto y enseguidita hago el amor. Luego, desayuno vegetariano nomás, con puritas yerbas verdes y de vez en cuando, una zanahoria ricotona, que me cae de película.

Después, salgo a corretear por el campo y cuando me canso del tema, retorno a mi hogar, hago el amor otra vez, antes de empalmar con el almuerzo.

Más tarde, al despertar de mi siestita, hago el amor a la volada y me largo al campo a pasear gozando el aire puro. Y ya al anochecer, antes de entregarme al sueño, pues hago el amor nuevamente con entusiasmo renovado y hasta mañana no hay colegio”.

-“Oye-lo interrumpe la adolorida ex esposa- entonces, tu estarás en el cielo…”

-“No –retruca el pendavis refri- lo que pasa, es que me he reencarnado en conejo y estoy viviendo en la campiña piurana”.

-Lo dicho, mis hermanos. No hay misterios. Sólo hay cosas que ignoramos.

Más sabe el Diablo…


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