Orson Welles, el genio olvidado

Es considerado uno de los artistas más versátiles del siglo XX en el campo del teatro, la radio y el cine, en los que tuvo excelentes resultados. Alcanzó el éxito a los veintitrés años gracias a la obra radiofónica The War of the Worlds, que causó conmoción en Estados Unidos, cuando la gente que estaba escuchando el programa pensó que era una verdadera invasión de extraterrestres.

Por Diario La Primera | 09 octubre 2012 |  1.2k 
Orson Welles, el genio olvidado

Más datos

LAS PELÍCULAS DE ORSON WELLES

• 1941 - Ciudadano Kane
• 1942 - Los magníficos Amberson
• 1942 - It’s all true - Película inacabada
• 1945 - El extraño
• 1947 - La dama de Shanghái
• 1947 - Macbeth
• 1952 -Otelo
• 1955 - Mr. Arkadin
• 1957 - Sed de mal
• 1962 - El proceso
• 1965 - Campanadas a medianoche
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La noche del 9 de octubre de 1985, la máquina de escribir cesó su repiqueteo de manera intempestiva. No era una pausa para imaginar el siguiente diálogo de sus personajes. La interrupción fue total y silenciosa. Su pesada cabeza cayó sobre el teclado y su viejo corazón se rebeló a seguir latiendo. ¿Cuánto tiempo pasó frente a la máquina de escribir en toda su vida? Quién lo sabe. Solo que ahora la muerte le llegó rápido y sin enfermedades largas. Y luego el olvido. Hace ya 27 años que Orson Welles murió de un infarto fulminante cuando se podía esperar más de su genio. En realidad peleaba a contracorriente de todo. Detestaba la rigidez de los estudios, la presión de los ejecutivos, la frustración creativa al no poder controlar el corte final de sus películas. Por eso se fue a Europa, para vivir plenamente y saltarse a la garrocha la mediocridad de la industria norteamericana. Tampoco pudo hacer lo que quería, aunque se sentía más a su aire, más libre.

EL GENIO REBELDE
Siempre tuvo la conciencia de su talento desde niño. Siendo adolescente monta a Shakespeare cuando los otros jóvenes revoloteaban alrededor de las chicas y sin saber qué hacer. Welles tenía la pasión y la fuerza para emprender tareas titánicas y de alto riesgo. Como la puesta en escena radial de “La Guerra de los mundos”, que provocó un escándalo mayúsculo al generar una crisis de pánico cuando los oyentes creyeron que se estaba produciendo en verdad una invasión de marcianos reales. Orson Welles se burló abiertamente de la ingenuidad de los norteamericanos y descubrió, además, la enorme credibilidad e influencia de la radio y de los medios de comunicación. Su fama fue instantánea, pero jamás pensó en Hollywood. A sus 25 años obtuvo un contrato para hacer tres películas con control absoluto sobre el casting y el montaje. Nadie tenía un contrato así. Y además nunca había hecho cine y su cultura cinematográfica era inexistente. Pero terco e inteligente, se puso a ver todas la películas importantes, tanto europeas como norteamericanas, bajo la dirección de una tutora que la RKO contrató especialmente. Tenía todo el tiempo del mundo, pero lo aprovechó muy bien y de qué manera.

LA LUCHA POR LA DIGNIDAD
En el fragor de la lucha por tumbarse el estreno de “El Ciudadano Kane”, un joven periodista, que trabajaba probablemente para William Randolph Hearst, le preguntó a Welles si realmente se puede “aprender” el cine, aludiendo a su inexperiencia como cineasta, Welles contestó: “Claro que se puede… pero si usted es un imbécil, nunca aprenderá nada de nada”…

Para su primera película, había que tener un guión sólido y contrató a Herman J. Mankiewicz, tomando como modelo al magnate de la prensa amarilla, el poderoso Hearst. El rodaje fue un secreto de estado, ya que ni la RKO tenía control sobre la película. Cuando se mostró en público, estalló la guerra entre el modelo y el personaje imaginario. Hearst quiso comprar los negativos para destruirla, creyendo que lo ofendía personalmente.

Hearst no entendió nada. La película es ahora, a la distancia, el mejor filme de su tiempo y un referente obligado en la historia del cine y Hearts ha pasado al olvido. Solo se le recuerda porque fue abuelo de Patricia Hearst, su rica heredera secuestrada por un comando terrorista, al que se incorporó bajo los efectos del síndrome de Estocolmo. Pero la mala prensa liquidó la carrera del filme. Veinte años después, los jóvenes iracundos de la “nouvelle vague”, particularmente Francois Truffaut, la redescubrieron y subrayaron su enorme valor para el desarrollo y avance del lenguaje cinematográfico.

LOS APORTES DE “EL CIUDADANO KANE”
En el período mudo, D.W. Griffith estableció las reglas de la narración cinematográfica, metiéndose en las historias realistas de Charles Dickens y descubriendo el valor del primer plano. El montaje alternó los movimientos de cámara para describir las acciones dramáticas. Esto ocurrió hacia 1914. A partir de allí se vino el diluvio y también la reiteración. Surgieron movimientos de vanguardia que emparentaban al cine con los sueños (los surrealistas), los experimentos alrededor del montaje (el montaje ideológico), el expresionismo con sus aportes expresivos en el manejo de la luz y los contrastes. Pero era un cine tributario, en alguna medida, de la literatura y de la manera aristotélica: principio, clímax y final, siguiendo rigurosamente una sola línea de tiempo y de espacio: pasado, presente y futuro. Welles vio todo ello y todo lo aprovechó de manera genial, pero rompiendo las reglas. Empezó su historia por el final. Eso era imposible. ¿Cómo iban los espectadores a entender la historia si desde el principio ya sabe el final? Por otro lado, la historia de Charles Foster Kane es contada desde 7 puntos de vista distintos. ¿Cuándo se había hecho eso? Incluso hay secuencias que se vuelven a contar cambiando los puntos de vista, como haría mucho tiempo después Tarantino en “Pulp Fiction”, como si fuera una gran innovación. Y todo ello en 1941 cuando en Europa seguían fielmente los cánones de realismo francés y aún antes del neorrealismo. Son muchos más los aportes de “El Ciudadano Kane” al lenguaje del cine. Welles es por ello una figura cenital en ese sentido. Sin embargo sus creaciones como director han sido pocas, no así sus apariciones como actor a lo largo de su vida.


Ronald Portocarrero
Redacción

Referencia
Propia



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