Nuevos mandarines en China

La nómina de la nueva dirección colegiada del Partido Comunista Chino confirma que seguirá adelante la política de liberalización económica que dejó sentada Den Xiaoping, el hombre que según muchos instauró el capitalismo de Estado en el gigante asiático.

| 17 noviembre 2012 12:11 AM | Especial | 1.1k Lecturas
Nuevos mandarines en China
Se inicia la era Xi Jinping. Tendrá que enfrentar la corrupción, la desigualdad económica y el reclamo por los derechos políticos y sociales.
LA ERA XI JINPING

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El arribo de Xi al poder estaba cantado luego que obtuviera el respaldo de los máximos líderes del partido, que en 2007 lo ungieron como vicepresidente. El electo no pertenece a ninguno de los dos bandos del PCCH, por lo que se le define como un dirigente de consenso.

Al parecer el modelo proexportador ya llegó al límite. Así lo parece indicar también el acuerdo de los 2.270 delegados del Congreso que fija como objetivo duplicar el PIB (producto interior bruto) y los ingresos per cápita, tanto de la población urbana como de la rural, para 2020.
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La renovación partidaria producida en el XVIII Congreso del Partido Comunista Chino, en la que salió electo el nuevo Secretario General, Xi Jinping, deja en evidencia que la sombra de Den Xiaoping, el artífice de la liberalización económica, sigue marcando la pauta en la segunda potencia del mundo.

Xi Jinping es el hombre de consenso de las dos alas predominantes en el Partido Comunista tras la caída de los líderes maoístas, barridos tras el ascenso de Deng al poder. Su elección resultó de una solución de compromiso entre los antiguos dirigentes de la llamada facción de Shanghai, liderada por Jiang Zemin, y la facción de las Juventudes Comunistas, agrupada en torno a Hu Hintao.

Jiang Zemin fue uno de los protegidos de Deng y continuó la política de liberalización económica que permitió el desarrollo descomunal de la economía china y, a la vez, generó uno de los sistemas más desiguales del mundo. Después Jiang cedería la posta a otro dirigente cercano a Deng, el actual presidente de la República Popular China, Hu Jintao.

Al iniciar su mandato el 2002, Hu y su primer ministro, Wen Jiabao, líderes de las Juventudes Comunistas, prometieron establecer una sociedad armónica que disminuiría la desigualdad y dejara de lado la premisa de la facción de Shangai del “PIB en primer lugar y el bienestar en segundo”. Pero esa propuesta está todavía muy lejana, lo que se revela en el descontento cada vez más creciente de la población.


Los siete miembros del comité permanente del PCCH.

RESPALDO
Ahora Xi cuenta con el respaldo de Jiang Zemin, el hombre de 81 años que se dejó ver en el Congreso partidario intercambiando confidencias con el presidente Hu Jintao, otro de los que respaldó su elección. El arribo de Xi al poder estaba cantado luego que obtuviera el respaldo de los máximos líderes del partido, que en 2007 lo ungieron como vicepresidente. El electo no pertenece a ninguno de los dos bandos del PCCH, por lo que se le define como un dirigente de consenso. Su fama de gestor eficaz y de luchador contra la corrupción, sin embargo, se vio empañada por la revelación de que su familia acumuló una fortuna de más de 300 millones de euros mientras él ocupaba el cargo de vicepresidente, según informó la agencia Bloomberg.

Otro de los designados por la nomenclatura es Li Keqiang, de 57 años, actual viceprimer ministro, que pronto se convertirá en primer ministro, en reemplazo de Wen Jiabao. El resto del Comité Permanente del Politburó está conformado por Zhang Dejiang (viceprimer ministro y jefe del partido en Chongqing), Yu Zhengsheng (jefe del partido en Shanghai), Liu Yunshan (ministro de Propaganda), Wang Qishan (viceprimer ministro y responsable de la Comisión Central de Inspección de la Disciplina) y Zhang Gaoli (jefe del partido en Tianjin).

Ellos tendrán bajo sus hombros tareas nada fáciles: la lucha contra la corrupción, la desigualdad económica, las demandas por derechos políticos y sociales, así como la contaminación ambiental. Lo dejó en claro Xi Jinpin al asumir el cargo, tras comprometerse a luchar contra la corrupción y a construir una vida mejor para todos los chinos. “Nuestro partido está dedicado a servir al pueblo. Ha conducido al pueblo en la consecución de logros reconocidos mundialmente, y tenemos todas las razones para estar orgullosos de estos logros”, dijo. “Pero no somos condescendientes, y nunca nos dormiremos en nuestros laureles. Bajo las nuevas condiciones, nuestro partido se enfrenta a muchos desafíos difíciles, y hay también muchos problemas urgentes en el partido que resolver; en particular, la corrupción, estar separados de la gente y seguir las formalidades y la burocracia causada por algunos funcionarios del partido”, afirmó.

Xi llega a la cúspide con todos los poderes, ya que Hu Jintao le entregó también la presidencia de la Comisión Militar Central, que controla el Ejército Popular de Liberación, integrado por 2,3 millones de personas. Sin embargo, muchos descreen que podrá realizar los cambios políticos que requiere un país gobernado con mano dura por la nomenclatura.


(a) Den Xiaoping. (b) Hu Hintao. (c) Jian Zemin.

SIN CAMBIOS
De acuerdo a los analistas, el Comité Permanente está compuesto por una mezcla de conservadores políticos y reformistas cautos como el propio Xi y Li Keqiang, lo que vislumbra que podrán llevar adelante reformas económicas pero no políticas. Los que así opinan, destacan que dos de los candidatos que tenían credenciales reformistas -el jefe del partido en Guangdong, Wang Yang, y el jefe de la organización del partido, Li Yuanchao- no lograron acceder al mando central.

Los dos discípulos de Hu Hintao no llegaron a ascender porque los veteranos del partido los cuestionaron por ser excesivamente liberales. Pese a ello, los tres integran el Politburó de 25 miembros. En cambio: el jefe de Propaganda del Partido, Liu Yunshan, el hombre que aplastó con puño de acero a la disidencia y está a cargo de la censura en Internet y los medios de comunicación, fue confirmado como uno de los siete hombres fuertes del régimen.

En todo caso, tras las innumerables protestas de la población, la nueva orientación parece ser la de ir hacia un modelo más ligado al consumo doméstico, con un sector privado robusto, que compita en igualdad de condiciones con las empresas estatales, que actualmente gozan de muchos privilegios. Al parecer el modelo proexportador ya llegó al límite. Así lo parece indicar también el acuerdo de los 2.270 delegados del Congreso que fija como objetivo duplicar el PIB (producto interior bruto) y los ingresos per cápita, tanto de la población urbana como de la rural, para 2020.

Otro de los problemas que deberá enfrentar la nueva dirigencia es el de la contaminación, Zhou Shengxian, ministro de Protección Medioambiental, aseguró que el gobierno exigirá que todos los futuros proyectos industriales incluyan una evaluación del riesgo que presentan para la estabilidad social.

Esa y otras tareas están en manos de Xi, un hombre alto, fornido, de estilo directo, nacido 1953 y que en plena Revolución Cultural fue enviado a trabajar en el campo en Shaanxi. “Tragué más bilis que la mayoría de la gente”, contó después. Fue encarcelado cuatro veces. De allí su rechazo a todo modelo ultraizquierdista.

Xi es hijo de Xi Zhongxun, exviceprimer ministro (1959-1962), que a principios de la década del 60 fue acusado de deslealtad hacia Mao, pese a ser la mano derecha de Zhou Enlai, el primer ministro chino de entonces. Su ingreso al PCCh fue traumático, fue rechazado nueve veces. Finalmente, ingresó en 1974. Entre 1975 y 1979, estudió ingeniería química en la Universidad Qinghua, en Pekín, donde también lograría un doctorado en teoría marxista. A partir de ahí comenzó su carrera política, que le llevó a ocupar cargos en los gobiernos y secretarías del PCCh en tres provincias costeras: Hebei, Fujian y Zhejiang. Su paso por Zhejiang le granjeó fama de luchador contra la corrupción. En marzo de 2007, asumió la secretaría del partido en Shanghai después de que su predecesor, Chen Liangyu, fuera destituido y más tarde condenado a 18 años de cárcel por corrupción.

MAOÍSTAS
Algunos analistas creen que el sector “neomaoísta” del partido, que recogía algunas de las viejas banderas de la era Mao, fue la gran derrotada del Congreso. Ese grupo minoritario, distanciado tanto de la facción “reformista” de Hu Jintao como la de los “liberales” de la facción de Shanghái, quedó derrotado con la caída de Bo Xilai, ex secretario general del PCCh en Chongqing, cuyos intentos de recuperar el idealismo maoísta causaron recelos en Pekín.

Bo convirtió a Chongqing en la “capital roja” de China: pregonaba el regreso a los valores tradicionales del maoísmo con una política populista alternativa a la del gobierno central. Ahora que espera ser enjuiciado por corrupción y su esposa cumple una pena de cárcel por asesinar a un empresario británico, sus simpatizantes ven en ello una revancha política de los “reformistas” y “liberales”.

“La campaña roja de Bo y su popularidad podrían haber generado temor entre los líderes reformistas a que el maoísmo siga siendo popular”, comentó el profesor Zhang Min, de la Universidad Popular de Pekín. Un temor que quedaría evidenciado con la decisión de ungir como número tres del poder y como futuro presidente de la Asamblea Popular Nacional a Zhang Dejiang, el hombre que recibió el encargo de poner orden en Chongqing tras la caída de Bo.

Si algo está claro en el país oriental es que los nuevos mandarines chinos tienen el control, pese a los nubarrones que se forman en el horizonte sobre el río Yangtze.


Efraín Rúa
Editor Mundo


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