¿Nuevos desplazados de guerra?

Fue una sorpresa para el Ejército, saber que los llamados ¨Narco senderistas” de los ríos Apurímac y Ene (VRAE/) estaban en la provincia cusqueña de la Convención y que con el dominio que tienen de ríos, cochas y quebradas en la Amazonía peruana eran capaces de tomar 36 rehenes, de liberarlos sin daño alguno, de jugar a las escondidas con sus perseguidores y de desaparecer en el monte.

| 29 abril 2012 12:04 AM | Especial | 2k Lecturas
¿Nuevos desplazados de guerra?
Los indígenas afectados por el conflicto en la selva de La Convención, que no es parte del Vrae, se sienten entre dos fuegos.
2006

Peor aún, sus altos jefes se enteraron por los periódicos que a pocos kilómetros de donde se produjo el último y mortal ataque, Martín Quispe Palomino -conocido como “camarada Gabriel”- dio una original conferencia de prensa para informar de sus acciones.

Fue sencillamente una burla, porque tanto el presidente de la República -vestido de guerra -como el Comando del Ejército creyeron que acababan de obtener una ¨impecable victoria¨ al confundir una simple liberación de rehenes con un rescate. ¡Qué victoria!

Kiteni, allá lejos, muy lejos, es un nuevo escenario del drama peruano de todos los días. Es pertinente recordar que la zona del Vrae no incluye a La Convención, que se trata de una zona cocalera desde hace muchísimo tiempo, conectada con las redes ayacuchanas del narcotráfico de Ayacucho y Andahuaylas. Ya se sabe que muy cerca están los pozos de gas de Camisea y el distrito de Echarate que estadísticamente es el más rico del país por eso del Canon.

Desde hace miles de años esa parte de la Amazonía está habitada por los pueblos indígenas puestos ahora frente a la maravillosa modernidad del país con sus vanguardias de grandes empresas para explotar la madera, el petróleo, el gas, el oro, sucesores directos de los caucheros; con sus carteles grandes y medianos productores y vendedores de cocaína; con sus grandes, medianas y pequeñas empresas formales e informales, legales e ilegales que sacan todo el oro que pueden; con sus discotecas y burdeles; con el trabajo esclavo de niños y adolescentes; con sus autoridades locales, regionales y nacionales dispuestas a todo para facilitar los negocios de quienes llegan con el cuento del llamado desarrollo para el país, su país; con sus helicópteros, oficiales, policías y soldados y camionetas 4 x 4 de lunas polarizadas.

Parte de esa vanguardia de modernidad es también la fuerza militar del “camarada Gabriel”, salida de las canteras de Sendero Luminoso, que renegando de su antiguo “Dios” Abimael Guzmán, a quien llaman ahora ” traidor”, trata de mantenerse al lado de los narcotraficantes, con adolescentes y niños convertidos prácticamente en rehenes.

En Kiteni y en Quillabamba (capital de la provincia de La Convención) hay ahora decenas, si no centenas ya, de familias de las comunidades nativas machiguengas que optaron por huir de lo que vieron y sufrieron en las últimas tres semanas por verse al centro de dos fuegos, en una guerra que ellos y ellas no buscaron. Con el ir y venir de helicópteros y patrullas de soldados y policías el riesgo para sus vidas es muy grande. Lo mismo ocurre con los animales del bosque.

Este simple dato que aparece en algunas noticias periodísticas es demasiado importante aunque a los analistas de la política oficial les interesa poco o nada porque en última instancia se trata de “indios”, como en la vieja lectura colonial que tiene más de quinientos años. Si se tratase de diez familias de periodistas que buscan asilo en un colegio de Kiteni o de Quillabamba, estaríamos frente a un acontecimiento mundial.

Invito a lectoras y lectores a buscar los textos de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (Informe final, Lima, 2003) para informarse sobre el drama de por lo menos medio millón de desplazados de la guerra interna, obligados a huir por estar en medio de los fuegos de Sendero Luminoso, el MRTA y las Fuerzas Armadas y Policiales.

Al leer sobre los nuevos desplazados en Kiteni y Quillabamba, vienen a mi memoria hechos y relatos del terrible drama vivido por quechuas y asháninkas atacados por los dos fuegos en conflicto.

Mostraré solo un ejemplo. ¿Qué ocurría cuando una patrulla del ejército perseguía a los senderistas sin llevar un cocinero ni alimentos? Sus jefes les habrían dicho, “arréglenselas y ahí tienen unos cuantos soles para comprar lo que encuentren”.

En una estancia de los Andes la patrulla pide a la anciana que vive ahí: véndanos ese chanchito por favor. La señora responde: no puedo, el chanchito es del Sr. Pérez, gobernador que vive en Huamanga. Unos minutos después, un soldado mata al animal y la patrulla tiene alimentos para un día.

Poco tiempo después llega una columna de sendero y acaba con la vida de la anciana por haberle dado de comer a sus enemigos. Lo mismo ocurría cuando los soldados liquidaban a quienes les habían dado de comer a los senderistas. Si las patrullas del ejército hubieran llevado sus alimentos y su cocinero, no habrían sido parte de un Ejército de ocupación.

Hay razones serias para suponer que al no haber aprendido las lecciones del pasado, el riesgo de cometer los mismos errores es muy grande. Por eso, los indígenas saben de qué huyen y no les queda otra opción que vivir de la solidaridad de los municipios hasta cuando el regreso a sus tierras sea posible.

Fujimori y las Fuerzas Armadas dijeron que habían derrotado a Sendero Luminoso. No fue cierto. Habría sido muy fácil para ellos acabar con los restos de Sendero, pero por cálculo político para el futuro prefirieron dejarlos en Viscatán para tener el argumento del peligro comunista, la necesidad de armas y dinero para combatirlos y etc., etc.

Hoy, parece que el “camarada Gabriel” goza de buena salud económica y militar y el Ejército vive un momento de vergüenza por la suma de sus incompetencias y errores. Si la guerra recomienza y las patrullas de soldados van sin alimentos ni cocineros, si actúan como extranjeros en zonas que no conocen, si no tienen la preparación debida, el drama del pasado podría repetirse.

Estamos a tiempo para levantar nuestra voz de protesta y expresar nuestra solidaridad a los pueblos indígenas en estas horas duras por el dolor que el Perú y su modernidad les causan.


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.


...
Diario La Primera

Diario La Primera

La Primera Digital

Colaborador 1937 LPD