Nueve años después y aún quedan dudas

Desde hace algunos años se ha venido imponiendo en Estados Unidos un nuevo enfoque en relación a lo acontecido el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York con el derribo de las edificaciones del World Trade Center, suceso que permitió a la administración Bush legitimar el intervencionismo yanqui a una escala mundial, sin restricciones del derecho internacional.

Por Diario La Primera | 11 set 2010 |    
Nueve años después y aún quedan dudas
Imborrable. Sería estrategia de gestión Bush para expandir imperio.
Ahora muchas asociaciones profesionales han presentado evidencias que demuestran la falsedad de la versión oficial. Según las evidencias acumuladas, el ataque atribuido a integrantes de la red Al Qaeda (una creación del gobierno de James Carter para combatir a las tropas soviéticas en Afganistán), liderada por Osama Bin Laden, sólo fue una coartada del gobierno y de las transnacionales relacionadas con el mismo para tener vía libre en sus propósitos de control directo de los recursos energéticos en Oriente Medio; todo lo cual se deduce de videos que dan cuenta de explosiones previas al desplome de las Torres Gemelas, incluso a una altura diferente a aquella en que se estrelló uno de los aviones, específicamente en los pisos inferiores de la Torre Sur.

Autoatentado
Gracias a esto se concluye que el 11-S fue un auto-atentado, parte de una conspiración más amplia, propiciada por elementos vinculados al gobierno de Bush para disponer de una matriz de opinión favorable a la doctrina de guerra preventiva, algo que se enlaza con las mentiras vertidas respecto a la existencia de armas de destrucción masiva en Iraq.

Un dato importante que refuerza tal conclusión es el hecho que la comisión encargada de la investigación de lo ocurrido en Nueva York, bajo la dirección de sus dos copresidentes, Thomas Kean, ex gobernador republicano, y Lee Hamilton, ex miembro demócrata del Congreso, en realidad estaba dirigida por Philip Zelikow, quien era además una pieza de la administración Bush-Cheney, el cual mantenía contacto con Condoleezza Rice y Karl Rove, el Secretario adjunto de la Casa Blanca.

El informe habría sido elaborado por Zelikow, de modo que la destrucción del World Trade Center se entendiera como una operación de Bin Laden y Al Qaeda, un atentado perpetrado por árabes musulmanes a quienes era preciso castigar, por ser diferentes en cultura y religión a los “cristianos sionistas” estadounidenses y, más aún, por ser éstos enemigos declarados del “pueblo elegido de Dios”, Israel.

Excusa imperialista
El 11-S le sirvió de excusa a Bush y a sus aliados comerciales para lograr el consenso de la opinión pública estadounidense respecto a su línea imperialista.

De hecho, ello confirmaba lo que años antes señalaba el neo-conservador Zbigniew Brzezinsk sobre la necesidad de un nuevo Pearl Harbour que le permitiera a Estados Unidos justificar su estrategia de dominación, convirtiéndose así en la única potencia hegemónica del planeta, una vez eclosionada la URSS.

Todo esto ha quedado prácticamente sepultado por la manipulación mediática de las grandes cadenas noticiosas estadounidenses y europeas, afectando incluso el respeto a los derechos civiles de la población de Estados Unidos, en razón de la lucha contra el “terrorismo internacional” decretada por Bush, al promulgarse y ejecutarse la Patriot Act (o Ley Patriota).

Pero las investigaciones recientes tienden a reafirmar las sospechas respecto a la mentira, la operación militar y la conspiración conjunta del gobierno de Bush, el Pentágono y sus agencias de inteligencia.

Homar Garcés (Aporrea)
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