Noticias del periodismo

Con los comentarios de Juan Gargurevich, decano de la Facultad de Artes y Ciencias de la Comunicación de la Universidad Católica, y Paco Moreno, editor de Política de LA PRIMERA, se presentó el domingo el libro “Últimas noticias del periodismo peruano: lecciones y perspectivas” de César Lévano, director de este diario. Aquí se reproducen las palabras de Lévano de esa noche, luego de la intervención de los presentadores.

| 28 julio 2011 12:07 AM | Especial | 2.7k Lecturas
Noticias del periodismo
(1) “Últimas noticias del periodismo peruano” es el segundo libro de César Lévano editado por el Fondo Editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega. (2) Margot Palomino cantó en el acto. En la foto, Lucas Lavado, del Fondo Editorial UIGV, y César Lévano. (3) El público llenó la Sala José María Arguedas el día de la presentación.

Más datos

“… recordé que cuando viví en Moscú, en una etapa de mi vida, yo leía los diarios rusos, y una vez en Pravda se publicó un poema de Boris Pasternak que comenzaba diciendo: ‘El poeta es un rehén de la eternidad’. Y yo recordé eso: ‘El poeta es un rehén de la eternidad’, y dije: ‘El periodista es un rehén de la actualidad, pero está perdido si no escapa de la estrecha cárcel de la actualidad’. Porque ese debe ser el afán: escribir para hoy y para que dure”.

EL LIBRO

En el capítulo “Mariátegui: una teoría del periodismo”, Lévano recalca la lección del Amauta al poner “la prensa al servicio de las mayorías y a convertirla en medio de expresión de éstas”; también su visión de “la posibilidad de un periodismo que se apropie de los métodos de la literatura”.
2727

“Tanto Paco Moreno, que fue mi alumno en San Marcos, como Juan Garguverich han dicho varias cosas interesantes sobre mí, lo cual agradezco. Gargurevich también ha escrito algunas veces sobre mí. Una vez contó que cuando estuve muy enfermo, con dolores y horribles sensaciones, caí preso. Estaba mal. Jóvenes médicos, camaradas, habían acordado operarme ellos mismos porque yo no tenía plata; entonces, alquilaron una sala en una clínica particular en la avenida Alfonso Ugarte para hacerlo. Esta propuesta (la operación) me la hicieron un viernes en el día; pero en la madrugada del sábado me apresó la policía y no pudo hacerse.

Manuel Acosta Ojeda dice que cada vez que caigo preso, la policía me dice ‘Hola, caserito’. He estado recluido en El Frontón, el Sexto, el Panóptico, y en otras cárceles (por represalia política). Juan Gargurevich ha contado que esa ocasión fue dramática para mí. Aquella vez había caído apresada toda la izquierda: Ricardo Letts, Hugo Blanco, Carlos Malpica… Pero yo tenía urgencias (médicas) terribles. Entonces, los compañeros hicieron una especie de memorial para exigir que me lleven a un hospital; si no se cumplía en 24 horas, ellos amenazaban con hacer una huelga de hambre y sed. Luego, cuando —gracias a esa gestión— me llevaban en ambulancia al Hospital de Policía, un policía me dijo: ‘Se ha salvado usted porque esta noche a todos sus compañeros se los llevan a la Argentina’.

En verdad, creo que los llevaron para matarlos. Si yo iba a la Argentina en ese grupo, los gorilas de Videla no iban a decir: ‘Pobrecito, hay que llevarlo al hospital’.

Llegaron a Salta (Argentina), donde nunca había llegado un avión peruano. Y la historia de ese viaje se conoció porque un periodista argentino vio el avión con el escudo de la Fuerza Aérea Peruana y fue a las autoridades del aeropuerto a preguntar quién había llegado. Ahí supo que eran presos políticos. Él publicó esa noticia y si no hubiera sido por ese hecho, con toda seguridad los hubieran asesinado, como se hacía en los tiempos de Videla.

En el aspecto biográfico, una cosa que ha dicho Juan, si no recuerdo mal, es que yo no he padecido de depresión. Una vez, Max Hernández me dijo: ‘Oye, César, ¿nunca has sufrido de depresión?’. Yo le respondí que nunca he tenido tiempo para deprimirme. Es la verdad. Me han salvado de ese mal preocupándome de cosas interesantes y bellas toda mi vida.

Por otro lado, creo que Paco planteó la figura del ‘Negro’ Castillo. Francisco Castillo era un periodista que rehuyó la fama; le importaba un bledo ser importante o famoso, pero tenía un talento y una cultura muy grandes. Yo era un muchacho pobre y huérfano de padre y madre. Pasábamos con él los domingos en su casa y almorzábamos en un chifa de barrio. Castillo me hacía leer textos que él mismo coleccionaba. No había nadie en Lima, en el Perú, en esa época, que tuviera coleccionados y encuadernados todos los artículos de Mariátegui y Vallejo. Hasta ese momento, de Jose Carlos Mariátegui se había publicado solo dos libros: ‘Los siete ensayos…’ y ‘La escena contemporánea’; pero Pancho Castillo tenía encuadernados todos los textos de Mariátegui y Vallejo publicados en revistas, como Mundial y Variedades. Y tenía también la poesía de Carlos Oquendo de Amat. Me impresionó un texto, entre los encuadernados de Vallejo, sobre el músico Erik Satie. Uno de mis hijos, que vive en Alemania, me ha dicho: ‘Papá, ¿cuándo reproduces eso?’. Él lo ha descubierto por su cuenta. Es un texto bellísimo sobre este músico que revolucionó la música y murió también en la pobreza. Vallejo escribe que, cuando murió Satie, ‘en su buhardilla solo encontraron unas solfas mugrientas y gloriosas’.

Pancho Castillo me aconsejaba sobre cómo escribir, cómo había que corregir las asperezas de un estilo juvenil, como el mío, acercándome a esos modelos impecables que él había recopilado. De tal manera que tuve una escuelita personal y privada con Pancho Castillo. Ha recordado Paco que Castillo fue el único que entrevistó a Felipe Pinglo; no hay otra entrevista porque Pinglo, en vida, era un ilustre desconocido. Incluso entre los músicos populares. No lo invitaban a las jaranas, porque Pinglo tenía una voz chiquita, tocaba la guitarra con la mano izquierda y sus canciones no eran bailables. Y fue la entrevista de Pinglo la que reveló a este artista. Pero Pancho me contó que Federico More, director de ‘Cascabel’, negaba su aprobación a esta entrevista. Tanto insistió Castillo que lo consiguió. Pero el valor de esa entrevista no está solo en ser la única, sino, también, en ser brillante. Tiene unas cosas curiosas. Le pregunta Pancho Castillo a Pinglo si ve un valor entre los músicos jóvenes populares de la Lima de entonces, el año 1936. ‘Bueno’, dijo Pinglo, ‘hay un chico ahí, que es un chico muy importante’, ‘que va a dar que hablar: Pablo Casas Padilla’ (autor de ‘Anita’, entre otros temas).

Era periodista deportivo Pancho Castillo y conocía de boxeo, fútbol, pero lo que no conocía era la sed de dinero y la sed de celebridad. Eso lo rechazaba como cosa desdeñable. Entonces, yo, junto con las lecciones de literatura que él me enseñó, aprendí una lección fundamental: la limpieza moral, el no estar buscando la trepadera ni política ni económica. En ese sentido sí fue doblemente maestro. Tengo otros maestros, como mi abuelo, mi padre, luchadores sociales que murieron en la más extrema pobreza, que jamás tuvieron otro salario que el de su trabajo.

Ha mencionado con notable acierto Juan Gargurevich una frase que yo he escrito: ‘El periodista es un rehén de la actualidad’. Eso tiene un origen. Sin duda recuerdan que había una chica a la que metieron presa acusándola de emerretista porque fue a un congreso bolivariano en Ecuador. Yo defendí la inocencia de esa chica porque ella no sabía nada de política. Su jefe, en una radio, había sido invitado a ese congreso, pero no podía ir y le sugirió que fuera ella. No era política ni nada. Hubo periodistas, de triste fama por cierto, como Cecilia Valenzuela, que dijo que ella era emerretista comprobada. ¡Mentira! No había ni una prueba. Entonces, sus compañeros de la Facultad de Administración de San Marcos hicieron un homenaje a la joven, en la Casona sanmarquina. Yo estaba de casualidad ahí. ‘Don César’, me dijeron, ‘queremos que usted hable en este homenaje’. Fui por solidaridad al estrado y ahí recordé que cuando viví en Moscú, en una etapa de mi vida, yo leía los diarios rusos. Una vez, en el diario Pravda, se publicó un poema de Boris Pasternak que comenzaba diciendo: ‘El poeta es un rehén de la eternidad’. Y yo recordé eso: ‘El poeta es un rehén de la eternidad’, y dije: ‘El periodista es un rehén de la actualidad, pero está perdido si no escapa de la estrecha cárcel de la actualidad’. Porque ese debe ser el afán: escribir para hoy y para que dure. Como en todo, hay un afán de actualidad, pero no podemos olvidar que lo que escribimos debe aspirar a durar, para ser leído más tarde; que no solo sirvan nuestros textos para envolver pescado. Aunque ahora ya no lo hacen, porque utilizan otras cosas más baratas y prácticas que un periódico.

Ha recordado Juan la vez que caímos en una redada a periodistas de izquierda. Nos juntaron a todos en la PIP de Chorrillos, pero Juan ha omitido que a mí me tenían separado. Yo no sé por qué me separan. Ni que fuera tan peligroso. Y, en broma, Juan les dijo en aquella ocasión a los policías, en Chorrillos, ‘¡Ese es comunista!, ¡ese es comunista!’, y los policías se mataron de risa. Y siempre me aíslan. No sé por qué creen que puedo contagiar alguna enfermedad, una enfermedad mental, digamos, en el buen sentido de palabra.

Una vez, un joven alumno me preguntó: ‘Profesor, ¿cuántos artículos habrá escrito usted?’. Yo le respondí, improvisando: ‘Por lo menos, una camionada’. De esto hace 15 o 20 años. Y ahora supongo que podría decirle no una camionada, sino un embarque, un flete de barco. ‘¿Y cómo hace usted para hacer tantas cosas?’, me preguntaron otra vez. Esa misma pregunta me la hago yo; no sé cómo hago, pero lo hago.

En fin. Quiero terminar diciendo algo sobre esta pulcra edición. No sé si ustedes habrán visto el texto o la presentación del libro, que es una idea del profesor Lucas Lavado, tengo entendido. Es una composición muy interesante. Y en la carátula y contracarátula aparece un texto mío escrito a máquina con las abundantes correcciones que hago. Eso es interesante porque yo soy incorregible corrigiendo. Si tuviera tiempo, no publicaría nada, porque estaría todo el día corrigiendo, y esa es también una lección que aprendí desde muy temprano. Pancho Castillo era eso, ¿no? Y ustedes saben que García Márquez, maestro de maestros en periodismo y literatura, no soporta una palabra errónea o una sílaba mal escrita porque anula toda la página. ¡Y es García Márquez!

Yo he conocido otros casos. También un caso especial de gente que escribe a toda velocidad y lo hace sin fallas. Yo ya tengo una especie de tabla de valores. Cuando veo ingresar a un periodista joven, sé que el que va a ser malo no corrige o corrige a la diabla, con una letra que no se entiende; en cambio, los que van a ser buenos corrigen con verdadero sentido de la responsabilidad. Alguna vez, entrevisté a Corpus Barga, un personaje histórico, y vi a este señor de noventa años o más que estaba trabajando, y me sorprendió lo inmaculado que era su texto y cómo sus correcciones las hacía con tal minuciosidad, y le dije: ‘Oiga, maestro, su texto parece el de una secretaria de una empresa petrolera británica, por lo impecable’. Y me dio una lección adicional: ‘Vea usted’, me dijo, ‘a mí me preocupa no darle trabajo excesivo o inútil al linotipista, porque le haces trabajar más. Segundo, no tengo por qué crearle problemas al lector. Respeto al obrero, respeto al lector y me respeto a mí mismo’.

Yo me respeto, respeto al lector, y trabajo lo mejor que puedo porque, aparte de ser una cuestión de ética, quiero, como Corpus Barga, ganar respeto”.

¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.


En este artículo: | |


...
Diario La Primera

Diario La Primera

La Primera Digital

Colaborador 1937 LPD