¡No!, señor Presidente

El problema del Presidente Humala es que no tiene, a la fecha, ningún proyecto político más que el “pragmatismo”, que no es otra cosa que administrar el día a día...

| 10 junio 2012 12:06 AM | Especial | 2.8k Lecturas
¡No!, señor Presidente 2813

Ollanta Humala tiene la peregrina idea de que ha sido elegido para dirigir un cuartel. En un cuartel el jefe manda y el subordinado obedece, no hay términos medios. El que no obedece va preso por motín. Y está bien que así sea porque en las Fuerzas Armadas no hay lugar para la democracia. El jefe militar no tiene que convencer a nadie, menos aún a sus subordinados, sobre las órdenes que le parecen pertinentes una vez tomadas. Por lo tanto los subordinados no tienen nada que decir más que: “Sí, mi comandante”. Y el comandante: “sí, mi coronel”; y el coronel: “sí, mi general” hasta donde termina la cadena de mando. Así, las órdenes se cumplen sin dudas ni murmuraciones.

Pero resulta que el comandante (r) Ollanta Humala no ha sido elegido para dirigir un cuartel, sino para liderar políticamente un país. Esto significa, por si lo ha olvidado, que él no tiene ningún derecho a pedirle al país que se “cuadre” ante lo que él estima conveniente. Y no lo tiene porque, en primer lugar, el país no es un cuartel y, por lo tanto, él no tiene 30 millones de subordinados, sino 30 millones de ciudadanos bajo su liderazgo. Tiene que entender entonces que el “No” es una realidad que, siendo presidente y no militar, va a ocurrir, tiene que asimilar y enfrentar políticamente.

Pero al Presidente, al parecer, no le gusta que le digan “no”. No le gusta discutir sino “actuar”. Sólo así se explica que los Consejos de ministros se convoquen para las calendas griegas, o sea mañana, tarde y nunca. O sean una parodia donde, en vez de discutir políticamente el rumbo del Estado, que para eso sirve “el Consejo de los ministros”, se convierta en un acto meramente administrativo de donde no sale nada importante.

Pero, ¿qué cosa importante puede salir políticamente de un grupo de tecnócratas o diletantes de ONG –salvo alguna excepción-- a los que se ha elevado al pedestal donde deberían estar quienes dominen el arte del gobierno? Claro, el Presidente corre entonces el riesgo de que los que dominen el arte del gobierno le digan “no”. Y eso es algo que, por lo visto, va contra lo más íntimo de su formación castrense.

Lo mismo ocurre con su bancada, es decir, con su soporte político en el Congreso. Nunca se reúne con ellos, porque con mayor razón allí va a encontrar oposición en la medida en que éstos fueron elegidos con un programa que el Presidente después abandonó (afortunadamente). Pero en vez de liderarlos hacia otros horizontes, lo que requiere ciertamente pericia política y claridad de ideas, el Presidente los ignora. ¿Por qué? Porque es lo más fácil, pues. Porque el Presidente no entiende todavía lo que es hacer política o, peor aún, porque es incapaz de hacerla.

Liderar políticamente un país es convencerlo, persuadirlo, “enamorarlo” de un proyecto político porque, señor Presidente, así funciona la política. Hasta los dictadores militares tienen que hacerlo cuando se invisten con las insignias del mando supremo. El problema del Presidente Humala es que no tiene, a la fecha, ningún proyecto político más que el “pragmatismo”, que no es otra cosa que administrar el día a día y que es el eufemismo de los “hombres de traje gris” para edulcorar lo terrible que es la palabra mediocridad.

Decir que una “gran transformación” política es “dotar de agua potable y alcantarillado al pueblo” puedo esperarlo de un político medio como Castañeda Lossio, cuya “gran transformación” de cemento tuvo 10% de los votos en las últimas elecciones presidenciales de primera vuelta donde usted, señor Presidente, ¡obtuvo el 30! Ésa es la diferencia. Si para usted ésa es la “gran transformación”, pues mejor hubiera postulado para superintendente de baja policía, ¿no cree?

Que los servicios públicos de calidad y los programas para igualar las oportunidades de nuestros compatriotas menos favorecidos son elementos importantes de un proyecto político, qué duda cabe. Pero, reducir un proyecto político a eso es lo que haría un alcalde y usted, señor Presidente, no ha sido elegido para ser el alcalde del Perú como tampoco el jefe de un cuartel de ese mismo nombre.

¿Se imagina usted, señor Presidente, que el general De Gaulle, al que usted parecía admirar cuando nos conocimos hace algunas lunas, hubiera tenido por proyecto político para su V República poner cañerías y tubos de desagüe para hacer más felices a los franceses? ¿Ya entiende usted de lo que le estoy hablando, señor Presidente? ¿Si la “grandeur” hubiese consistido en “Pensión 65”, “beca18” y “Cuna Más”?

Usted abandonó un proyecto político que iba a conducir al Perú al fracaso. En buena hora. No es eso lo que le reprocho. No es eso por lo que le digo “no”. Le digo “no” porque usted está llevando el país al fracaso al no tener ningún norte político o, lo que es peor, ante los remilgos de no querer asumir y liderar otro. En política los vacíos los llenan los que hacen política, sobre todo los radicales, ya lo estamos viendo con medio país convulsionado y con la otra mitad desconcertada.

Hoy, señor Presidente, ¿cuál es su base social? No me diga usted que los medios de comunicación, o los ricachones o Gastón Acurio, Mario Testino y Juan Diego Flores, porque entonces sí que estamos perdidos. ¿La mayoría silenciosa, acaso? La mayoría silenciosa se convierte en base social cuando alguien asume su liderazgo, como Nixon en el 68. Si no, es la malagua que por naturaleza es. ¿La Fuerza Armada, quizás? ¿No sabe usted lo que le ocurrió al Sha de Irán cuando le pidió a la FF. AA. que saliera a disparar? ¿En nombre de cuántos cortesanos?, le dijeron, y entonces se declararon “neutrales”.

Tome nota, señor Presidente: Ya es hora, Ollanta Humala, de que se ponga usted los pantalones, no para meter bala a diestra y siniestra sino para liderar el país que le fue encomendado presidir por 5 años. Déjese usted de tonterías, de mensajitos de twitter y facebook que así sólo “gobiernan” los inútiles y fracasados. Haga política, que eso es lo que hace un Presidente. Entonces seré el primero en decirle bravo, que es casi como el “sí” que tanto a usted le gusta.



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